4. Zavier
Zavier
Celine Brennan.
Mi nueva obsesión, y eso que ella todavía no lo sabe.
La chica por la que estoy matando a un hombre ahora mismo. Lentamente, claro. Me encanta ver cómo sufren.
—¿Por qué haces esto? —me chilla el tipo en cuestión cuando lo aprisiono contra la pared del callejón abandonado al que lo he arrastrado.
Le gotea sangre de las heridas que le he infligido en el abdomen; esta cae sobre la acera sucia y las grietas la absorben.
¿Una planta podrá sobrevivir si la riegan solo con sangre? Tengo que probarlo.
Suspiro para recobrar la paciencia.
—Creo que estoy teniendo un déjà vu . ¿Por qué los humanos siempre soltáis las mismas preguntas? —Hago girar el cuchillo que tengo entre los dedos y me pongo de cuclillas delante de él—. Lucha. Huye. Dame un espectáculo. Haz algo . Sois todos tan aburridos…
A los humanos les encantaría vivir para siempre, pero la inmortalidad puede llegar a ser un rollazo.
—¿De qué hablas? —Le rueda una lágrima solitaria por la mejilla, y yo me burlo con descaro antes de apuñalar la fuente de esta: su ojo izquierdo. Oigo cómo grita y levanta las manos para cubrirse el otro, pero no es eso lo que quiero. Necesito que vea lo que voy a hacer a continuación.
Le agarro las manos y oigo el latido acelerado de su corazón. Parece un conejito asustado que ha caído en mi trampa, justo como quería que estuviera.
—¿Eres más de café o de té? —Al ver la confusión en el ojo que todavía no le he apuñalado, continúo hablando—: A mí no me gusta ninguno de los dos. No los soporto.
Como no me responde, le aprieto las manos hasta que noto que empiezan a crujirle los huesos, lo que le hace soltar un alarido y tartamudear:
—C-café.
Me pregunto qué pensaría si supiera que me estoy conteniendo. Que podría romperle en dos sin más miramientos.
—¡Me lo imaginaba! —Utilizo sus manos para aplaudirme—. Lo cierto es que no me gusta hacer trampas, pero he de decirte que ya sabía cuál iba a ser la respuesta.
Me meto la mano en el bolsillo trasero, saco un teléfono negro y abro la galería de fotos.
Paso varias imágenes de la hermosa criatura que me obsesiona desde anoche y aterrizo en la única incriminatoria.
El móvil ilumina el rostro ensangrentado de mi nuevo amigo cuando se lo muestro, y su único ojo se agranda al ver la pantalla.
—¿Me has estado siguiendo? Pero ¿qué…? ¿Quién eres? —Su cambio de tono provoca que se me acelere mi inexistente corazón.
—Creo que la verdadera pregunta aquí es: ¿qué hacías hablando con ella? —Señalo con el dedo a la belleza de pelo oscuro con la que el cretino habla en la foto.
—Tío, es una chica cualquiera. —Le aprieto más la herida que tiene en el estómago, y él aúlla—.
¡Pensé que estaba buena! Intenté ligármela.
¡No sé! Su amiga me hizo creer que quería liarse conmigo, así que supuse que sería un rollete fácil.
—El hombre echa la cabeza hacia atrás, como si no pudiera soportar el dolor. Débil.
Es un muermo. Tan solo llevo un día siguiendo a Celine Brennan y ya sé que este tío tan patético jamás estaría a su altura.
Me subo las gafas por el puente de la nariz. Siempre se me resbalan.
—¿Pensaste que estaba buena?
Los hombres humanos son una especie asquerosa, y no me importa el hecho de que una vez yo también fuera uno de ellos.
Se me empieza a agotar la paciencia.
—¿Quieres saber lo que yo creo?
Sacude la cabeza lentamente y se desploma. Parece que intenta replegarse sobre sí mismo. Como si eso fuera a servirle de ayuda. Me inclino más hacia él.
—Creo… —le rompo el húmero con el zapato— … que no quiero que una criatura asquerosa como tú… —sus dedos crujen bajo la presión de mi mano— … toque lo que me pertenece.
A estas alturas, el humano está a punto de perder el conocimiento tanto por el dolor como por la pérdida de sangre, lo que significa que ha llegado la hora de finiquitarlo.
Puede que Celine todavía no sepa que es mía, pero pronto lo sabrá, así que no quiero que ninguna basura humana como este tío llegue a pensar que tiene alguna oportunidad con una criatura tan etérea como ella.
—Un ángel tan divino es toda una bendición para tus ojos, y tú no eres más que un trozo de mierda indigno de mirarla.
—Suelto una risita oscura y me empapo del miedo que emana de su cuerpo.
Incluso mi risa ha conseguido que se orine encima.
Jodidamente patético —. ¿Y yo? Yo soy el monstruo que hay bajo tu cama, las sombras que te persiguen allá donde vas.
—Mi aliento roza su rostro mientras continúo—: Y una pesadilla andante que se ha propuesto limpiar toda la mugre de la faz de la tierra.
