Enamorarse de un vampiro es un caos 5. Celine #2
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5. Celine #2

—No lo sabemos. Solo me baso en lo que nos contó Luna.

—Bloqueo el móvil y miro por la ventanilla para admirar el paisaje de la ciudad y el torrente de colores neón.

Sé que este no es el caso en el que debería centrarme.

Ni siquiera se trata de una investigación como tal.

Pero no puedo evitarlo. No me lo he quitado de la cabeza desde que lo mencionó Luna—.

También ha habido casos de mujeres desaparecidas en sus otras discotecas.

No sé cómo lo ha hecho, pero ha conseguido que todas esas desapariciones pasen desapercibidas y ha alegado que han sido desafortunadas casualidades producto de la vida nocturna.

—Spencer suelta un bufido y yo asiento ante su respuesta—.

Supongo que tendrá contactos en las altas esferas si ha conseguido mantenerse al margen del escándalo.

—¿Tenemos alguna foto de él? —A Ava le suena el móvil antes incluso de que termine de hacer esa pregunta, y se ríe al ver lo que le he enviado—. Vaya, no se parece en nada al viejo gruñón y grasiento que esperaba que fuera. De hecho, está bastante bueno.

—¿Debería preocuparme? —Spencer intenta echar un vistazo por encima del hombro hacia la pantalla de Ava sin apartar los ojos de la carretera.

Ella le da un beso en la mejilla y le mira con amor.

—Claro que no, bollito —le dice con sarcasmo. Se vuelve y alza una mano como si fuera a compartir un secreto conmigo, pero lo dice en voz alta—: Aunque esa cantidad de dinero no me vendría mal.

Spencer suelta una carcajada y se detiene justo frente a la discoteca.

—Os dejo aquí mientras voy a buscar aparcamiento. Deseadme suerte.

Me las vuelvo a ingeniar para salir del coche y, en cuanto me pongo de pie, me bajo el vestido para tratar de cubrirme la mayor cantidad de piel posible, que ahora la tengo de gallina por culpa del frío de finales de otoño.

¿Cómo he permitido que Ava me convenciera para ponerme este trapo?

Las luces neón rosas y azules de la discoteca nos iluminan el rostro antes de que nos acerquemos a ella.

Se trata de un edifico histórico que han reformado por completo; merece la pena admirarlo.

Durante el día, jamás habría dicho que fuera una discoteca, a juzgar por los ladrillos blancos y sus imponentes puertas negras.

La fiesta ya ha empezado, y el ritmo de la música electrónica resuena dentro y hacia las calles de la ciudad cada vez que el portero abre la puerta.

Cada ciertos segundos, el brillo de las bolas de discoteca me nubla la visión a través de las vidrieras.

Nos abrimos paso entre la multitud y rodeamos el edificio hasta el final de la cola. Me abrazo con fuerza para retener el calor, aunque conseguimos llegar hasta la puerta en pocos minutos y le enseñamos el carnet al portero. Este nos ofrece un asentimiento silencioso y nos abre.

La estampa que me espera dentro es abrumadora, teniendo en cuenta que prefiero la soledad silenciosa de mi apartamento. Creo que me van a explotar los tímpanos por lo alta que resuena la música por toda la estancia.

La reforma del antiguo edificio se ha llevado a cabo con buen gusto, así que sigue mostrando la belleza original de su arquitectura, aunque al mismo tiempo le aporta un toque moderno.

Los ladrillos blancos de fuera continúan en el interior y reflejan la luz por todo el espacio.

Al subir las escaleras del edificio, se pueden apreciar unos grandes arcos que dan al suelo.

No parecen conducir a ninguna parte, solo son habitaciones vacías para que la gente haga lo que quiera en ellas.

Del techo cuelgan una jaulas con bailarinas vestidas con corpiños y tangas.

La barra es circular y se encuentra en medio de la sala, en lugar de al fondo, contra la pared, como habría supuesto. Varios camareros no paran de apuntar las bebidas y se las sirven al flujo de clientes que se han detenido unos instantes para tomar algo después de darlo todo en la pista de baile.

Veo unas cabinas privadas a lo largo de una pared; hay sombras que se mueven detrás de unas cortinas blancas.

Noto cómo me sonrojo al darme cuenta de lo que está ocurriendo tras ellas.

Me paso una mano por el pelo y me recuerdo por qué he venido antes de comenzar a escanear la sala.

A primera vista, no veo a Damien, aunque tampoco lo esperaba, pero distingo una puerta grande en una esquina que parece conducir a una oficina o algo por el estilo.

Entrecierro los ojos y me doy cuenta de que hay dos guardias de seguridad delante, lo que confirma aún más mis sospechas de que debe de tratarse de una sala importante.

—Spencer me ha dicho que ha encontrado un hueco, pero que está a unas manzanas de aquí, así que llegará en cuanto pueda. —Ava se guarda el móvil, me coge de la mano y me arrastra hacia la barra—. ¿Recuerdas lo que hemos hablado? —Me señala la carta y suspiro antes de volverme hacia la camarera.

—Dos chupitos de tequila, por favor. —La mujer rubia ya nos está sirviendo la bebida antes de que me dé tiempo a terminar la frase.

—Parece que empezamos fuerte hoy. —Ava me sonríe con suficiencia y se frota las manos emocionada.

—¿No eras tú la que ha dicho que tenía que dejarme llevar? Pues para eso primero necesito beber algo.

En cuanto me pone el chupito delante, me lo bebo de un trago y veo cómo Ava me mira con la boca abierta, aunque con orgullo en los ojos.

—¡Toma ya! Así se hace, tía. —Sigue mi ejemplo, golpea la barra con el vasito vacío y empieza a caminar hacia la pista de baile—. Vamos a enseñarle a toda esta gente de lo que estamos hechas. —Empieza a contonearse para indicarme a lo que se refiere.