Enamorándome del padre de mi novio (Padres prohibidos nº 3) Lance
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Lance

Me despierto con el cuerpo cálido de Khloe pegado al mío y el zumbido del móvil en la mesita de noche. Las cuatro de la mañana. O una emergencia o noticias del extranjero.

El nombre de Matteo aparece en la pantalla.

—Más vale que sea importante —respondo en voz baja mientras me levanto de la cama para no despertar a Khloe.

—Lo es. Hemos encontrado el rastro del dinero.

Me pongo alerta de inmediato.

—Cuéntame.

—El dinero de Danny salió de una empresa fantasma registrada en Delaware. Veinticinco mil dólares, transferidos tres días antes de que se publicara el artículo.

—¿Quién es el dueño de la empresa fantasma?

—Todavía estamos en ello, pero Lance... la cosa se pone peor. Hemos encontrado al equipo que creó las pruebas falsas. Un grupo profesional en Los Ángeles especializado en crear «pruebas demostrativas» para casos legales.

—¿Pruebas demostrativas?

—Recreaciones de hechos para presentaciones en tribunales. Tienen la tecnología y la experiencia para crear montajes fotográficos impecables, documentos falsos, mensajes digitales inventados.

Voy a mi despacho y cierro la puerta.

—¿Cuánto costó esto?

—Quince mil por las falsificaciones digitales, otros diez por entrega urgente. Esto no fue una chapuza que Danny montó por su cuenta. Alguien con mucha pasta quería hundirte.

—¿Alguna idea de quién?

—Estamos en ello. Pero Lance, hay algo más. Danny ha estado en contacto con más periodistas. El artículo de esta mañana no es el final. Es solo la primera salva.

—¿Qué más está tramando?

—Todavía no lo sabemos. Pero según nuestra vigilancia, ayer volvió a reunirse con Tony Marsh. Parecía que estaban tramando algo gordo.

Tony Marsh. El investigador privado rastrero especializado en inventar trapos sucios sobre familias adineradas.

—Quiero que refuercen la vigilancia de los dos. Las veinticuatro horas del día, los siete días de la semana. Si están tramando más ataques, quiero saberlo antes de que ocurra.

—Ya estamos en ello. Pero Lance, tienes que estar preparado para la posibilidad de que Danny tenga más pruebas fabricadas listas para soltar.

Después de colgar, me quedo sentado en el despacho intentando asimilar todo esto. Alguien pagó veinticinco mil dólares para financiar la campaña de Danny contra nosotros. Alguien que quiere destruirme lo suficiente como para pagar falsificaciones profesionales.

La pregunta es quién y por qué.

Mi teléfono vibra con un mensaje de Jennifer.

Jennifer: He visto las noticias de primera hora. Tenemos que hablar de estrategia. ¿Estás en la oficina hoy?

Lance: En el despacho de casa esta mañana. Ven a las ocho. Trae al equipo de crisis.

Jennifer: Hecho. ¿Cómo lo está llevando Khloe?

Lance: Mejor de lo esperado. Es más fuerte de lo que parece.

Jennifer: Bien. Lo va a necesitar.

Paso las siguientes horas repasando cada relación comercial de los últimos dos años, buscando a alguien con la motivación y los recursos para financiar una operación así.

Competidores a los que gané en proyectos importantes.

Antiguos socios que acabaron mal conmigo.

Cualquiera que pudiera beneficiarse de ver mi reputación por los suelos.

La lista es más larga de lo que me gustaría admitir.

A las ocho de la mañana, mi despacho se ha convertido en un centro de gestión de crisis. Jennifer llega con mi equipo legal, especialistas en relaciones públicas y consultores de seguridad. La mesa del comedor está cubierta de portátiles, documentos e informes.

—¿Qué sabemos? —pregunto mientras me siento a la cabecera de la mesa.

Matteo abre su portátil.

—Todas las pruebas que Danny proporcionó son falsas. Trabajo profesional, pero falso al fin y al cabo.

—¿Cómo podéis demostrarlo?

—De varias formas. Las fotos muestran inconsistencias de iluminación al analizarlas píxel a píxel. Los mensajes de texto contienen metadatos que demuestran que nunca se enviaron. Los registros del hotel usan un formato que no coincide con el sistema de reservas real.

—¿Cuánto tardaréis en preparar un informe completo?

