4. Zavier #2
Apoyo la frente en la puerta y finjo que ella se encuentra al otro lado, a punto de dejarme entrar.
Seguramente me sonreiría con su hermosa boca y se apoyaría en el marco con los ojos marrones brillándole.
Yo no podría resistirme a agarrarla por la cintura y unir sus labios con los míos.
Sus gemidos de placer imaginarios me mandan una orden directa a mi miembro viril y esta vez no puedo contener el gruñido.
—¿Puedo ayudarte? —dice una voz chirriante a mi derecha. Me vuelvo y me encuentro con un chico, que parece no tener más de veintipico, que carga con bolsas de la compra y tiene expresión interrogante.
Me avergüenza que este humano haya conseguido pillarme in fraganti.
Muestro una sonrisa falsa y me meto las manos en los bolsillos para demostrarle que no supongo ninguna amenaza antes de responderle:
—La verdad es que sí. He venido a visitar a mi prima, Celine, pero es un tanto despistada y se ha equivocado al darme la llave. —Espero que esta excusa sirva para explicar que el gruñido que se me ha escapado antes era de frustración, no de lujuria.
El chico asiente y el pelo castaño le cae sobre los ojos.
—Nunca te había visto por aquí, y no recuerdo que Celine haya mencionado jamás a ningún primo. —Noto el escepticismo de su expresión.
—¿En serio? Somos muy cercanos, pero vivo en California, así que no tengo la oportunidad de visitarla a menudo.
—Le tiendo la mano y él me la estrecha de mala gana mientras sujeta la compra con la otra como puede.
Se estremece ante mi roce, y su mirada me indica que sigue sin confiar en mí—.
Trent. —Mentiría si dijera que no le he apretado la mano con más fuerza de la que debería.
A pesar de lo que dicen las historias, los vampiros no destacamos demasiado. Conseguimos mezclarnos entre la gente sin que nadie nos detecte, y por eso suponemos una amenaza tan grande para los humanos.
Pero no importa lo humano que pueda parecer, ya que no lo soy, y algunos consiguen darse cuenta de que dentro de mí se esconde un depredador.
Y este chico parece ser uno de ellos. Lo sé por la forma en que encoge un poco los hombros y echa un vistazo detrás de mí, como si estuviera calculando qué ruta es más rápida en caso de que tenga que salir corriendo para escapar de mí.
No pretendo matarlo, a no ser que termine cometiendo alguna estupidez, así que no tiene de qué preocuparse. Por ahora.
—Encantado de conocerte, Trent. Me llamo Cory.
El cerrojo hace un ruido fuerte cuando gira la llave y empuja la puerta con el hombro para abrirla.
—Deja que te eche una mano.
Me doy prisa para abrirle la puerta y ayudarle con una de las bolsas.
Comienzo a idear un plan en mi cabeza. No me gusta tener que eliminar a seres humanos que no han hecho nada malo, pero a veces es necesario si quiero conseguir mi objetivo.
El hombre de la cafetería hizo algo mal cuando tocó a mi chica.
—Gracias, tío. —Cory entra, y yo sonrío cuando la puerta se cierra detrás de mí con un ligero clic.
—Qué casa tan bonita.
Dejo la bolsa de la compra al lado de la suya en la isla de la cocina y me autoinvito a su salón para echar un vistazo. Puedo notar que le molesta un poco que haya irrumpido así en su espacio personal.
—Sí, me encanta vivir en el centro de la ciudad —responde Cory con indiferencia, con la cabeza metida en el congelador.
Mientras coloca la compra, me dirijo al balcón.
Empujo la puerta de cristal y pongo un pie fuera para apreciar la ciudad que se extiende ante mí.
Me sorprende gratamente descubrir que Celine tiene el balcón justo al lado del que me encuentro.
Si alargo el brazo, casi puedo llegar a tocar la barandilla de metal del suyo.
Una mesa y unas sillas a conjunto muy adorables protagonizan el espacio junto a unas luces enroscadas alrededor de la baranda.
Observo la puerta del balcón y veo que ha colocado un trozo de madera en el riel que impide que los intrusos fuercen la cerradura y entren en su casa.
Chica lista. Aunque eso no me impedirá entrar.
—Oye, no quiero sonar borde, pero ¿te importaría irte? Agradezco mucho tu ayuda, pero van a venir unos amigos dentro de un rato. —Cory señala la puerta con el pulgar por encima del hombro en una clara señal de «vete ya de aquí».
Puedo oler el miedo y la confusión en él. No está seguro de por qué me tiene miedo, pero sabe que lo tiene. No es el humano más estúpido con el que me he topado, pero sí lo es un poco si llega a pensar durante un segundo que voy a tragarme su excusa.
—Sí, claro, qué tonto soy. —Levanto las manos y camino en dirección a la puerta. Me detengo justo cuando paso por su lado y me vuelvo hacia él—. Antes de irme, quería hacerte una última pregunta: ¿hablas a menudo con Celine?
