28. Zavier
Zavier
—En serio, Zavier, ¿dónde estamos? —pregunta Celine mientras subimos las escaleras hacia nuestro destino.
—En mi mazmorra del placer. —Bajo la voz unas octavas, y suelta un bufido antes de darme un empujoncito juguetón—. Si te dijera la verdad, no tendría gracia.
Le poso las manos en los hombros y se los aprieto un poco. Hemos aparcado cerca de la puerta principal, ya que ha empezado a llover de nuevo.
—¡Cariño, ya estoy en casa! —grito cuando entramos en el edificio.
—¿Otra vez tú? —responde una voz gruñona desde una esquina.
Celine me lanza una mirada confundida, pero le sonrío para tranquilizarla. La veo echar un vistazo a su alrededor con su típica mirada perspicaz de detective.
Sabía que hoy no habría nadie en el restaurante porque lo cierran una vez al mes para reponer productos y limpiarlo a fondo. Es el momento perfecto para presentar a Celine y Tom.
—Pero si te encanta que venga a visitarte… —replico—. Esta vez he traído a una amiga. —Empujo suavemente a Celine apoyando la mano en su espalda baja y nos dirigimos al fondo del restaurante.
Tom está sentado en su sitio habitual, rodeado de servilletas y cubiertos.
Las está doblando y enrolla los utensilios de una forma concreta para dejarlos listos para los clientes.
Algunos de sus familiares deambulan por el local, pero nos dejan un poco de espacio para que charlemos con tranquilidad.
—Creía que yo era tu único amigo —protesta Tom, lo que me hace reír.
—He traído a mi amiga especial de la que tanto te he hablado. —Celine y yo nos sentamos a la mesa junto a Tom. Él deja lo que estaba haciendo cuando le hago un gesto hacia ella—. Es Celine.
—¿Quién? —grita Tom—. ¿Francine?
—¡Celine! —respondo—. Como Celine Dion. ¿Por qué siempre te haces el sordo cuando hablo contigo? Estoy seguro de que solo oyes lo que quieres. —Noto cómo me ajusta el jersey sobre el pecho cuando me cruzo de brazos.
Le echo un vistazo rápido a Celine y me doy cuenta de que le divierte nuestra discusión.
—Como iba diciendo… —Suelto un suspiro exasperado y hago un gesto hacia el anciano—.
Celine, él es Tom, un amigo de toda la vida.
—Miro a Tom y hago un gesto hacia Celine—.
Tom, ella es Celine, una amiga a la que me gustaría llamar «novia», aunque ella todavía no quiere admitirlo, así que tengo que seguir presentándola como solo amiga.
—Ella me mira mal, como siempre, pero finjo no darme cuenta.
—Encantada de conocerte, Tom. —Celine extiende la mano hacia él, y él se la estrecha con la suya, nudosa y muy arrugada.
—Vaya, qué piel tan suave. ¿Cuál es tu secreto para tenerla así a nuestra edad? —pregunta Tom, y me río disimuladamente.
Celine me mira confundida, y me inclino hacia ella para susurrarle al oído:
—Casi no ve ni oye nada. Nos conocimos hace mucho tiempo, y todavía no sabe lo que soy en realidad. Asume que todos tenemos más o menos la misma edad. —Le guiño un ojo cuando me aparto, y ella asiente.
—Me echo mucha crema… —responde no muy convencida.
—Ya que habéis venido, ayudadme con esto. —Tom señala la tarea que ha dejado a medias cuando hemos aparecido, y nos ponemos todos a enrollar los cubiertos en las servilletas.
—Así que, señorita Francine, ¿cómo conociste a Zac? —pregunta Tom.
—Es mi vecino.
—¿Tu qué? —vuelve a decir Tom.
—¡Que somos vecinos, vejestorio! —grito. Celine me da un manotazo cuando le digo eso, pero no me quejo. No es nada que no pueda soportar multiplicado por diez.
—Acabarás con la poca audición que me queda, bastardo. —La carcajada de Tom contrasta con lo que me acaba de decir. A pesar de que siempre nos metemos el uno con el otro, ambos sabemos que nos tenemos mucho aprecio—. ¿Qué ha dicho?
—Celine ha dicho que nos conocimos porque somos vecinos —le informo mientras doblo la servilleta que tengo en las manos—.
Tuvimos un encuentro fortuito en el pasillo, y el resto es historia.
Ahora no puede apartarse de mí. ¿Qué quieres que te diga?
Soy un galán. —Inflo el pecho y miro a Celine, que me dirige una sonrisa muy irónica.
—Se podría decir que sí —dice ella mientras se ríe, y termino perdido en esa risa.
Debo de parecer un tonto enamorado porque, cuando aparto los ojos de ella, me doy cuenta de que Tom me está mirando.
El cariño parece inundar sus ojillos azules, entrecerrados y desgastados por el tiempo, y estos se mueven de ella a mí y de mí a ella.
Tras eso, asiente y continúa con lo que estaba haciendo.
—La esposa de Tom era la hija del jefe de la mafia que amenazaba a este negocio familiar. El muy astuto se le insinuó y parece que la cosa salió bien, porque terminaron casados y con hijos —le cuento a Celine.
—¿En serio? Qué romántico —suspira ella soñadora, y mira a Tom para que le cuente más.
Los ojos cansados de Tom siguen transmitiendo un fuerte amor por su mujer.
—Betsy Jo fue el amor de mi vida. Los dos lo sabíamos y, a pesar de que nuestra situación no era la ideal, no tardamos en estar juntos.
—Frunce las cejas espesas y grises mientras se pierde en su memoria—.
La vida es demasiado corta como para no demostrar tu amor a esa persona especial siempre que puedas.
No tiene por qué ser un gesto grande. Quizá dejarle unas flores sobre la mesa, enviarle un mensaje o limpiar la casa para que no tenga que hacerlo el otro.
—Se sacude unas pelusas de los pantalones—.
Nunca sabes cuándo es tu último «te quiero», así que lo mejor es ir lanzándolos por ahí como si fueran confeti.
—Se acerca a mí y me da un golpecito en el brazo y, después, otro a Celine.
—Vaya, Tom, eso es muy conmovedor. ¿Quién iba a decir que eras un romántico? —Intento aliviar el ambiente cuando me doy cuenta de que echa demasiado de menos a su mujer—. Pero muchas gracias por el gran consejo.
—A veces transmito sabiduría. —Tom hace el amago de levantarse y me remuevo, incómodo, cuando oigo cómo le crujen más huesos de los que soy capaz de contar—.
Este viejo necesita descansar. Terminad esto por mí, ¿queréis?
Encantado de conocerte, Francine. —Se mueve de un lado a otro hasta que uno de sus nietos aparece y le ayuda a subir las escaleras del apartamento que tienen encima del restaurante.
—Celine —le digo en silencio con los labios, pero ella se limita a negar con la cabeza.
Los dos hacemos lo que nos ha pedido y terminamos la tarea que Tom había empezado con los cubiertos. Noto que Celine está más pensativa después de lo que ha dicho Tom. No puedo evitar preguntarme si está pensando en nosotros y en nuestra situación.
Todavía no le he contado que somos pareja destinada, pero debería hacerlo más pronto que tarde.
Quiero empezar cuanto antes a trabajar en nuestro futuro infinito.