Enamorarse de un vampiro es un caos 16. Zavier #2
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16. Zavier #2

Hay varios charcos que ensucian las calles, y lo último que quiero es que Celine se caiga en uno mientras nos dirigimos a la entrada de la torre.

Esta excusa también me sirve para ir más lentos y tenerla a mi lado el máximo de tiempo posible.

Algunos mechones de su pelo me golpean el rostro, y me dejo llevar por esa sensación antes de que ella los aparte con una disculpa.

—¿Lo tienes todo listo para el caso que estabas investigando? —le pregunto.

—Por ahora sí. Le he pasado mis conclusiones a la detective que seguirá con la investigación, ya que no es mi caso principal, pero… —El resto de la frase se queda en el aire.

—¿Te has inmiscuido demasiado?

—¿Cómo lo sabes? —Celine suelta una risita—. Es que creo que hay algo que no cuadra. Le diré a la detective Waters que me mantenga al tanto de todo lo que descubra.

Se atusa la punta de la coleta y se la coloca sobre el hombro antes de recogerse algunos mechones que se le han pegado a los labios por culpa del brillo que lleva. El tono rosa nacarado acentúa su pigmento natural… Me encantaría restregárselo por toda su boca y por la mía.

Noto que se estremece, y lo utilizo como excusa para atraerla hacia mí.

—Vamos, renacuaja. No puedo dejar que te congeles antes de que empiece nuestra cita.

—¿Renacuaja? ¿De dónde has sacado eso? —Niega con la cabeza y curva los labios divertida.

La conduzco hasta la puerta principal e intento contener mi entusiasmo.

No puedo esperar más a enseñarle la sorpresa.

A pesar de que hemos adelantado el encuentro, he conseguido apañármelas para ofrecerle la cita del siglo.

Es increíble lo que se puede lograr si tienes dinero ilimitado.

Estoy seguro de que, si Celine supiera lo mucho que me ha costado todo esto, le daría un paro cardiaco, lo cual no sería muy conveniente, pero mi chica se merece lo mejor.

El viento está arreciando, huelo a lluvia en el aire; sin duda, se avecina tormenta.

Nos adentramos en el edificio, y este nos recibe con un vestíbulo abierto, moderno y con un toque industrial.

Hay muchos bancos en los que sentarse y enormes ventanas por todo el espacio que muestra distintas plantas.

No nos entretenemos demasiado y bajamos por la escalera mecánica para pasar por la cola preferente.

He conseguido alquilar la torre solo para nosotros gracias a la ayuda de mi contacto.

Celine abre mucho los ojos conforme caminamos sin que nadie nos interrumpa.

Me sigue en todo momento mientras la guío.

—¿Habías estado aquí antes? —pregunta, rompiendo el silencio.

Cuando me vuelvo para mirarla, se me deslizan las gafas por la nariz.

Hago el amago de ajustármelas, pero en ese instante su delicada mano aparece de la nada y me las sube para que yo no tenga que hacerlo.

Decir que me quedo a cuadros sería poco, y oigo su risita antes de que se adelante por el pasillo y mire a todas partes mientras observa la exposición en la que nos encontramos.

—Lo cierto es que no. —Mi confesión tímida la hace retroceder hasta mí sorprendida.

—¿Nunca?

Niego con la cabeza.

—No suelo salir mucho.

Me clava la mirada e inclina la cabeza hacia un lado.

—Zav, no me mientas. Tienes como veinte trabajos.

Me río.

—No son más que trabajos. El resto del tiempo suelo estar en casa solo.

Bueno, cuando no estoy matando a gente que se lo merece.

Sus ojos recorren la exposición de trenes al tiempo que seguimos caminando por el largo pasillo.

Las ventanas muestran diferentes escenas de Chicago mientras paseamos, y las luces se le reflejan en la piel como pequeñas luciérnagas.

Tenemos las manos tan cerca que casi podría tocárselas.

Estiro el meñique para rozarle el suyo antes de detener el impulso de cogerla de la mano.

Celine mueve los labios como si supiera lo que está ocurriendo, pero no hace ningún comentario.

Bien. Quiero que sepa lo que siento cuando me roza.

—¿Te puedes considerar de Chicago si nunca habías estado aquí? —Un suave toque me hace bajar la mirada, y veo que tiene el meñique enroscado alrededor del mío.

Mierda. Ya me está tocando otra vez.

—El mirador está por aquí —dice dando un saltito, usando su meñique para tirar de mí.

Su sonrisa me desarma. Si antes no estaba lo suficiente enamorado de ella, ahora sí. En mi larga vida he visto todo tipo de cosas hermosas. Lugares hermosos, personas hermosas, actos hermosos, pero nunca me había cruzado con nadie tan hermoso como Celine.

Mientras el ascensor va subiendo y nos acercamos a mi sorpresa, vuelvo a ponerme nervioso.

Me doy la vuelta para mirar en dirección contraria, con la esperanza de inhalar algo de su delicioso aroma mientras esperamos a que el ascensor llegue a su destino.

Por supuesto, no funciona, así que dejo escapar un suspiro tenso.

Cuando recupero la compostura, me permito mirar hacia delante de nuevo.

Debo de haber estado tan centrado en mí que, cuando me vuelvo, me topo con ella, que está justo a mi derecha.

¿Cuánto tiempo he estado aquí de pie en silencio?

Veo que frunce ligeramente el ceño, y le dedico una pequeña sonrisa para que no sospeche.

La puerta tintinea al abrirse, y dejo que camine delante de mí en nuestra primera cita (su última primera cita, si se me permite añadir algo al respecto).