32. Zavier
Zavier
Mi cordura pende de un hilo. Mi control es una llama parpadeante que puede extinguirse en cualquier momento y hundirme en la oscuridad. Jamás le haría daño a Celine, pero tengo miedo de lo que mis instintos podrían obligarme a hacer al tener a mi pareja debajo de mí suplicándome que la muerda.
—Espera. —Por mucho que me duela detenerme y mi polla esté gritándome, tengo que contarle la verdad antes de dar el paso.
No se lo he dicho aún porque no quería abrumarla.
Que haya descubierto que soy un vampiro es más que suficiente para que cualquier humano salga corriendo y gritando, así que quería ser muy cauteloso a la hora de abordar el tema.
—¿Qué? —La mirada confusa de Celine es muy mona.
Lleva escrita la lujuria en sus facciones, y no puedo evitar apartarle un mechón de pelo rebelde de la cara.
—No he sido del todo honesto contigo —empiezo diciendo.
—¿No eres un vampiro? ¿Ahora te vas a convertir en hámster? —me pregunta con ironía.
La inclino sobre mi rodilla y le doy un azote en el culo más rápido de lo que podría llegar a imaginarse. Celine suelta un gritito, pero, cuando huelo su excitación, me doy cuenta de que acabo de echar más leña al fuego.
Me alegra saberlo.
—No, sabelotodo. Soy un vampiro muy sexy y humilde. —Le acaricio la zona del culo que le acabo de azotar—. Se trata de otra cosa —digo despacio.
No seas cobarde, Zavier. Díselo.
La ayudo a incorporarse para que me mire a los ojos. Tengo que saber de primera mano qué opina al respecto.
Suelto un suspiro y me subo las gafas, ya que se me han resbalado por el puente de la nariz.
Suéltalo, me ordeno. Dilo sin más.
Las palabras me salen en un torrente confuso.
—Eres mi pareja. Ambos somos pareja destinada.
Silencio.
—¿Qué acabas de decir? —me pregunta frunciendo el ceño, confundida—. Lo has dicho tan rápido que no he pillado ni una palabra.
Agacho la cabeza.
—Pareja destinada… Los vampiros tienen parejas destinadas, y tú eres la mía.
—¿Pareja destinada? —repite.
Esta vez se sienta a mi lado en el sofá y empiezo a echar de menos su calidez.
La miro a los ojos e intento descifrar lo que siente, pero me cuesta mucho leer a mi chica.
Estoy seguro de que su entrenamiento como detective le ha enseñado a poner una cara de póker increíble, aunque ahora me encantaría saber lo que siente.
—Pareja destinada —confirmo.
—Eh… —Sigue mirándome a los ojos; nunca me había sentido tan vulnerable como en este preciso instante, bajo su intensa mirada. Empiezo a retorcerme, aterrado por su reacción. ¿Y si no quiere ser mi pareja destinada?—. Vale. ¿Qué significa eso?
—Pues… —Intento buscar una explicación sencilla, al igual que el tono con el que me lo ha preguntado—.
Cada vampiro tiene una pareja destinada en alguna parte, pero no todos la encuentran.
El mundo es muy grande, y a los vampiros les suele costar echar raíces.
Es algo muy poco común, y es aún más raro que un vampiro tenga una pareja humana.
—Me rasco la nuca, nervioso—. Nuestras almas se atraen. Es el amor más puro que existe.
Una expresión desgarradora cruza el rostro de Celine, y me entran ganas de abrazarla y derrumbarme al mismo tiempo.
¿Va a rechazarme? Sería devastador que aceptase que soy un vampiro, pero no quisiera ser mi pareja destinada.
—Así que… ¿estamos destinados a estar juntos? —Se hunde en el respaldo del sofá y mira al vacío—. ¿Estamos obligados a gustarnos? ¿Algo de lo que hemos vivido ha sido real? —Se le empiezan a humedecer los ojos y… joder, lo odio.
—¿Qué? ¡No! —Se me mueve el pelo cuando niego con la cabeza.
Ya entiendo lo que está pensando. Celine cree que el vínculo de pareja es la única razón por la que quiero estar con ella.
Que siento una especie de atracción cósmica y que por eso insisto en nuestra relación.
A pesar de su quejido inicial de protesta, la agarro y la coloco de nuevo en mi regazo.
Me recuesto para quedar bocarriba y ella encima de mí, le rodeo la cara con las manos y le sostengo la mirada.
Las lágrimas que aún no ha soltado me rompen el corazón, así que le beso el ceño fruncido.
—Escúchame bien, Celine Brennan. Puede que seamos pareja destinada, pero ningún magnetismo dictamina quién soy o qué debo hacer.
Sí, quizá este vínculo nos empuje a estar juntos de una forma que no sucede con el resto del mundo, pero seguimos teniendo libre albedrío.
No estaría aquí si no me sintiera atraído por ti tanto física como mentalmente.
Eres la criatura más increíble, inteligente y amable con la que me he cruzado nunca, y lo único que quiero es besar el suelo que pisas.
—Sus mejillas se encienden con un rosa muy adorable, así que continúo hablando—: Preciosa, eres mi todo.
Si tenemos en cuenta la edad que tengo yo, no hace mucho que nos conocemos, pero todo mi pasado palidece si lo comparo con lo que siento cuando estoy contigo.
El vínculo de pareja no nos obliga a hacer nada, ¿de acuerdo?