—A veces. —Se pasa una mano por el pelo—. Intenté invitarla a salir, pero es una estrecha. Me rechazó enseguida y no me dio pie a volver a intentarlo, pero no le digas a tu prima que te he contado esto.
—Ajá. —Si Celine rechazó a este tío, debió de ser por una buena razón.
Asiento y vuelvo el cuello para acabar completamente de frente ante Cory.
Una sonrisa fría me curva poco a poco los labios—.
Entonces no me sentiré mal después de hacer esto.
—Tardo menos de un segundo en echar el brazo hacia atrás y darle un puñetazo en la cara por atreverse a decir algo malo sobre ella.
Cory cae al suelo ipso facto .
Le doy una patadita en el pie.
¿Se ha desmayado o…?
No oigo el latido de su corazón.
—Mierda —digo en voz alta irritado. A veces se me olvida que no puedo golpear a los humanos con tanta fuerza—.
Vaya. —Me encojo de hombros—. Parece que acabo de batir un nuevo récord de muertes en menos de veinticuatro horas —reflexiono, observando al exvecino de Celine—.
No pretendía matarte, al menos aún no, pero parece que eso ahora ya no importa.
—Me río para mí mismo—. Como si fueras a responderme.
Me pongo las manos en las caderas con un suspiro y echo un vistazo al apartamento.
—Ahora… —susurro, dando golpecitos en el suelo con el pie—. ¿Cómo me deshago de ti?
No tardo mucho en decidir que la ventana lateral que llega hasta el suelo es mi mejor opción.
No puedo lanzarlo por el balcón a pesar de que me encantaría que Humpty Dumpty tuviera una buena caída hasta el suelo.
Celine ya vio anoche lo que soy capaz de hacer.
No quiero que tenga que ver otro cadáver cuando mire por el balcón.
Lo mejor será que encuentre otra forma de deshacerme de él.
La ventana no se abre y, a pesar de que está hecha de un material que no se rompe con facilidad, todavía no se las ha visto con un vampiro. Reviento el cristal de un puñetazo y miro hacia abajo, hacia los arbustos y árboles recubiertos por sombras, perfectos para ocultar un cuerpo.
Recojo el cuerpo de Cory del suelo y lo llevo a la ventana. Un vistazo rápido me asegura que nadie se encuentra lo suficientemente cerca como para presenciar lo que estoy a punto de hacer.
—Cuidado, no sea que te caigas —digo con una carcajada antes de lanzarlo al vacío.
Segundos más tarde, cuando el sonido de un impacto sordo me llega a los oídos, echo las cortinas. Saco el móvil y le mando un mensaje a uno de mis contactos para que se deshaga del cuerpo y arregle el cristal. No puedo permitir que la policía se entere de esto y alerte a Celine de mis travesuras.
Con un suspiro, me dejo caer en el sofá de cuero negro y apoyo la cabeza contra un cojín. Mi mente comienza a divagar sobre Celine mientras observo el techo, ya que ahora mismo me encuentro justo pared con pared.
Casi como si la hubiera invocado, mi sensible oído detecta el sonido de unos pasos suaves por el pasillo y el tintineo de unas llaves.
Me pongo de pie, echo un vistazo por la mirilla de la puerta y la veo caminar por el pasillo con determinación.
Lleva el móvil pegado a la oreja, y consigo oír la voz de la amiga con la que estaba esta mañana.
Al menos sé que se encontraba dentro del edificio justo antes de que lanzara el cuerpo por la ventana.
—Ava, ya te lo he dicho, esta es una oportunidad de oro para infiltrarnos en la discoteca.
—Celine mete la llave en la cerradura de la puerta y la abre.
Desaparece de mi vista más rápido de lo que me gustaría, ya que llevo sin verla varias horas.
Con un puchero, me dirijo de nuevo al salón para seguir escuchando su conversación.
—Sí, puede que nuestros motivos para salir de fiesta sean distintos, pero no podemos hacer la vista gorda con algo así, y lo sabes. No puedo permitir que secuestren y vendan a mujeres inocentes, si es lo que realmente está ocurriendo.
Ahora sí que me pica la curiosidad, y no puedo evitar echarme hacia delante para ver si consigo descubrir más sobre lo que está hablando.
—Voy a ver qué puedo averiguar sobre el dueño de la discoteca. ¿Nos arreglamos en tu casa? —Oigo un sonido sordo, como si se estuviera quitando la chaqueta, antes de continuar—: Vale. Nos vemos luego. Chao, Aves.
Saco el móvil y busco cualquier tipo de información sobre si han abierto una nueva discoteca en Chicago. Pronto encuentro una noticia que trata sobre la inauguración de Vex mañana por la noche.
¿En qué lío pretendes meterte ahora, Celine?