Enamorarse de un vampiro es un caos 10. Celine #2
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10. Celine #2

Acepto los zapatos a regañadientes cuando me los tiende.

Nuestros dedos se rozan, y una familiar descarga de energía pasa entre nosotros.

Nuestras miradas se encuentran y me quedo obnubilada por la profundidad que transmiten sus ojos verdes.

Dicha emoción desaparece en un parpadeo y hace que me replantee si me la he imaginado en cuanto veo que Ava y Spencer se acercan al mostrador.

—Treinta y ocho, por favor. —Ella me lanza una mirada escrutadora que ignoro a propósito. Me encamino hacia la pista que nos ha asignado Zavier, donde ya me espera Asher mientras introduce nuestros nombres en el sistema.

Cuando llego a su lado, se está quitando los zapatos, así que me siento y comienzo a hacer lo mismo con mis zapatillas. Me encanta llevar botas, pero he pensado que sería mejor venir cómoda, ya que nos íbamos a poner estos feos zapatos de payaso.

—Son muy incómodos, ¿no? —Asher parece leerme la mente mientras extiende sus piernas largas y entrechoca los talones como si fuera un personaje de El mago de Oz .

No hay nada como el hogar, y ahí es justo donde me gustaría estar ahora.

Odio ser así y, a pesar de que las ocurrencias de Ava pueden llegar a cansarme, entiendo su preocupación. Jamás conoceré a nadie si no salgo de la cueva. No es que de repente vaya a aparecer un caballero de brillante armadura por la puerta para acurrucarse conmigo en el sofá.

Me ato los cordones con fuerza antes de estirar las piernas hacia delante.

—Lo cierto es que sí. Pero eso no implica que no te apalice. —Le doy un apretón cariñoso en el brazo para que parezca que le pongo más empeño del que en realidad siento.

Asher se ríe y se pone de pie antes de ofrecerme una de sus grandes manos.

La mía se desliza sobre su palma áspera tras unos instantes de deliberación, y me ayuda a levantarme antes de soltarla con torpeza.

Caminamos hacia el estante para elegir las bolas.

Estoy segura de que hay toda una ciencia detrás de cuál escoger, pero me guío por la que creo que más se me ajusta por mi peso, una que no me vaya a arrancar el brazo de cuajo cuando la lance.

Asher, en cambio, parece tomárselo muy en serio; incluso levanta la bola a la altura de los ojos para examinar la superficie con cuidado.

Una vez estamos contentos con nuestra elección, nos reunimos con Ava y Spencer, que ya han escogido las suyas.

—Celine, tú primero. —Spencer señala la pantalla, y veo que mi nombre encabeza la lista.

Camino de nuevo hacia la pista y me coloco la bola roja a la altura del pecho antes de exhalar despacio para concentrarme.

Balanceo el brazo hacia atrás mientras doy zancadas firmes y suelto la bola en el momento indicado.

Esta sale directa hacia los bolos y tira diez a la vez.

Suelto un grito y levanto los brazos al aire en señal de victoria.

—¡Toma ya! —grita Ava desde su asiento, y le choco los cinco cuando pasa por mi lado para tirar después de mí—. Parece que alguien va a dejar hoy por los suelos a estos principiantes.

Asher aplaude sin llegar a creérselo.

—Empiezas fuerte.

—¿No te he dicho antes que pensaba darte una paliza? —Esbozo una sonrisa triunfal y me echo el pelo hacia un lado para que quede claro que lo digo en serio.

No puedo evitarlo: tengo un lado muy competitivo. Me gusta ganar. ¿A quién no?

Todos aplaudimos cuando Ava hace un semipleno. Spencer le da un beso de infarto mientras Asher se dirige a la pista. Coge su bola y me apunta con el índice, como si supiera que lo va a clavar.

Niego con la cabeza y me cruzo de brazos. Entonces lo percibo antes de oírle. Una presencia amenazante y reconfortante al mismo tiempo por encima del hombro. Es extraño lo mucho que me afecta, a pesar de que apenas le conozco.

Zavier.

—¿Dónde has aprendido a jugar así a los bolos? —me pregunta. Veo de reojo un pelo rojizo cuando se sitúa junto a la silla en la que estoy sentada.

—Ava y yo hemos ido un par de veces a otra bolera. —Le echo un vistazo rápido para saciar mi curiosidad antes de centrarme en el lanzamiento de Asher. Debería fijarme solo en él, estamos en una cita. No tendría que estar mirando a mi vecino…, a mi muy atractivo vecino.

Justo cuando mi cita toma impulso, Zavier suelta un estornudo tan escandaloso que nos sobresalta a todos, Asher incluido, y su bola se va directa a la cuneta. Este se vuelve y fulmina con la mirada a Zavier, que se limpia un moco inexistente de la nariz y se disculpa con él.

—Lo siento mucho. De repente, me han entrado ganas de estornudar.

Habrá sido el polvo. —Agita la mano por el aire con indiferencia—.

¿Quieres que te ponga las barreras laterales?

—Zavier se da la vuelta satisfecho con su numerito y, tras sonreír con sorna, se dirige al mostrador para atender a los clientes sin esperar respuesta.

—Qué tío más raro —murmura Asher, y se sienta a mi lado como un niño enrabietado cuando solo consigue derribar tres bolos en su segundo intento.

—Solo le han entrado ganas de estornudar —lo defiendo, a pesar de que sé que ha sido el estornudo más falso del mundo.

—Seguro que tienes más suerte la próxima vez. —Spencer le da una palmadita en la espalda.

El tiempo pasa volando, y seguimos jugando hasta que solo quedan dos rondas.

Por el momento, lo estoy bordando. A pesar de la mala suerte que ha tenido Asher en su primer intento por culpa de Zavier, consigue remontar con muchos plenos y algún que otro semipleno.

Ava va la tercera, y el pobre Spencer termina siendo el último con sus pobres dotes para jugar a los bolos.

Achaca los fallos a las agujetas que tiene del gimnasio, y Ava lo consuela, aunque pone los ojos en blanco con expresión divertida a sus espaldas.

Asher parece un tipo estupendo, y me lo estoy pasando genial con él, aunque algo me falta.

Estoy segura de que podríamos ser muy buenos amigos, pero no hay química.

Puedo sentir la mirada de Zavier en mí durante toda la noche, y tengo que hacer un esfuerzo consciente para retener el temblor que mi cuerpo quiere dejar salir.

No me arriesgo a mirar en su dirección, ya que no estoy segura de lo que yo sería capaz de hacer.

Asher me saca de mis pensamientos cuando hace un gesto hacia los baños, y asiento. En cuanto se marcha, Ava se sienta en la silla que él acaba de dejar libre.

—¿Qué tal os va, tortolitos? —Me da un golpe en el hombro.

—Ava, ¡pero si nos acabamos de conocer!

—¡Parece que os lleváis muy bien! —se defiende, ignorándome—.

Las veces que me he cruzado con él en las reuniones familiares de Spencer siempre ha sido muy dulce conmigo.

Además, si acabáis juntos y yo me caso con Spencer, seremos como cuñadas lejanas.

O algo así. ¡Todo quedaría en familia! —se ríe Ava mientras intenta encontrar la lógica a su propio chiste.