—reitero, y ella asiente—. Quiero que se te meta en esa cabecita tan increíble que estoy aquí porque quiero.
No puedes deshacerte de mí. —Intento romper el momento serio porque no se me dan muy bien los sermones mientras procedo a besarle cada centímetro del rostro hasta que se ríe—.
Por cierto, funciona en ambos sentidos, para que lo sepas.
Quizá te sientas más atraída hacia mí de lo normal por culpa del vínculo…
, y de lo guapísimo que soy. —No puedo evitar sonreír con sorna—.
Pero eso no te obliga a elegirme como pareja sí o sí.
Descansa la cabeza en mi pecho cuando termino de hablar, y le paso la palma de la mano por la espalda. Su piel suave es como si tocara el cielo.
—He entrado en pánico durante un segundo al creer que todo esto escapaba a nuestro control.
Por primera vez desde hace mucho tiempo tengo algo que me hace feliz.
Alguien que quiere cuidar de mí en vez de ser al revés, y pensar que podía haber surgido por un vínculo forzado me ha dolido mucho. —Me aprieta el pecho con sus manitas.
Las cojo y dejo un beso en cada uno de sus dedos delicados.
—No tienes de qué preocuparte. Este vampiro quiere meterse en tus bragas porque le apetece de verdad.
—Froto la nariz contra la suya—. Y, para que conste, voy a morderte.
Algún día. Te lo prometo. He oído que la sangre de la pareja destinada es afrodisiaca.
—Le lamo el cuello y vuelve a reírse—. Imagina tener mis dientes y mi polla dentro de ti a la vez.
—Gime al oír la promesa que esconden mis palabras—. La espera merecerá la pena.
Se le hincha el pecho ante el espectáculo que le estoy ofreciendo.
—Quería que supieras toda la verdad antes de morderte por primera vez.
Además, si te muerdo, nuestro vínculo de pareja se solidificará, y no quiero forzarte a nada hasta que no estén todas las cartas vampíricas sobre la mesa.
¿Ves? Soy un caballero. —Le acaricio los brazos y me dejo llevar por la sensación de tener su cuerpo encima del mío—. Quiero que estés segura de tu decisión.
Segura de mí, aunque no se lo digo.
En este preciso instante, el horno empieza a pitar, lo que indica que la cena ya está lista, y suspiro.
Nuestro momento cargado de tensión sexual se desvanece, por mucho que me encantaría continuar en él.
Con torpeza, rebusco las camisetas por el suelo y la ayudo a ponerse la suya.
Su pelo es un caos hermoso y frenético cuando la cabeza asoma por el cuello de la camiseta.
—Ve a por la cena antes de que se queme. —Señala hacia la cocina.
Le aliso los mechones enredados y le planto un último beso en la frente antes de ir a hacer justo lo que me ha pedido.
Siempre haré lo que esta mujer me diga que haga. Es el único ser en este mundo que puede obligarme a hacer algo.
—¡Tengo un regalo para ti! —De pronto, recuerdo lo que le he quitado a mi contacto mientras ella estaba trabajando.
—¿Para mí? —Celine se levanta del sofá y se me acerca.
El balanceo natural y sensual de sus caderas me distrae, y me quedo observándola embobado antes de volver en mí y obligar a mis colmillos a que se escondan una vez más. Su sonrisa me indica que acaba de pillarme.
Bien. Quiero que sepa cada día lo mucho que me afecta.
Me estiro y abro uno de los armarios para sacar la bolsita de regalo que he guardado antes para ella.
—Cierra los ojos —le digo, y le doy un beso en cada párpado cuando me hace caso. Dejo la bolsa en sus palmas y doy un paso atrás—. Ya puedes abrirlos.
Celine entreabre un ojo con cautela, como si acabara de ponerle una bomba en las manos. Aparta el papel de seda. Saca un estuche de cuero liso, lo abre y saca su regalo.
—¿Una navaja?
La gira en las manos y observa el metal plateado diseñado a la perfección.
—Vaya, está muy afilada. —Celine se queda maravillada al verla.
Resigue el filo con un dedo, y me debato entre querer apartárselo de ahí, para que no se haga daño, o esperar a que se corte un poco, para oler su deliciosa sangre.
—¿Por qué me regalas una navaja? —me pregunta.
La atraigo hacia mí por las trabillas del pantalón, y aparta el cuchillo antes de apoyar las manos de nuevo en mis pectorales. Juguetea con la cadena de plata que llevo alrededor del cuello, y apoyo la frente en la suya.
—Con todo lo que está pasando, quiero que estés lo más preparada posible. Sé que eres capaz de cuidar de ti, pero no podría perdonarme si algún día terminaras herida. —Los sutiles reflejos color caramelo de su cabello brillan con la luz del sol que aún se cuela por la ventana—. Eso me destrozaría.
—Tendré cuidado. Gracias por el regalo. —Celine me planta un besito en la mejilla—. Es una navaja muy bonita.
—La empuñadura está tallada a mano —le explico—. Escogí unas mariposas porque, como ellas, eres hermosa y letal al mismo tiempo, y pensé que tu navaja debía estar a la altura.
Suelta una risita suave.
—Gracias otra vez.
Nos quedamos así un rato mientras disfruto del contacto y respiro su aroma.
Puede que ella no se dé cuenta aún, pero sé que jamás me cansaré de ella. Es lo único y lo más importante de mi vida inmortal.