Enamorarse de un vampiro es un caos 19. Celine
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19. Celine

Celine

El sudor me resbala por las sienes mientras golpeo el saco que tengo delante.

La sala está en silencio, salvo por algún que otro gruñido que proviene de los demás boxeadores.

Llevo viniendo a Vitality desde que tengo memoria. La dueña es una boxeadora de artes marciales mixtas retirada, y este gimnasio exclusivo para mujeres está en el centro de la ciudad. Es un lugar seguro y alentador al que me encanta venir.

El boxeo siempre ha sido una válvula de escape cuando tengo demasiadas cosas en la cabeza. Suelo venir después de visitar a mi padre. También me ayuda a aclararme la cabeza si me atasco en un caso. Hay algo en el boxeo que consigue que todo lo demás desaparezca a mi alrededor.

Ahora me supera la frustración, la confusión y el horror por lo que sucedió anoche.

Alguien entró en mi apartamento, mi lugar seguro, y lo puso patas arriba.

La palabra «violada» ni siquiera se asemeja a cómo me siento.

Siento el pecho tenso y el estómago revuelto tras esa profanación de mi intimidad.

Le doy un último puñetazo al saco, que lo deja balanceándose, y me agacho para recuperar el aliento.

—¿Estás bien, Celine? —me pregunta Olivia, una chica a la que veo a menudo por aquí.

Levanto la mirada y me la encuentro delante con gesto de preocupación. Debo de parecer una poseída, ya que no paro de golpear el saco con fuerza, como si esperase que la persona que me tiene cabreada pudiera sentir los golpes.

—Estoy bien. —Exhalo e intento que se aparte con un gesto.

—¿Segura? Parece que la has tomado con el saco. —Me ofrece una sonrisita y termino aceptando la mano que me tiende para ponerme en pie.

—Tengo muchas cosas aquí dentro. —Me doy un toquecito en la sien y me asquea la cantidad de sudor que tengo en el pelo. Necesito una ducha antes de irme sí o sí.

—Quizá la clase te ayude. Hoy viene un instructor nuevo, y está cañón. Si no te sientes demasiado cansada, claro. —Da una palmada y, sin esperar mi respuesta, se reúne con el resto de las chicas que han empezado a acercarse a la clase.

Suele haber rotación de entrenadores y de clases en el gimnasio. Intento asistir siempre que puedo, y la de hoy se va a centrar en el boxeo en sombra, un ejercicio en el que se lucha contra un oponente imaginario lanzando y esquivando golpes, por lo general sin guantes.

Troto hacia la pared del fondo para beber un poco de agua y mandarle un mensaje rápido a Ava.

Esta mañana se ha enterado de lo del robo y me ha escrito para asegurarse de que estaba bien.

Después de decirle por activa y por pasiva que no hacía falta que se tomara el día libre para venir a hacerme compañía, quedamos para una noche de chicas en el apartamento de mi vecino.

A Zav no le importó cuando se lo pregunté, incluso insistió.

Guardo de nuevo el móvil en la bolsa y extiendo los brazos sobre la cabeza para aliviar la tensión antes de empezar la clase. No tenía planeado apuntarme, pero todavía me queda algo de frustración que necesito liberar.

Se oyen unos pasos en la sala, y las chicas empiezan a cuchichear sobre algo que les ha llamado la atención.

Los pasos continúan hasta que los oigo detenerse justo detrás de mí. Un aroma masculino embriagador me inunda las fosas nasales, y termino sin respiración por un motivo completamente distinto al de antes.

—¡Bu! —Una voz muy familiar resuena junto a mi oído.

Cierro los ojos y respiro hondo.

Tendría que haber sabido que era sospechoso que me dejara salir sola. Al principio se opuso cuando se lo sugerí, al parecer por miedo a que el intruso estuviera acosándome, pero entonces fue como si se le iluminara una bombilla en la cabeza y terminó accediendo.

Ya sé por qué.

—Qué raro verte por aquí. —Me quedo cara a cara con cierto pelirrojo. Las chicas se acercan a la puerta de la clase, cuchichean y nos observan.

—¿Te había dicho que el boxeo es una de mis aficiones secretas? —Zavier arquea una ceja y yo entorno los ojos.

—Parece que tienes muchas aficiones secretas.

—¿Qué quieres que te diga? —Zav me muerde el lóbulo de la oreja antes de que pueda detenerlo—. Poseo muchos talentos.

