Enamorarse de un vampiro es un caos 18. Zavier #3
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18. Zavier #3

—¿No vives justo al lado? No creo que tenga sentido, teniendo en cuenta que acaban de entrar a robar en este piso —dice el capitán mientras frunce el ceño.

—Primero, me ofende que pienses que no soy capaz de protegerla.

—Celine pone los ojos en blanco ante mi comentario, pero continúo—: Segundo, es perfecto, ¿no crees?

Dudo mucho que crean que se quedará tan cerca de la escena del crimen y, en caso de que vuelvan, les pillaremos con las manos en la masa.

Tercero, ¿cómo te atreves? Soy capaz de cuidar de Celine.

—Su comentario me ha tocado la fibra, así que no puedo evitar defenderme.

—Celine. —El capitán Palomitas suelta un suspiro exasperado—. Tú decides. Independientemente de tu decisión, puedo ordenar a una patrulla de oficiales que se quede a dar una vuelta, por si acaso.

Celine se muerde el labio y, por la determinación que veo en sus ojos, sé que está a punto de darme la razón.

—No pasa nada. Me quedaré con Zavier.

—Te prometo que te mantendré a salvo, Celine.

Mientras tanto, el capitán podrá trabajar en el caso para llegar hasta el fondo de esto.

—Me arrimo a ella, pero se queda rígida como una tabla, lo que no me gusta.

Estaba empezando a soltarse conmigo durante la cita, pero esta intrusión ha hecho que vuelva a cerrarse en banda.

—Cierto. —El capitán nos mira con recelo—. Tómate un par de días libres, Brennan.

—Capitán… —Celine se adelanta para discutir, pero cierra la boca cuando él levanta una mano.

—Que alguien entre en tu casa es duro. No has tenido tiempo de procesarlo, así que quiero que descanses, ¿de acuerdo? —le suplica mientras le rozo la espalda en señal de apoyo—. Nadie pensará nada raro de ti. Lo tenemos todo controlado.

Celine asiente a regañadientes, y yo hago un bailecito interno al pensar en que voy a pasar tiempo extra a solas con ella.

La patrulla sale poco a poco de su apartamento y cierra la puerta lo mejor que puede, a pesar de que la cerradura sigue rota.

Nos dejan cinta policial amarilla para que la pongamos por fuera en cuanto cojamos a Medianoche y algunas de las cosas de Celine para llevarlas a mi piso. No hacen falta más de dos viajes.

—¿Lo tienes todo? —Sujeto a Medianoche y me lo pongo en los brazos como si fuera un bebé. Ella se queda esperando a que el gato me arranque la piel por tal osadía, pero solo ronronea de felicidad.

Somos mejores amigos.

—Sí. —Echa un último vistazo al salón antes de cerrar la puerta.

Ponemos la cinta en tiempo récord y nos dirigimos a mi apartamento. Me duele mucho verla con los hombros tan caídos.

Medianoche salta de mis brazos en cuanto entramos en el salón y corre a hacerse un hueco en el sofá. Espero que Celine se instale tan rápido como él.

—Me quedo en el sofá —anuncia de repente, y tengo que resistir el impulso de llevarme la mano al pecho como si estuviéramos en la época victoriana y acabara de decirme que tiene la peste.

—Ni hablar —refuto.

—¿Perdona? —Suelta una risita y se cruza de brazos, dispuesta a discutir. Todavía no sabe que soy un vampiro muy cabezota y que jamás permitiría que mi pareja destinada durmiera en nada que no fuera una cómoda cama que yo mismo hubiera comprobado.

—No voy a permitir que duermas en el sofá, Celine. Eres mi invitada.

Antes de que se dé cuenta, cojo la manta y la almohada que acaba de dejar en el sofá y las coloco en mi cama.

Los vampiros no necesitamos dormir mucho, así que no suelo usar el colchón extragrande que tengo.

El edredón negro que hay está más pensado para que ella se sumerja en él.

Atuso los cojines y me incorporo para admirar mi obra.

—No voy a dormir contigo. Que hayamos tenido una cita no significa que vayamos a acurrucarnos en la cama.

—Me encantaría hacerte la cucharita. —Pongo morritos y ella me da un golpe en el hombro—. Es broma. Yo dormiré en el sofá. —Cojo una almohada y una manta polar de un rincón de la habitación y las dispongo en el sofá.

—Me sabe mal echarte de tu cama. —Se queda de pie en el marco de la puerta de la habitación con la manta entre los dedos.

A pesar del caos que ha sido salir corriendo para llegar hasta aquí, con la lluvia mojándole el pelo, el maquillaje corrido por la cara y los ojos rojos por las lágrimas contenidas, sigue siendo la criatura más hermosa que he visto jamás.

—¿Zavier? —Un chasquido me saca de mi ensoñación. Celine está dando golpecitos en el suelo mientras suelta un bufido—. ¿Me has oído?

—¿Que quieres que nos casemos y tengamos hijos? Un gran plan. Me encanta.

Se sonroja y me lanza una almohada a la cabeza.

—Calla. ¿Sabes qué? Creo que no me importa robarte la cama. —El pelo le cae por los hombros cuando se vuelve de repente y cierra la puerta detrás de ella.

Resoplo en su dirección. Si cree que un pedazo de madera endeble puede separarla de mí, lo lleva claro.

—Miau. —Ese sonido a mi lado me indica que Medianoche ya se siente como en casa mientras se acurruca en su cama improvisada. Lo encuentro amasando la manta que tiene debajo.

—Ponte cómodo, amigo mío. Ni tú ni tu dueña os vais a ir de aquí. —Suena muy tajante, pero no pienso dejar que se me escape nunca más.