Enamorarse de un vampiro es un caos 5. Celine #3
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5. Celine #3

—Si empiezas así, me piro ya —reitero, aunque termino siguiéndola a través del tumulto de cuerpos sudorosos.

Ella se ríe, me coge de la mano y me arrastra hasta el centro de la pista.

Al principio me quedo allí parada como si fuera un ciervo cegado por los faros de un coche.

Miro a todas partes para tratar de descubrir qué se supone que debería hacer.

Ava parece notar mi nerviosismo, porque empieza a mover la cabeza y a balancear las caderas, antes de mirarme y ofrecerme una expresión tranquilizadora.

La sigo como puedo e intento dejarme llevar un poquito por la música.

Cierro los ojos y me olvido del resto del mundo, menos de la canción.

Me siento mejor tras unos minutos. Quizá sea fruto del tequila, que está haciendo efecto, pero empiezo a pasármelo bien.

—Vamos —dice Ava, acercándose mucho para que pueda oírla por encima de la música—. ¡Es hora de darles un espectáculo!

Nos reímos mientras ponemos las manos en las caderas de la otra y empezamos a movernos al compás de la música.

Sé que lo único que quiere es que disfrute, así que intento centrarme en la canción.

Cuando consigo pillar el ritmo, la música cambia a una pista distinta, más movida, así que empiezo a saltar junto a la gente mientras levanto las manos al aire.

Pillo a Ava sonriéndome cuando me retuerzo a su lado.

La oigo soltar un gritito y aplaudir al ritmo.

Hacía mucho que no me lo pasaba tan bien.

El pelo rubio de Spencer aparece entre la multitud mientras se abre camino hasta nosotras. Trae otra ronda de chupitos que vacío al instante, justo antes de darle las gracias. Intento atraer de nuevo a Ava al centro para que sigamos bailando, pero me rechaza.

—¡Venga! Vete a buscar a un buenorro por ahí. —Sube y baja las cejas mientras le agarra la mano a Spencer y se lo lleva a una mesa.

—¡No olvides a qué hemos venido! —grito por encima del ruido. Ella alza el pulgar en mi dirección, aunque sin llegar a volverse del todo, para indicar que me ha oído.

Me aparto el pelo del rostro y me mezclo de nuevo con la multitud, aunque esta vez me cuesta más.

Seguramente parezca una marioneta loca que solo sabe arrastrar los pies al intentar bailar sola mientras explora la sala.

Cuando estoy a punto de tirar la toalla y largarme de allí, un antebrazo se enrosca alrededor de mi cintura y me empuja hacia un pecho duro.

Suelto un chillido de sorpresa.

—Relájate —musita una voz ronca en mi oído.

Es como si el tiempo se detuviera. Los cuerpos sudorosos que nos rodean se ralentizan, y juraría que he sentido un escalofrío.

Se me eriza el vello de los brazos al percibir la sensualidad de su tono de voz y la fuerza con la que me atrapa contra él me permite notar que tiene los abdominales definidos.

Normalmente, esa orden no surtiría ningún efecto en mí, pero hay algo en su voz que me relaja al instante.

No logro ver quién es el hombre misterioso que me sujeta, no veo nada más allá de sus botas negras y sus vaqueros oscuros, pero de pronto me muero por darme la vuelta. Su aroma a vainilla y ciprés ahumado me envuelve, y lo inhalo con ganas para saborearlo.

Cuando vuelvo en mí y me doy cuenta de la situación, me tenso al instante. Un desconocido me ha capturado y yo estoy olisqueándole como si estuviera chiflada.

Intento apartarme de él, pero me sujeta con fuerza y me respira con suavidad al oído. Me acaricia despacio en un costado para tratar de inducirme un estado de calma. Me ha parecido oír un gemido de recelo cuando he intentado apartarme de él.

—Baila conmigo —me susurra, seductor, junto al oído, y me derrito contra la calidez de su cuerpo—. Te prometo que no muerdo.

Se ríe ante sus propias palabras.

Sé que esto puede parecer inesperado por mi parte, pero hay algo en él que consigue calmarme los nervios.

Ava me ha dicho que me desmadre un poco, y estoy más que empeñada en demostrarle que puedo hacerlo.

Tengo que mantener mi tapadera, ¿no? Alzo un brazo hacia su cuello y puedo sentir unas ondas suaves entre los dedos.

Él vuelve a apretarme cuando le toco y suelta un suspiro de alivio al darse cuenta de que no pretendo apartarme de él.

Cierro los ojos mientras me apoyo en él de espaldas y muevo las caderas contra las suyas. Siento cierta emoción al no saber cómo es físicamente.

Nos balanceamos al ritmo de la música mientras mi hombre misterioso mantiene el brazo izquierdo alrededor de mi cintura y con el otro me aparta el pelo del cuello.

Coloca el rostro al lado del mío y suelta un ruidito de placer cuando comienzo a restregarme contra él.

Noto cómo se me acelera el corazón bajo su roce.

Por la dureza que siento contra el trasero, él está igual de afectado por mí que yo por él.

—Buena chica —ronronea, y se me escapa un gemido suave ante esas palabras. Le agarro el brazo con la mano que tengo libre, porque necesito aferrarme a algo, y me permito sentirme bien por primera vez en mucho tiempo.