21. Zavier
Zavier
Gracias al amparo de la noche y la lluvia que cae, corro por las calles tan rápido que cualquiera que me mirara solo vería una extraña mancha borrosa.
Podría coger el coche, pero hoy me apetece sentir la lluvia fría sobre la piel.
Me ayuda a mantenerme centrado y a recordar cuál es mi objetivo: eliminar de las calles a la peor de las calañas.
Mi destino es un hotel de lujo en el centro de la ciudad.
Lo que parece ser un establecimiento exclusivo de alto standing solo para humanos es un lugar de encuentro para seres sobrenaturales en Chicago.
Sí, es un hotel, pero tiene muchos más usos.
Entre sus paredes se celebran conferencias, encuentros sociales, reuniones secretas y prácticas sexuales.
Los propietarios del edificio son un grupo de poderosos seres sobrenaturales que lo dirigen con sigilo. Lo he usado muchas veces estos últimos años cuando he estado por la zona en reuniones, y es el lugar perfecto para ello.
Muestro mi tarjeta de socio al portero, que asiente y me abre la puerta. Me escabullo hasta la sala que hemos acordado y veo a mi contacto apoyado en la ventana.
—¿Qué tienes para mí? —le pregunto.
Es un vampiro de pocas palabras que se limita a tenderme una carpeta, y yo la acepto. Cruza sus enormes brazos sobre el pecho y continúa escaneando la ciudad mientras reviso la información. Lleva el pelo muy corto, casi al ras, y tiene los ojos de un azul intenso.
—Esta vez es bueno —silbo con alegría. Es un psicópata al que le sigo la pista desde hace meses.
Al parecer se asustó, y eso que siempre tengo mucho cuidado de cubrir mis huellas, pero se volvió paranoico al sentirse vigilado—.
Un placer hacer negocios contigo, como siempre—.
Le doy una palmadita en el hombro y recibo un gruñido a modo de respuesta.
Sin perder un segundo, salgo del hotel en tiempo récord. No me detengo hasta que no llego a la entrada de un edificio abandonado y casi derruido de las afueras de la ciudad. Está en un lugar perfecto para ocultar un trozo de mierda como Frank Denvers.
No sé cómo lo ha hecho, pero ha logrado escapar de la policía mientras seguía sembrando el caos en varias ciudades. No solo es un abusador y un asesino, sino que ha cometido muchos otros crímenes, y pretendo detenerle en este mismo instante.
El sonido de mis botas es silencioso mientras me deslizo por el borde del edificio, y veo una pequeña fogata en medio de una sala.
El mismísimo Frank está sentado delante de ella en un sillón agujereado y viejo, relajado.
No puedo evitar soltar un resoplido al darme cuenta de que se ha instalado una televisión.
Supongo que no le gustará perderse sus programas favoritos mientras se esconde de la policía.
La sangre gotea sin cesar de un cuerpo que ha colgado en un rincón. Frunzo la nariz ante el hedor a sudor y suciedad de Frank, y ante el cadáver en descomposición.
El sabor y el aroma de la sangre cambian drásticamente cuando un cuerpo empieza a descomponerse. Se vuelve rancio, como el sabor de la leche agria para un humano.
Esperaba que mi contacto me pasara la información lo bastante rápido como para eliminar a Frank antes de que añadiera otro crimen a su lista, pero, por desgracia, he llegado tarde. Al menos puedo garantizar que este será el último asesinato de su vida.
Las cenizas flotan por la sala con olor a azufre.
La lluvia ayuda a cubrir el aroma, así que ningún humano sería capaz de distinguirlo.
Frank se siente a salvo aquí. Cree que puede volver a Chicago y continuar con su reino del caos.
Pero eso no ocurrirá, porque va a pagar sus crímenes con su propia vida.
Me encanta saber que voy a recuperar uno de mis pasatiempos favoritos, uno que había quedado en segundo plano porque últimamente Celine ha ocupado todo mi tiempo.
No me apetece seguir retrasando mi entrada, así que aparezco en escena y saludo a Frank.
—¿Qué tal, trozo de mierda? —Me apoyo en un pilar que está a unos metros de él y cruzo los tobillos.
Que empiece el espectáculo.
—¿Quién cojones eres tú? —Se asusta y salta del sillón.
A pesar del fuego, el aliento se le condensa delante, y sus desagradables dientes amarillos me deslumbran cuando abre la boca.
—Podría marcarme un cliché y decirte que soy tu peor pesadilla, y lo cierto es que así es.
—Mis pasos resuenan cuando me acerco a él despacio.
El muy idiota no ha traído a nadie más con él, así que será una muerte muy sencilla para mí.
Un tanto decepcionante, la verdad, ya que nunca le diría que no a un asesinato en masa—.
Has sido un chico muy malo, Frank. —Noto el momento exacto en que mi energía lo golpea y empieza a temblar.
Su cuerpo sabe que debería salir corriendo, pero su mente es igual de cabezota que la del resto de los humanos, así que se queda clavado justo donde está.
Frank saca una Glock del bolsillo y me apunta al pecho, pero sigo avanzando.
