Enamorarse de un vampiro es un caos 25. Celine
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25. Celine

Celine

—¡Luna!

Aparezco en Bean Hive sin la discreción que Zavier me pidió que tuviera.

La mujer en cuestión se sobresalta y deja lo que estaba haciendo detrás de la barra cuando grito su nombre.

Seguro que ha percibido mi pánico, porque se disculpa con el cliente al que estaba atendiendo, le da la taza que sostiene a otro empleado y corre hacia mí.

El pelo rubio de Luna ondea detrás de ella, y me golpea una oleada de su delicado perfume cuando se detiene frente a mí.

—Celine, ¿qué ocurre? —Frunce el ceño, y echo un vistazo a mi alrededor al darme cuenta de que casi todos los clientes me observan tras mi irrupción—. ¿Ha pasado algo en el trabajo?

—En realidad estoy de baja, pero parece que mis vacaciones se han visto truncadas. Ven —siseo, y la cojo del brazo para arrastrarla al almacén que hay en la parte trasera de la cafetería.

—¿Qué pasa? Me estás asustando. —Cruza los brazos sobre el pecho y me echa una mirada suplicante.

—¿Que yo te estoy asustando? —Su comentario me resulta casi divertido después de todo lo que acaba de pasar—.

Un hombre casi se desangra delante de mis narices, ha estado a punto de morirse, debo añadir, y ahora me ha pedido que venga aquí a por sangre.

Para bebérsela. —Suelto esas últimas dos palabras en un ligero susurro.

Luna abre mucho los ojos ante mis palabras.

—¿Zavier? ¿Está bien?

—¿Cómo sabes que me refiero a él?

—Celine, ese chico está loco por ti. ¿Quién más podría ser?

—La veo rebuscar en una nevera oculta detrás de una estantería repleta de siropes y tazas de café—.

¿En qué lío se ha metido? Si te ha enviado aquí, tiene que ser grave.

Espero que se recupere, o tendremos que lidiar con su fantasma por los siglos de los siglos.

Me quedo anonadada por lo bien que se está tomando esta situación.

—¿Por qué no estás flipando? ¡Yo alucino! Y mucho. —Mi nivel de histeria crece por momentos—. ¿Estáis los dos en el ajo? ¿Os habéis metido en alguna extraña secta en la que os obligan a beber sangre? Zavier no me ha respondido a esa pregunta.

Luna se detiene para ofrecerme una mirada compasiva.

—Si Zav aún no te lo ha contado, no me corresponde a mí hacerlo. —Luna coge varias bolsas de sangre y cierra la nevera antes de colocarlas en una neverita portátil—. Toma. Llévaselas cuanto antes. Si está herido, las necesita lo más rápido posible.

Me empuja fuera del almacén y hacia la puerta principal antes de ofrecerme una última sonrisa triste.

—Escucha, Celine. Sé que ahora todo te parece una locura, pero es real. Te quiere de verdad, así que no te precipites. Hay muchas cosas de este mundo que muy pocas personas saben, y vas a tener la oportunidad de descubrir algunas de ellas.

Le ofrezco un asentimiento dubitativo y salgo disparada de vuelta al apartamento. Tengo un montón de preguntas para Luna, pero algo dentro de mí me dice que debo correr.

—¡Ya estoy aquí! —La puerta principal golpea la pared, tiro las llaves y entro a toda velocidad—. Zavier, más te vale no estar muerto. Aún no te he interrogado al estilo detective Brennan. —Oigo un gemido bajo y débil que proviene del salón, y suelto el aire que no sabía que estaba conteniendo.

—Todavía no hemos practicado sexo oral, ¿cómo iba a morirme sin probar eso? —pregunta, y me quedo maravillada ante su ingenio para ligar a pesar del estado en que se encuentra.

Abro la neverita portátil, saco dos bolsas de sangre y me acerco a su cuerpo, que está tendido en el sofá.

—Toma. —Le coloco una delante del rostro después de quitarle el tapón. Él la coge y sorbe casi todo el líquido carmesí.

