Enamorarse de un vampiro es un caos 31. Celine
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31. Celine

Celine

Ava volvió no mucho después de que Zavier desapareciera, igual que el camarero al que estaba sustituyendo.

Parecía mucho más triste y tenía los ojos enrojecidos, pero me sonrió y no le dio mucha importancia cuando le pregunté si iba todo bien.

Parece que Spencer y ella al fin están hablando en serio sobre sus sentimientos e intentando llegar a una solución.

Se quieren mucho, pero parece que él se muere por ese ascenso en California y Ava no.

A pesar de que me parece un buen tío, pienso apoyar a mi mejor amiga, sea cual sea la decisión que tome.

Me dirijo al despacho de la detective Waters, la que lleva el caso de la chica que desapareció después de que la vieran entrando en Vex, levanto el brazo y llamo con los nudillos en el marco de la puerta.

Ella me mira y esboza una sonrisa suave.

El cabello rubio y liso le cae alrededor de su rostro en forma de corazón. A pesar de que lleva muy poco tiempo en el equipo, la detective Stephanie Waters ha demostrado ser muy amable y bondadosa. Sin embargo, hoy parece que algo no anda del todo bien.

—Hola, Brennan. —Me hace pasar con un gesto, y me siento en la silla libre que hay delante de su escritorio.

—¿Se ha confirmado la desaparición? —Alargo la mano hacia la carpeta que me tiende—. Gracias por mantenerme informada sobre el caso.

—Sin problema. —El aroma de su colonia de vainilla impregna el ambiente—. Sí, por desgracia, la hemos encontrado. —Suspira, y ya sé lo que significa eso—. Aunque sin vida.

Voy pasando las fotos de la escena del crimen, asimilándolo todo.

El cuerpo está intacto, a diferencia de los que suele dejarme mi asesino en serie.

Sin embargo, tiene cortes y moratones por todas partes: piernas, brazos, pecho y cuello.

No han dejado libre ni una zona. Me encojo al imaginarme qué clase de cosas debieron de hacerle a esta chica.

—Pobrecita. ¿Qué le han hecho? —Entorno los ojos y me doy cuenta de que tiene césped por todo el cuerpo—. ¿Dónde la encontrasteis? ¿Estaba cerca de Vex?

La detective Waters se inclina hacia atrás en su silla y gira de un lado a otro.

—Es muy extraño, porque hemos dado con ella gracias a una llamada anónima que hemos recibido esta mañana muy temprano.

La hemos encontrado en el parque Milenio.

Menos mal que hemos llegado antes de que se llenase de gente, porque, si no, hubiera cundido el pánico.

—Niega con la cabeza incrédula, y estoy segura de que mi rostro refleja una expresión similar—.

Nada la vincula con Vex, como nos aseguró su amiga.

Hablamos con todos los negocios cercanos a la discoteca después de que lo hicieras tú, e incluso interrogamos a algunos empleados de Vex.

Nadie se dio cuenta de nada, excepto un portero, que nos dijo que la vio con su amiga en la entrada, aunque esa información no nos es del todo útil.

—¿Encontrasteis algo en las cámaras que haga pensar en un secuestro? —pregunto mientras alzo la mirada hacia ella.

—Nada. No tiene sentido. —Recupera el informe y nos quedamos en silencio—. Todavía siguen haciendo algunos análisis en el laboratorio, pero de momento no tenemos nada más. Ojalá nos den alguna pista, porque el capitán insiste en que cerremos el caso ahora que ya hemos encontrado el cuerpo.

Hay algo raro. Me molesta mucho cuando los malos se salen con la suya y me niego a que eso ocurra esta vez. A pesar de que tengo otro caso abierto, sé que me tocará volver a ponerme a investigar por mi cuenta.

—¿Se lo has contado a Genevieve? —le pregunto, aunque temo la respuesta.

—Todavía no, y lo cierto es que no me apetece mucho hacerlo.

Esa tarde, la detective Waters ha perdido el brillo en los ojos.

Me desplomo en el sofá con un gemido patético. Medianoche suelta un maullido indignado mientras salta del lugar en el que estaba sentado. Ni siquiera le he tocado, pero que Dios me perdone por haberme sentado a menos de metro y medio de él.

—¿Has tenido un mal día? —me pregunta Zavier desde la cocina, donde está preparando la cena—. ¿Qué ha ocurrido desde que te he visto a la hora de comer?

Mi respuesta es un gruñido ahogado, y oigo sus pasos suaves que se acercan. Hundo la cara en el cojín y me arrebujo la manta que tengo debajo contra el pecho. Una mano fuerte me acaricia la cabeza con suavidad y noto un peso a mi lado.

—Vamos, cariño. —Intenta sacarme de mi lamentable estado dándome un abrazo de lado. Con la mano, dirige mi cabeza para que descanse en su hombro—. Dile a papi Zav qué te ha pasado.

Me aparto más rápido que la velocidad de la luz y lo fulmino con la mirada.

—No vuelvas a decirme esas palabras jamás.

—¿Cariño? —Finge no entenderme—. Está bien. Me encanta ese apodo, pero supongo que tendré que buscar otro. ¿Qué te parece «pequeña»?

—Zavier Lockwood —le reprendo, y él se endereza al oír el tono que uso y cómo pronuncio su nombre completo—. Sabes a qué me refiero. No te hagas el tonto.

Me ofrece una sonrisa burlona como respuesta y me coloca a horcajadas sobre su regazo.