—¡Pienso dispararte! —Sus dedos temblorosos le quitan el seguro a la pistola, pero me limito a sonreírle.
—Frank, Frank, Frank. —Oigo cómo cruje un trozo de basura bajo mi zapato, al igual que va a suceder con él dentro de poco—. Esperaba que me ofrecieras algo de diversión. ¿Qué dices? ¿Quieres que juguemos a un juego? —Se me ocurre una idea brillante—. Al escondite. Si me ganas, te dejaré marchar.
No lo haré, aunque a los humanos les encanta pensar que tienen una oportunidad.
—¿De qué hablas? ¿Y si te pego un tiro ahora mismo y acabamos de una vez con esto? —La saliva sale disparada cuando me grita. Agarra la pistola con más fuerza y me la sostiene sobre la frente cuando me sitúo justo delante de él.
¿Me estoy arriesgando? Lo cierto es que sí, pero soy mucho más rápido de lo que podría llegar a imaginar, y me apartaré antes de que la bala salga del cañón. Si llegara a darme, me dolería como mil demonios, pero no moriría.
—¿Quieres saber lo que pasa? Bien, te voy a dar una pista.
—Me crujo el cuello y oigo un crac satisfactorio—.
Laura. Chloe. Eleanor. —Sus apagados ojos marrones, tan distintos a los de Celine, se abren de terror cuando pilla por dónde voy—.
Todas rotas y muertas por tu culpa. Hay muchos más nombres en la lista. ¿Sigo?
—No tienes ni idea de nada. —Comienza a sacudirse con fuerza y la pistola le tiembla en las manos. La agarro y le retuerzo la muñeca a la espalda de un solo movimiento. Su grito de dolor acrecienta mi rabia.
—Los trozos de mierda como tú no podéis esconderos de mí.
Sois mi única fuente de entretenimiento en una larga vida muy aburrida.
—Excepto por Celine, claro, a la que ahora tengo a mi lado…
, más o menos—. Lo sé todo. Así que sé un buen chico por primera vez en tu vida.
—Me coloco cerca de su oído y susurro la última parte—: Corre.
Frank no necesita que se lo repita; quizá no es tan tonto como parece.
Se da la vuelta con la intención de huir, pero no presta atención al suelo, se tropieza y cae de bruces.
Me echa una mirada de terror que me llena de alegría, se vuelve y se asegura de que sigo donde estoy antes de levantarse y salir tambaleándose de la sala.
No hay forma de que escape de mí o de que me gane en este juego, pero ¿para qué decírselo?
Le quitaría toda la gracia. Además, la esperanza es lo único que mueve a las personas.
Una respiración entrecortada y unos pasos torpes me llegan a los oídos, y saco el móvil para jugar al sudoku mientras le doy unos minutos para que haga lo que sea que crea que puede hacer.
El fuego ha empezado a apagarse, ya que su creador ha dejado de prestarle atención, y decido que voy a darle hasta que se extingan las llamas antes de lanzarme a por él.
Mierda, creo que tendría que haber puesto un nueve en esa fila.
El tablero digital parpadea en rojo cuando intento colocar un número erróneo en la casilla equivocada. En ese momento, una rata pasa correteando por el suelo para coger un trozo de comida mohosa no muy lejos de donde estoy. Es asquerosa, igual que los humanos sucios como Frank.
Resuelvo el acertijo en tiempo récord y salto sobre el fuego agonizante mientras la app reproduce una canción de fiesta. «Accidentalmente», suelto un enorme soplido para apagar el fuego porque empiezo a impacientarme.
—Ups. —Me encojo de hombros y siento que mis músculos adoptan una postura depredadora justo antes de cerrar los ojos.
He de reconocer que Frank ha llegado más lejos de lo que esperaba, pero oigo su corazón latiendo tan rápido como un pájaro asustado a un par de manzanas de distancia.
Se ha refugiado detrás del contenedor de basura de un restaurante de comida rápida, quizá con la esperanza de que eso amortigüe el sonido de su respiración y no consiga percibir su horrible olor corporal.
Un esfuerzo muy inteligente, pero un fracaso al fin y al cabo.
El viento moldea mi esbelto cuerpo mientras me lanzo hacia ese ser miserable y siento que la adrenalina corre por mis venas.
No estoy seguro de cuándo decidí empezar a cazar a estos infraseres, pero supongo que estoy echándole una mano a la humanidad al deshacerme de ellos, ¿no?
Además, así me mantengo ocupado. Supongo que habrá gente que piense que un asesinato sigue siendo un asesinato y que está mal, pero no se puede contentar siempre a todo el mundo.
Me siento en cuclillas en el tejado del edificio frente al sitio donde se esconde Frank.
Por desgracia, no ha sido tan entretenido como esperaba, pero planeo hacerle sufrir por cada sucio pecado que ha cometido y por todo lo que les hizo a esas pobres mujeres.
—Se ha acabado el tiempo —digo, a pesar de que no puede oírme.
Me lanzo desde lo alto del edificio cuando él asoma la cabeza por detrás del contenedor de basura. Me ve justo antes de que pueda retroceder. El olor a orina pronto le empapa los pantalones.
Sonrío y me pongo manos a la obra.