Caminamos juntos hacia la clase, y en ese momento me doy cuenta de que me he convertido en el cotilleo del día.

—¿Le conoce?

—¿Será su novio?

—¡Pensaba que nunca había tenido una cita!

—¡Poneos en círculo! —Zav da unas palmadas y no tarda en convertirse en el centro de atención. No puedo culparle. Es un hombre tremendamente atractivo.

A partir de ahí comenzamos a practicar varios ejercicios, y Zav no se aleja mucho de mí.

Cuando me contengo durante nuestra sesión de sparring , me dice que lo deje salir todo.

El pobre termina recibiendo una paliza con mis puños, pero esa es justo la liberación que necesito.

Supongo que no debería sentirme del todo mal, ya que no para de sonreír.

Cuando acaba la clase, Zav se niega a dejarme volver al apartamento a pie.

—No me pasa nada en las piernas —protesto.

Él frunce los labios.

—Sube al coche, Celine.

No sé por qué, pero termino haciéndole caso. Me pongo el cinturón de seguridad mientras él ocupa el asiento del conductor.

—Ya que insistes en conducir, ¿te importa si pido comida mexicana y la recogemos de camino?

Él me ofrece su móvil y lo acepto, a pesar de que soy capaz de usar el mío.

—¿Cuál es la contraseña? —le pregunto cuando me pasa el teléfono.

—Uno, tres, cero, tres.

Introduzco el código y busco el restaurante mexicano. Me detengo justo antes de darle al botón de llamar, y termino con el dedo flotando sobre la pantalla.

—Qué raro. Tu contraseña coincide con mi cumpleaños.

Él me mira de reojo y se sube las gafas por el puente de la nariz.

—Vaya, qué coincidencia.

Sacudo la cabeza y llamo para hacer el pedido. Como van a tardar unos veinte minutos en tener lista la comida, le digo a Zav que me deje en la cafetería de Luna, que nos pilla de camino, para comprar algunas de sus delicias como postre.

En cuanto tenemos el pedido, nos dirigimos de vuelta a casa, y Zav me deja justo delante del ascensor para que vaya subiendo con las bolsas mientras él aparca, así no tenemos que cargarlas desde tan lejos.

Me llega un mensaje mientras espero a que regrese:

A VA : Llego en 10!

Tengo muchas ganas de verla y creo que necesito urgentemente esta noche de chicas, aunque no sé si me apetece juntarla con Zav.

—¡Deja de tocarla! —Ava le da un manotazo a Zav cuando vuelve a alargar la mano para tocarle su mascarilla facial.

Estamos tumbadas en el sofá, con pinta de haber salido del elenco de El fantasma de la ópera por culpa de las mascarillas blancas que llevamos puestas. Zav ha insistido en participar en la noche de chicas, y ahora se enfrenta a las consecuencias de sus actos.

—Ya han pasado cinco minutos —se queja—. ¿Me estás diciendo que tengo que esperar más para verme aún más guapo?

—La belleza se consigue a base de dolor y paciencia. —Ava se cruza de brazos y se acomoda entre los cojines del sofá—. Además, ya sabes que eres una princesita muy guapa, así que cállate.

—¿Lo soy? —Zav pestañea coqueto y le dedica su mejor sonrisa.

Llevan metiéndose el uno con el otro desde que ha llegado Ava. Todo empezó cuando él le robó un bocado de su enchilada y ella se vengó de él obligándole a ponerse una mascarilla con nosotras. Lo cierto es que creo que lo está disfrutando.

—¿Ponemos una peli antes de que me vaya a casa? —me pregunta ella.

—Por supuesto —sonrío.

Entre la clase de boxeo y la visita de Ava, he conseguido distraerme y me siento mucho mejor que cuando me he despertado esta mañana. Ella no ha vuelto a mencionar el tema del robo, y se lo agradezco. Ahora prefiero permanecer en la ignorancia y disfrutar con mi gente.

La película empieza —una comedia romántica de los 2000— y Zav se levanta para preparar unas palomitas en el microondas. Cuando están listas, se acomoda entre nosotras con un bol gigante para compartir.

—Creo que me gustan las noches de chicas —piensa en voz alta.

Ava le da una palmadita en el brazo.

—Cariño, esto solo es el principio de lo que puede llegar a ser una noche de chicas.

Él me lanza una sonrisa ladeada.

—Tengo muchas ganas de descubrir cómo será la siguiente.