Enamorarse de un vampiro es un caos 10. Celine #3
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10. Celine #3

Doy un sorbo al refresco que he comprado a mitad de la partida e intento no reírme de su expresión confundida. Un extraño ruido gutural, parecido a un gruñido, me cosquillea en el oído, pero cuando miro a mi alrededor no veo nada fuera de lo normal. Quizá sean los mecanismos de la pista.

Dejo el refresco sobre la mesa antes de responderle:

—Es buen tío, pero no estoy segura de que hayan saltado chispas entre nosotros. —Ella asiente en silencio y no insiste, aunque me fijo en la tristeza que reflejan sus ojos.

Ojalá Ava llegara a entender que estoy bien. Es cierto que me encantaría encontrar a un hombre con el que pasar el tiempo libre, pero estoy la mar de contenta con mi soltería. Hará falta alguien muy especial para tener una relación parecida a la de ella con Spencer.

Casi suelto un gemidito de placer cuando me pongo de pie y levanto los brazos para estirarme.

Echo otro vistazo al lugar y me doy cuenta de que la bolera se ha quedado casi vacía, ya que están a punto de cerrar.

Todavía hay algunos rezagados terminando sus partidas, como nosotros, pero todo está más tranquilo.

Me arriesgo a lanzar una mirada hacia el mostrador y me llevo una ligera decepción al ver que Zavier ya no está.

Me siento de nuevo en la dura silla azul para esperar a Asher, y casi parece que lo haya materializado con el pensamiento.

Un dedo largo y elegante me da unos golpecitos en el hombro, y me vuelvo para ver a Zavier con la mano extendida y un trozo de papel con un mensaje escrito en él. Mi rostro denota confusión, pero acepto la nota de todas formas.

—He visto a tu amigo marchándose con rapidez y me ha pedido que te diera este mensaje. No cobro gastos de envío. —Inclina la cabeza hacia la nota con diversión en la mirada, así que la leo rápidamente.

Con una letra garabateada, pone:

Siento mucho tener que irme así, pero me ha surgido una emergencia familiar. ¡Lo he pasado muy bien esta noche!

A SHER

—¿Se ha ido? —pregunta Ava incrédula, asomándose por encima de mi hombro para leer la nota.

—Eso parece. —Zavier se encoge de hombros antes de alejarse.

—Vaya mierda. Supongo que debe de haber sido una emergencia muy importante para dejarte tirada —suspira. Parece mucho más triste que yo por la forma en la que baja los hombros—. Vámonos ya. De todas formas, estábamos a punto de terminar la partida. Spencer y yo podemos acercarte a casa.

Empezamos a recoger nuestras cosas y a quitarnos los zapatos de payaso. Me cuelgo el bolso en el hombro antes de dirigirnos a la puerta principal y dejar las zapatillas de bolos en el mostrador. Cuando estamos a punto de salir, una figura familiar nos detiene.

—No me importaría llevar a Celine a casa. Ya he terminado mi turno, y vamos en la misma dirección. —Zavier se ha quitado el uniforme y sujeta las llaves de su coche en la mano. Me quedo anonadada cuando las lanza al aire y las coge al vuelo.

—Espera, ¿os conocéis? —Spencer nos señala, y veo que Ava se está haciendo la misma pregunta. Parece que ya se había dado cuenta de que ocurría algo raro.

La mirada escrutadora de Zavier me obliga a responder cuando él no lo hace.

—Somos vecinos. Se acaba de mudar a mi edificio. —Me arrepiento al instante de decirlo, pues sé que Ava sacará mucho partido a esta información.

—¿En serio? —Mi amiga arquea sus cejas rubias—. Vaya, el mundo es un pañuelo. —Su mirada pasa del uno al otro, y yo evito hacer contacto visual con ella, aunque no me pierdo la sonrisa juguetona que esboza.

—¿Seguro que no te importa volver a casa con él? —No me pasa por alto el ceño fruncido de Zavier cuando Spencer me hace esa pregunta—. Puede que seáis vecinos, pero eso no significa que lo conozcas bien.

Juraría que en los ojos de Zavier destella algo parecido a un agradecimiento al darse cuenta de que Spencer está preocupado por mi seguridad.

No sé si soy capaz de soportar el trayecto en el mismo coche que Ava, teniendo en cuenta lo abatida que parece sentirse ante otra de las citas fallidas que me ha organizado. Y también me sentiría fatal si tuvieran que desviarse para dejarme en casa.

—Gracias por preocuparte por mí, Spencer, pero estaré bien.

Zavier es inofensivo. —Me vuelvo para colocarme frente al hombre en cuestión y levanto los ojos hacia él.

Echo la cabeza atrás para observarle y me doy cuenta de que me está mirando—.

Además, soy policía, y, entre eso y mis clases de boxeo, te aseguro que soy capaz de defenderme.

—Zavier sonríe ante mi comentario—. Sé que no pasará nada.

Ava se aclara la garganta y rompe el hechizo.

—Genial, pues nos vemos mañana, Celine. Escríbeme cuando llegues a casa. —Asiento y veo que le echa una mirada seria a Zavier—. Y tú, más te vale que llegue sana y salva.

—Jamás tendrás que preocuparte por eso —responde con un leve gruñido en la voz.

Se sostienen la mirada hasta que ella parece ver algo en él que la tranquiliza. Spencer le rodea los hombros con un brazo y ambos se dirigen al aparcamiento tras un último adiós.

Zavier me sujeta la puerta y me guiña un ojo.

—¿Vamos?