18. Zavier #2
—Zavier. Su vecino —contesto como si eso fuera lo único que necesita saber—. ¿Y tú quién eres? —Ya lo sé, pero soy rencoroso, así que se lo pregunto de todas formas.
—Chip Barnes. El capitán de este equipo.
—Genial, capitán Chip, encantado de conocerle. —Le estrecho la mano cuando me la tiende.
—Capitán Barnes —me corrige.
—Eso he dicho. —Me meto las manos en los bolsillos y empiezo a andar hacia la habitación de Celine—. Capitán Tortilla Chip. —Oigo un bufido detrás de mí y esbozo una sonrisa.
No puedo evitarlo. Parece buena persona, pero tiene un nombre muy gracioso.
Es como si un tornado hubiera arrasado el piso de Celine.
Los muebles están volcados por el suelo, la ropa que antes tenía bien doblada en los cajones está esparcida por todas partes e incluso le han abierto la nevera y han sacado todo lo que han podido.
Su habitación parece haberse llevado la peor parte, y hago una mueca al ver marcos de fotos rotos y la pantalla de la tele hecha añicos en el suelo.
Mi furia no para de crecer cuando veo un par de braguitas colgando de un cajón. Sentirá que han violado su intimidad. Aprieto la mandíbula y los puños para tratar de calmar mi rabia y mis ganas de darle un puñetazo a algo.
—¿Capitán? —La voz cristalina de Celine resuena desde el baño.
—Ya voy.
Cuando se dirige hacia allí, me acerco para empezar a recoger lo que voy encontrando y me asomo para ver qué están mirando.
—¿Qué opinas de esto? —Señala ella mientras sigue con el gato en brazos; la cola de este se mece de un lado a otro.
Hay salpicaduras de sangre por el tocador, y ambos se acercan a inspeccionarlo.
—No hay más rastros de sangre por ninguna parte, pero tampoco sé dónde podría haberse herido. Es cierto que hay cristales rotos en la habitación, aunque no he visto más sangre.
Interesante. Inhalo para notar el aroma de la sangre y me lo guardo en la memoria para investigar después por mi cuenta. Es extraño que no haya más, teniendo en cuenta lo destrozado que está todo; solo la hay en este lugar.
—Haré que los chicos tomen una muestra y la lleven a analizar al laboratorio. Aunque es muy extraño. —El capitán se pasa la mano por la cabeza y vuelve al salón.
Salgo corriendo hacia el armario y me escondo detrás de la puerta antes de que me pille escuchando a hurtadillas. En cuanto me aseguro de que se ha ido, me acerco a Celine.
—Te juro que daremos con el culpable. —Me acerco a ella y le rodeo los hombros con el brazo, y ella se apoya en mí.
Parece que a Medianoche no le gustan mucho los abrazos de tres, porque maúlla y salta de los brazos de Celine.
Ahora que el gato ya no está entre nosotros, puedo abrazar a mi pareja.
Su pelo me hace cosquillas en la nariz, y me hundo en él.
Celine suspira, y sus lágrimas me empapan la camiseta.
—No tienes que ser fuerte todo el rato. —Solloza en silencio con más fuerza—.
Yo lo seré por los dos. Déjalo salir. —Vuelvo a entrar con ella en el baño y nos sentamos en la tapa del váter para tener algo de privacidad.
Los agentes y los detectives siguen deambulando por el apartamento, pero mantienen las distancias, ya que comprenden la situación.
Me parecen demasiados policías para un simple allanamiento, pero supongo que, cuando se dieron cuenta de que era la dirección de Celine, vinieron más de los necesarios. Me alegra saber que su equipo se preocupa por ella.
Pasan unos minutos en los que ella deja salir todas sus emociones, se suena y le seco las últimas lágrimas con un pañuelo.
—¿Celine? —El capitán Patatas Fritas la llama desde la esquina. Se frota el cuello incómodo por interrumpir nuestro momento.
—¿Sí, capitán? —Celine se pasa la mano una última vez por el rostro, y detecto el momento exacto en el que vuelve a ponerse la máscara de seriedad.
—Nos vamos ya. Seguiremos con la investigación y comprobaremos las cámaras de los alrededores para tratar de pillar a ese tío.
No sé por qué te ha elegido como objetivo, pero parece que este ha sido el único apartamento en el que ha entrado.
¿Se te ocurre quién puede haber sido? —Sostiene un boli y una libreta.
—No lo sé. Ya sabes lo peligrosa que es esta profesión. Supongo que podrían haber sido muchas personas. —Cuando frunce el ceño, siento ganas de alisarle la piel con los dedos—. No se me ocurre ningún nombre, pero nunca se sabe. —Se encoge de hombros mientras el capitán toma notas.
—De acuerdo, detective. Siento mucho que haya ocurrido esto.
Te prometo que haremos todo lo que esté en nuestra mano para pillar al sospechoso.
Mientras tanto, ¿tienes donde pasar la noche?
—Cambia el peso de los pies mientras se guarda la libreta en el bolsillo del chaleco—.
La cerradura está forzada y, aunque no lo estuviera, no me sentiría bien sabiendo que vas a dormir aquí después de lo que ha pasado.
Un destello de sorpresa aparece en el rostro de Celine, como si no se le hubiera ocurrido que no puede dormir en su casa esta noche. Esto demuestra lo nerviosa que está.
—Sí, puedo llamar a… —Empieza a decir, pero la interrumpo de inmediato.
—A mí. Se quedará conmigo. —Muestro una sonrisa con una dentadura perfecta, y la expresión de sorpresa en sus rostros me parece incluso cómica.
—¿Contigo? —me preguntan al unísono.
—Sí. —Sonrío.