Enamorarse de un vampiro es un caos 7. Celine #2
16%

7. Celine #2

—¿A que es una monada? —Empieza a cotillearle el perfil para enseñarme varias fotos de él en competiciones de natación, posando en el gimnasio para mostrar sus abdominales y dándole mimos a su husky siberiano—.

Le encantan los animales, tiene un cuerpo de infarto y está soltero.

Creo que te lo estoy poniendo muy fácil.

—Fuiste tú la que me arrastró a la discoteca, ¿y ahora quieres organizarme una cita a ciegas? —Me giro despacio en la silla y entorno los ojos hacia ella.

—Habló la señorita que anoche casi tuvo sexo en la pista de baile. —Se me acerca y me da un empujoncito—. No hemos hablado de tu pareja de baile.

Miro con nostalgia por la ventana mientras recuerdo lo que ocurrió. Nuestras respiraciones mezclándose, su cuerpo cálido presionando contra mi espalda y su brazo musculoso sosteniéndome como si fuera algo preciado.

—Fue una lástima que no pudiera verle la cara. —Salgo de mis pensamientos al instante cuando me doy cuenta de que Ava nos estaba mirando—. ¿Le viste?

Juguetea con sus uñas perfectas y me dice:

—Nuestra mesa estaba al fondo, así que no pude ver mucho más allá de vuestras cabezas. Parecía que tenía el pelo oscuro, pero las luces no me ayudaron a identificar de qué tono era exactamente.

Me desplomo en la silla deseando saber algo más de él. Es obvio que no estábamos destinados, ya que soy una fervorosa creyente del orden natural del universo. Mi padre siempre decía que todo ocurre por alguna razón.

—Qué pena. Pero bueno, eso significa que eres libre de aceptar una cita con Asher. —La veo escribir en el móvil, y continúa hablando como si yo le hubiera respondido—. Le voy a pasar tu número.

Con un suspiro, vuelvo a mi ordenador, y ella suelta un gritito de júbilo antes de dirigirse a su mesa contoneando las caderas. Creo que ya va siendo hora de que fiche y me vaya.

—Hablando de cosas más interesantes que mi vida amorosa, como estoy a punto de irme, te comento que voy a pasar por Vex. —Apago el ordenador, recojo mis cosas y me pongo en la cabeza mis gafas de sol de aviador.

Ava me clava los ojos.

—Celine.

La miro de reojo ante su tono.

—Quiero echar un vistazo al lugar de día. Me interesa saber qué tipo de pedidos reciben. Además, no está lejos de mi casa.

Ava frunce el ceño y se le oscurecen los ojos con un nivel de seriedad inusual en ella.

—Por favor, ten cuidado. Si Luna lleva razón sobre lo que ocurre allí, no es un lugar seguro.

Asiento, pero vuelve a agarrarme de la manga del jersey cuando paso por su lado.

—No te olvides de responder a Asher cuando te escriba. —Me guiña un ojo. Frunzo los labios, aunque asiento.

El capitán Barnes me saluda desde su despacho cuando salgo del edificio y me dirijo al pequeño aparcamiento.

Las oficinas están en el centro de la ciudad, así que no hay mucho sitio por los alrededores, pero, al ser empleados, tenemos prioridad.

Cada mañana consigo el mismo hueco, ya que madrugo mucho.

Camino hacia mi Nissan Altima rojo y pulso el botón de desbloqueo del mando. El olor a ciprés, cortesía de mi ambientador, me da la bienvenida cuando me deslizo en el asiento del conductor. Me detengo unos instantes al recordar que es el delicioso aroma del desconocido con el que me topé anoche.

Déjalo ya.

Suelto un suspiro, arranco y me incorporo al tráfico de Chicago. Vex está a quince minutos de la comisaría, así que pongo mi lista de reproducción de los Guns N’ Roses y desconecto.

No estoy muy segura de qué espero encontrar allí. Cuando llegue a casa, tendré que centrarme en los archivos del caso del Asesino del Caos, aunque hay algo en mí que me dice que antes tengo que hacer una parada en Vex, solo por si acaso.

Aparco a una calle de la discoteca y bajo del coche.

Escaneo los alrededores para asegurarme de que no haya nada fuera de lo normal.

No sé por qué, pero últimamente tengo la extraña sensación de que alguien me vigila, pero no soy capaz de encontrar al fantasmal culpable.

Quizá las investigaciones me estén pasando factura.

Cierro la puerta, cruzo la calle en cuanto puedo y me coloco en un hueco que me proporciona una visión decente del estrecho callejón que está al lado de la discoteca.

Pasan dos horas. Es más de lo que pretendía quedarme y el tiempo suficiente para que me empiecen a doler las extremidades y los pies.

Todavía no he visto nada que pueda levantar la más mínima sospecha.

Supongo que esto me pasa por hacerle caso a Luna.

Por lo general, no suelo tomar en serio a ningún civil que me diga algo parecido a lo que ella dejó caer, pero hay algo en esta situación que no me cuadra.

Me aparto de la pared en la que me apoyo, mantengo la cabeza agachada y me subo el cuello de la chaqueta mientras camino lo más rápido posible y en silencio hacia mi coche. El sol empieza a ponerse.

Cuando llego al Nissan, me doy cuenta de que hay un deportivo negro con el motor en marcha aparcado muy cerca. Al principio no le doy importancia, pero, conforme me voy alejando, me doy cuenta de que me está siguiendo.

Me empieza a latir el corazón con fuerza; tengo una sensación muy incómoda, así que piso el acelerador.

Entro en el aparcamiento subterráneo de mi edificio y me aseguro de que el coche que me seguía se quede fuera.

La extraña sensación no me abandona en ningún momento. Mantengo la mano cerca de la pistola que llevo encima cuando me acerco a la puerta de mi apartamento.

Echo un último vistazo rápido al pasillo justo antes de volverme y darme de bruces con una pared dura.

Una pared que me agarra.