Enamorarse de un vampiro es un caos 6. Zavier
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6. Zavier

Zavier

Tener a Celine en mis brazos y verla de cerca es una experiencia mucho más estimulante de lo que me imaginaba.

Necesito hacer acopio de toda mi fuerza de voluntad para no deslizar los colmillos por su cuello y ceder a mis instintos vampíricos. Noto cómo todas las células de mi cuerpo me gritan para que reclame lo que es mío delante de todos y cada uno de los idiotas que se encuentran en esta discoteca.

Sus dedos se aferran a mi cuello con un suave roce y se deslizan por mi pelo.

Cierro los ojos, rezo para que esto no sea un sueño y me concentro en la sensación de su cuerpo pegado al mío.

Cada vez que se restriega contra mi polla me noto al borde del abismo.

Estoy a punto de mandarlo todo a la mierda y arrastrarla lejos de aquí.

Paciencia.

Llevo suficientes siglos en este planeta como para conocer de primera mano el arte de la paciencia, aunque parece que la pierdo con Celine Brennan. La lujuria, la intriga y la obsesión me nublan el cerebro.

Y algo más. Algo primario y vampírico.

Aparto el brazo de su cintura para cogerle un par de mechones y acercármelos al rostro.

Su champú realza su aroma a mora, y su pelo oscuro es tan suave como me imaginaba que sería.

He ido adivinando ciertos rasgos al observarla a distancia, pero, ahora que está a mi lado, puedo ir tachando cada suposición que tenía de ella de mi lista mental.

¿Aroma embriagador? Sí.

¿Unos preciosos ojos de cierva? Sí.

¿Un cuerpo que se amolda al mío a la perfección? Rotundamente sí.

Pero lo único que deseo ahora más que nada en el mundo es conocerla.

Detrás de esos hermosos ojos hay mucha tristeza y soledad que necesito ir desenredando poco a poco.

Sea quien sea la persona que le haya hecho tanto daño lo pagará con creces algún día.

A veces esa tristeza la encuentro reflejada en mi mirada —bueno, eso y mucho aburrimiento—, pero con ella cerca sé que eso pronto cambiará.

Mis dientes le rozan la oreja y me permito probar la fruta prohibida. Sus suaves gemidos me vuelven loco mientras seguimos restregándonos el uno contra el otro. Casi parece que la estoy montando como un perro; no me importaría que me sacase a pasear un día de estos.

Me pregunto si le gusta el bondage . Me fascinaría atarla o que ella desease atarme.

Da igual lo que le ponga, seguro que a mí también. Pienso ofrecerle todo lo que quiera.

Excepto a otro hombre. Mataré a cualquiera que se atreva a tocarla.

—Eres la mujer más hermosa que he visto jamás —flirteo, aunque lo digo en serio. Me comprometo a devolver la chispa de la vida a su alma.

Celine intenta darse la vuelta hacia mí, pero la agarro con fuerza por las caderas y la mantengo apretada contra mi pecho.

Mi lado más egoísta no quiere que se vuelva, que me vea y rompa así la burbuja en la que nos hallamos.

Al menos, aún no. El tiempo no parece estar de nuestra parte: desde una mesa, su amiga de pelo rosa grita su nombre haciendo bocina con las manos.

Apenas consigue amplificar la voz en medio del caos que inunda la discoteca, pero es suficiente para captar la atención de Celine.

Resisto el impulso de evitar que se aparte de mí, pero sé que debo ser paciente.

Por mucho que quiera atarla a mí y no dejarla escapar nunca de mi lado, sé que eso la asustaría.

Necesito que Celine se vuelva tan adicta a mí como yo a ella.

La suelto tras darle una última caricia con los dedos en el rostro y desaparezco.

El resto de los humanos solo notan la ligera brisa que dejo a mi paso.

La observo desde uno de los arcos ocultos entre las sombras, me cruzo de brazos y me apoyo en la estructura.

Veo cómo gira en círculos y entorna los ojos para tratar de encontrar al desconocido con el que estaba bailando hace un segundo, pero sé que no será capaz de localizarme.

Ava vuelva a llamarla, y veo que echa un último vistazo antes de rendirse y dirigirse hacia ella.

Mi plan original no incluía hacer contacto directo con Celine esta noche, pero, al ver a tantos hombres posando su mirada lasciva en ella, me he puesto muy celoso y no me ha quedado otra.

Un trozo de mierda estaba a punto de llegar hasta ella para bailar justo antes de que yo la interceptara.

Ha tenido suerte: solo le he roto la muñeca.

Celine se sienta a la mesa y la observo mientras Ava le cuenta animada algo que ha oído decir a los trabajadores de la discoteca.

Me río para mí mismo porque sé que esta noche estaré muy ocupado.

Parece que Celine tiende de forma natural a ir hacia el peligro, y eso nos convierte en la pareja ideal.