Puedo sentir todos sus músculos al acomodarme.

Mi nariz reposa en el hueco de su cuello, donde su aroma es más intenso, e inhalo profundamente, relajándome en el proceso.

No sé qué dice de mí que siempre baje la guardia con este hombre.

Vampiro o no, me siento segura cuando estoy con él, sería una tontería seguir negándolo.

Sus brazos se enrollan alrededor de mi espalda y suelta un suspiro de felicidad.

—¿Qué pasa? —Intenta convencerme de que se lo cuente, y por fin cedo.

—Frustraciones típicas de polis. El caso que estaba investigando la otra detective… Han encontrado un cuerpo.

—Lo siento mucho, nena.

Zav me sostiene mientras surfeo la oleada de emociones que siempre vienen relacionadas con la muerte. Estoy más que acostumbrada a lidiar con ella en esta profesión, pero eso no hace que la carga sea más llevadera. ¿Conocía a esa chica? No. Pero eso no significa que su vida no fuera importante.

—Entre que no he encontrado ninguna pista sobre el caso del asesino en serie y ahora esto… Parece que estoy dando vueltas en círculos. ¿Qué clase de detective se supone que soy si no consigo resolver ningún caso? —musito.

Zavier no dice nada, solo me abraza. Nos quedamos en silencio, a excepción de nuestras respiraciones, el tictac del reloj y algún que otro ruidito que proviene del horno donde se está cocinando la cena.

Me doy cuenta de que mis pechos aprietan el suyo.

Tengo los pezones erectos y duros bajo la camiseta.

Zavier me pasa la nariz por el cuello y noto que tiene los labios muy cerca de la arteria.

Sé que debería tener miedo. Un depredador me tiene sentada en el regazo, y no tendría muchas oportunidades de alejarme si intentara hacerme algo, pero enseguida me doy cuenta de que no quiero hacerlo.

Aún no hemos hablado de cómo puede llegar a afectar a nuestra relación que sea un vampiro, pero sé que tendremos que hacerlo pronto. Por el momento, para mí sigue siendo el Zav de siempre.

Mis manos parecen moverse solas y terminan entrelazándose en su ondulado cabello carmesí. Se le entrecorta la respiración cuando empiezo a masajearle el cuero cabelludo y le dejo un beso suave en el cuello. Saber que le afecto tanto como él a mí me hace sentir poderosa.

La fuerza masculina con la que me sostiene es muy sexy. Quiero sentirme bien y cuidada después del día de mierda que he tenido. No estoy acostumbrada a llegar a casa y que alguien me abrace.

Me echo hacia atrás y clavo la mirada en sus ojos, escondidos tras las gafas. Puedo ver cómo aparece el calor detrás de esos iris infinitos, y nuestras narices se rozan en un beso de mariposa.

Simplemente nos quedamos sentados, respirando muy cerca el uno del otro, antes de hacer cualquier movimiento.

Sus manos se deslizan por mis costados y se cuelan por debajo de la camiseta, cerca de las caderas.

Piel con piel, me va pasando los dedos por toda la espalda hasta que consigue llegar al cierre de mi sujetador.

Me pasa los labios por cada centímetro del rostro.

La mejilla. La frente. La barbilla. La nariz.

—Bésame ya —gruño, perdiendo la paciencia.

—Qué mandona —musita Zav contra mi mejilla.

Me vuelve loca cuando me besa el contorno de los labios, muy cerca de donde quiero que esté, pero, justo cuando va a hacerlo, se detiene.

Harta de este jueguecito, decido tomar cartas en el asunto, así que le sostengo la cabeza antes de juntar nuestros labios.

Los dientes chocan y las lenguas se entrelazan en un ardiente infierno de tensión sexual.

No nos hemos vuelto a besar desde nuestra cita, y me siento como si hubiera vuelto a casa, por extraño que parezca.

—Cuidado con los colmillos —susurra con un ligero ceceo debido al tamaño de sus incisivos.

Sonrío contra sus labios y respondo:

—No me da miedo hacerme un poquito de sangre.

Vuelvo a inclinarme hacia él, suelto un gemido y noto cómo le retumba el pecho de pura satisfacción.

Mi camiseta pronto acaba en el suelo, y yo le quito la suya con urgencia, ya que quiero sentir su piel contra la mía. Noto su polla dura bajo mi culo, y lo único que quiero ahora mismo es liberarla de sus vaqueros. Desliza los dedos por mi cuerpo y bajo la cinturilla de los pantalones.

—Zav… —suspiro cuando me pasa un dedo largo por la costura de mis bragas.

—¿Qué quiere mi chica? —Otra caricia tentadora—. Dime. Soy tuyo.

Respira hondo contra mi cuello, y me llena un deseo muy fuerte que no sabía que podía llegar a sentir.

—Muérdeme —susurro.

Zav se queda inmóvil, y gimo mientras me aprieto contra él; necesito más fricción.

—No tienes ni idea de lo que me estás pidiendo. —Su voz es áspera, y me doy cuenta de que poco a poco va perdiendo el control. Es justo lo que quiero que ocurra.

—Eso no me convertirá en vampira, ¿no? —pregunto.

—No, pero… —Se interrumpe, a pesar de que veo el deseo reflejado en los ojos que tiene clavados en mi cuello.

—Confío en ti. —Le acerco la cabeza hacia la zona en la que me late el pulso en la garganta y le insto a que haga lo que tanto deseamos—. Muérdeme, Zavier.