—Es lo que necesitaba. —Se relame—. La AB negativa es mi favorita. Luna debe de haberse apiadado de mí. —Zavier se ríe y le da otro trago a la bolsa hasta que se la termina—. Le debo una muy grande.

Sin mediar palabra, señala la otra bolsa y hace lo mismo.

Cada sorbo le devuelve el color a su piel pálida, y es como si su rostro, antes demacrado, volviera a llenarse de vida y calor.

Se bebe las otras dos bolsas que hay en la neverita antes de echarse hacia atrás en el sofá con un suspiro de alivio.

Sus dedos largos apartan la manta para revelar la piel suave que tiene ahora donde antes solo había unas heridas horribles. No le queda ni una sola cicatriz.

—¿Cómo es posible? —susurro, y me echo hacia atrás, cayendo al suelo sin dar crédito a lo que veo.

Estaba tan concentrada en ayudar a Zavier a conseguir más sangre que la adrenalina me ha mantenido activa hasta este momento.

No he tenido tiempo de cuestionarme qué estaba ocurriendo, pero el peligro ya ha pasado, así que me pregunto qué demonios sucede.

Zavier debe de darse cuenta de que se encuentra en un aprieto porque sus ojos se clavan en los míos y nos miramos en silencio, sin que ninguno sepa qué decir a continuación.

—Más vale que vaya al grano. —Se pasa una mano por el pelo rojo, del mismo color que la sangre que se acaba de beber—. Soy un vampiro.

Me quedo esperando a que diga algo más, pero no lo hace. No remata el chiste ni añade un «¡Ja! Te lo has creído, Celine». No dice nada más; se queda sentado esperando a que responda a esa afirmación ridícula.

—Un vampiro —respondo con voz neutra. Asiente—. ¿Uno de esos que chupan sangre?

Zav pone los ojos en blanco.

—Es un estereotipo muy ofensivo. ¿Cómo te atreves a decir eso?

—Se cruza de brazos con un mohín burlón, pero yo no muevo ni un músculo.

Zav se desinfla, y juraría ver un poco de preocupación en sus ojos color esmeralda—.

Sí, soy un vampiro. Suena descabellado, lo sé, pero es cierto.

No hay otra manera de explicártelo, así que ya tienes tu respuesta. Esta es la verdad.

—Tienes razón. Suena descabellado. ¿Y sabes qué más es descabellado aún? Que Luna actuara como si darme bolsas de sangre fuera lo más normal del mundo y que ayer aparecieras medio muerto en la puerta, pero que te hayas recuperado después de beber sangre. Nada de esto tiene sentido.

Bueno, supongo que lo tiene si decido creer en lo que me acaba de decir.

Empiezo a preocuparme, así que me pongo de pie y comienzo a caminar de un lado a otro del salón.

Es imposible que me quede quieta con la cantidad de emociones turbulentas que estoy sintiendo.

Soy detective, así que necesito hechos contrastados para construir un caso y meter a los criminales entre rejas.

Las opiniones y las hipótesis nunca te llevan a ninguna parte.

Tengo que encontrar una explicación lógica, aunque todo esto parezca ilógico.

Ajeno a mi debate interno, Zavier se queda sentado y quieto mientras me observa ir de un lado a otro. Intento ignorar su mirada intensa, aunque noto su peso; imposible no hacerlo.

Medianoche decide hacer acto de presencia y suelta un siseo cuando casi le piso antes de saltar al lado de Zavier en el sofá.

Ese hecho es un dato más que debo tener en cuenta. Por mucho que Medianoche me odie, porque es un gruñón, parece adorar a Zav. Los animales son muy intuitivos, y si Zavier es el depredador que dice ser, no creo que mi gato estuviera tan tranquilo a su lado.

Otro dato que debo tener en cuenta es el estado en el que llegó al apartamento; la increíble recuperación que ha experimentado tras beber sangre es innegable.

No puedo achacarlo a que ayer estuviera demasiado cansada o medio dormida, cuando ahora lo tengo delante de mí totalmente curado.

La sangre que derramó anoche sigue manchando el suelo y ha empezado a secarse por los bordes.

Y también debo tener en cuenta lo raro que es Zavier.