Me doy prisa en sacarle el otro ojo de la cuenca y le arranco el corazón para silenciar sus gritos.
Hay días en que me deleito con ese sonido, pero hoy me apetece volver a ver a Celine cuanto antes.
Me siento muy mal al no estar cerca de ella.
Como si hubiera perdido algo vital y fuera yo el que terminará sangrando en el suelo si no lo recupero pronto.
Ladeo un poco la cabeza. Esto no me había pasado nunca.
Obsesionarme con una humana. No llego a entender a qué puede deberse.
Tengo mis teorías, pero quizá esté equivocado.
Decido concentrarme en localizarla para tratar de distraerme.
Solo podré volver a respirar con tranquilidad cuando la vea. Hipotéticamente hablando, claro.
En realidad, no necesito oxígeno para sobrevivir.
El charco de sangre me llama la atención, ya que ha empezado a extenderse por el suelo, así que introduzco los dedos en él para dibujar una carita sonriente con colmillos, aunque por desgracia parecen dientes de conejo, pero me da igual, no pienso permitir que nadie se apropie de mi trabajo.
Lanzo el cuerpo a un cubo de basura de metal y me limpio las manos.
Extiendo los brazos para examinarme y sonrío cuando descubro que no me ha caído ni una sola gota de sangre encima.
Satisfecho, me dirijo entonces hacia el apartamento de Celine.
Era más que obvio que, después de la investigación de anoche, seguiría a Celine hasta su casa. Tenía que saber dónde vivía. Mi pequeño cuervo no iba a volar lejos de mí tan fácilmente.
No me cuesta trepar por la valla de alambre que hay al final del camino y salgo a la acera soleada como si no hubiera ocurrido nada.
El viento me azota el cabello rojo, así que inclino la cabeza con un suspiro de felicidad.
Me encanta este clima, ya casi puedo oler cómo se acerca la lluvia.
El frío y el calor no afectan a los vampiros del mismo modo que a los humanos.
A veces echo de menos la verdadera sensación del calor en la piel o los escalofríos que produce el frío. Yo todo lo siento exactamente igual.
Acaricio la fina cadena de plata que llevo colgada al cuello y me permito unos instantes para imaginar cómo sería inhalar el dulce aroma de Celine de cerca.
Cómo sería pasarle la nariz por la clavícula y trazar un camino con la lengua entre sus pechos antes de hincarle los dientes en su cuello delicado.
Esta fijación me está consumiendo. Ya he acosado antes a mis presas, pero Celine no es nada de eso. Es lo más parecido al miedo que he sentido desde que me convertí en vampiro. Si es lo que creo, entonces posee el poder de debilitarme.
Antes de darme cuenta, ya me encuentro delante del edificio de apartamentos de Celine.
Estoy perdiendo la cabeza —o lo que me queda de ella— por culpa de una humana a la que ni siquiera conozco.
No sé en qué me convierte eso, pero tampoco me importaría descubrirlo.
Durante años, lo único que ha llenado mi existencia es dedicarme a matar a aquellos que no valen la pena.
Y ha llegado un punto en el que ni siquiera eso sacia el vacío que siento por dentro.
Pero, desde anoche, Celine ha ocupado un rincón de mi mente, y ese espacio se ha ido volviendo cada vez más y más grande, hasta el punto de que no puedo dejar de pensar en ella.
La palabra «obsesión» ya no consigue describir lo que siento.
Me doy brío para llegar hasta la puerta de hierro forjado y trato de no mostrar lo fácil que me resulta abrirla. He visto que al hombre que ha entrado antes que yo le ha costado por culpa del viento.
Cuando entro en el edificio, decido que para mí será mucho más fácil subir por las escaleras gracias a mi velocidad e ir olfateando cada piso, así que me dirijo hacia ellas.
Llego a la planta veinticuatro en cuestión de segundos y me detengo al instante cuando noto que su aroma azucarado a mora me impacta de lleno, logrando que se me haga la boca agua y que me duelan los colmillos.
He notado ráfagas a medida que avanzaba, como si Celine usara las escaleras de vez en cuando, pero el aroma aquí es más denso, más pesado.
Sigo el rastro de su esencia por el pasillo como un niño en una tienda de chuches y me detengo frente a la puerta 2431.
Es esta.
Una corona de hojas rojas y bayas artificiales adorna la entrada, junto con un pequeño felpudo de bienvenida en el suelo con el diseño de un gato negro que se asoma por la esquina.
No esperaba encontrar algo así; no parece pegar mucho con la personalidad de la detective seria a la que he estado siguiendo desde anoche.
Pero me alegra saber que esconde un lado más suave y que poca gente pueda tener acceso a él.
Doy un paso más y contengo el gemido que se me instala en el pecho cuando inspiro hondo e ingiero toda su esencia.
Noto que me llena por completo y me revitaliza como nunca nada había logrado hacerlo antes, casi siento que me alimenta más que la sangre, a pesar de que esta es esencial para mi supervivencia.