Este hombre siempre ha sido muy etéreo. Hay algo en su aura que nunca he sabido definir, pero sé que va más allá de lo que podríamos considerar normal. Camina con un sigilo y una confianza que la mayoría de los seres humanos no suelen tener.

—Demuéstramelo. —A pesar de la cantidad de pensamientos que se me agolpan en la mente, sigo sin poder hacerme a la idea.

Arquea una ceja burlona.

—¿Lo de casi morirme y volver a la vida después de beber sangre no es suficiente demostración para ti?

Zavier suelta una risita, pero le ofrece a Medianoche una última caricia antes de ponerse en pie.

Se acerca despacio a mí, junto a la televisión, y me echo hacia atrás, así que termino atrapada entre él y el mueble.

Debería estar gritando, quizá temblando de miedo, pero me ocurre justo lo contrario: termino inclinándome hacia él.

Con su mano enorme, me acaricia la mejilla, y me apoyo en él antes de recobrar el sentido y apartarme.

Un destello de dolor le cruza la cara, pero aparto la mirada e intento no sentirme culpable.

—Por favor, no me tengas miedo. No te apartes. —Se le quiebra la voz, y se me rompe el corazón—. No lo soporto. —Aun así, no hace amago de volver a tocarme, sino que se separa.

Se oye un suave chasquido y, cuando vuelvo a mirarle, suelto un grito ahogado. Es el mismo que hace unos segundos, a excepción de unos colmillos muy afilados que le asoman bajo el labio. La curva mortal y el acabado brillante y nacarado le dan un toque letal a este hombre ya de por sí fascinante.

Me siento atraída como una polilla hacia la luz, y termino pasándole el índice por la punta. Zavier me agarra del dedo y me lo aparta.

—Yo que tú tendría mucho cuidado —susurra con voz cargada de deseo—. Tengo los colmillos muy afilados y no controlo mucho mis actos ahora mismo.

—¿Vas a hacerme daño? —Es una pregunta que haría cualquiera en mi lugar. Estoy acorralada por un animal salvaje que parece incapaz de contenerse.

—No —suspira Zavier—. Nunca. A ti jamás.

—Con delicadeza, me rodea con los brazos y se relaja al instante cuando ve que no me aparto de él.

Sé que debería hacerlo. Toda esta situación es una locura, y hay una parte de mí que todavía no se imagina que el hombre que tengo delante sea una criatura mitológica que no debería ser real—.

Preferiría morir antes que hacerte daño.

—Me pasa sus largos dedos por mis mechones enredados.

Lo miro, incapaz de evitar la pregunta que se me escapa de la lengua:

—Si estabas tan desesperado por conseguir sangre…, ¿por qué no bebiste la mía?

Una pequeña parte de mí tiene curiosidad sobre lo que se siente. ¿Duele? ¿Es placentero?

Zavier suelta un gemido ahogado, y me quedo de piedra. Me deja ir de inmediato. Me coloca los labios suaves sobre la oreja y un escalofrío me recorre el cuerpo. La atracción magnética que siento hacia él es más fuerte, si cabe. Es como si no pudiera moverme aunque quisiera.

—No podía. Sobre todo en ese momento. Si hubiera bebido de ti, la cosa habría terminado con mi polla dentro de tu coño.

—Sus palabras sucias me envían una oleada de calor por el pecho—.

Y, como ya te he dicho, te mereces más. Y me niego a llevarte a la cama y reclamar por completo lo que es mío hasta que no aceptes lo que soy y me asegures que no te importa.

Y sé que ahora no sientes eso. —Tras esas palabras, se echa hacia atrás y vuelve a sentarse en el sofá con una pierna cruzada sobre la otra—.

Supongo que tendrás muchas preguntas, así que, adelante, soy todo tuyo.

Quiero mantener la distancia entre nosotros, sobre todo tras la tensión que se respira en el ambiente, así que cojo uno de los taburetes de la cocina y me siento frente a él.

—De acuerdo, ronda de preguntas. —Me estrujo el cerebro para ver cuál es la primera que le quiero hacer—. Entonces ¿ingresas tus nóminas en un banco de sangre?