—Puedo tener algo listo para la rueda de prensa de esta tarde.

Sarah, mi especialista en crisis, se inclina hacia delante.

—Tenemos que actuar rápido. La historia se está extendiendo por las redes sociales. Cada hora que esperamos le da más tiempo a la versión de Danny para asentarse en la cabeza de la gente.

—¿Cuál es el impacto en el negocio hasta ahora?

—Dos clientes han cancelado, varias reuniones se han pospuesto. Henderson Group quiere garantías sobre tu estabilidad personal. Los inversores de Eastside están haciendo preguntas.

—¿Es manejable?

—Por ahora. Pero si aparecen más pruebas fabricadas, podríamos ver deserciones mayores.

Richard, mi abogado, interviene.

—Tenemos que hablar de la estrategia legal. Si podemos demostrar que Danny cometió fraude y extorsión, podemos presentar cargos penales.

—¿Qué necesitamos para eso?

—Documentación del rastro del dinero, pruebas de falsificación, indicios de intención de dañar tu reputación para beneficio personal.

—Tenemos todo eso.

—Entonces podemos proceder con la denuncia penal.

Mi teléfono suena. El número de Danny.

—Todos fuera excepto Matteo —digo—. Esto es un asunto de familia.

Salen de la habitación en fila y contesto la llamada.

—Danny.

—Buenos días, papá. ¿Has dormido bien?

Su voz tiene ese tono maníaco otra vez, como si fuera a base de adrenalina y excitación.

—Mejor de lo que dormirás tú cuando te arresten por fraude.

—¿Fraude? Esa es una acusación seria.

—Es un delito grave. Veinticinco mil dólares para financiar falsificación profesional. Fotos manipuladas, mensajes falsos, documentos falsificados. ¿De verdad creíste que no me iba a enterar?

Silencio al otro lado.

—¿Quién te está financiando, Danny? Alguien con mucho dinero quiere destruirme y te está usando a ti para conseguirlo.

—No sé de qué me hablas.

—Empresa fantasma en Delaware. Equipo de falsificación profesional en Los Ángeles. Dinero que jamás podrías conseguir por tu cuenta. ¿Quieres decirme quién está realmente detrás de esto?

—Quizá alguien que cree que hay que pararte los pies.

—¿Pararme los pies de qué? ¿De ser feliz?

—De aprovecharte de mujeres jóvenes vulnerables.

La acusación duele porque sé cómo se ve desde fuera. Hombre mayor, mujer más joven, una diferencia de dinero abismal. Pero cualquiera que pase cinco minutos con Khloe puede ver que no es vulnerable ni que nadie la manipula.

—Me enamoré de alguien extraordinaria. Eso no es ser un depredador.

—Tiene veintidós años, papá. Yo tengo veintiséis. Tiene más edad en común conmigo que contigo.

—La edad no determina la compatibilidad. La madurez, los valores y los objetivos compartidos, sí.

—Estás delirando si crees que esto es amor de verdad.

—Y tú estás amargado porque no supiste ver lo que valía cuando la tenías.

—Sí vi lo que valía. Simplemente no pensé que mereciera la pena destruir mi relación con mi padre por ella.

—Destruiste esa relación tú solo en cuanto decidiste fabricar pruebas contra una mujer inocente.

—¿Inocente? Te sedujo por tu dinero.

—Se enamoró de alguien que la trata bien. Si eso es seducir, entonces toda relación sana es manipulación.

—Lo que te ayude a dormir por las noches. Pero esto no ha terminado, papá.

—En realidad, sí. Rueda de prensa esta tarde con pruebas forenses de que tus pruebas son falsas. Cargos penales presentados antes de que acabe la jornada. Investigación financiera que expondrá a quien te esté financiando.

—Buena suerte con eso.

—No necesito suerte. Tengo los hechos.

Danny se ríe, pero suena forzado.

—Los hechos se pueden interpretar de muchas maneras.

—Estos no. No cuando demuestran un fraude.

—Ya veremos.

Cuelga y me quedo mirando el teléfono. La confianza de Danny me inquieta. Sabe que lo he pillado, sabe que voy a dejar en evidencia que sus pruebas son falsas, pero sigue actuando como si le quedaran cartas en la manga.

Lo que significa que quien lo financia lo ha convencido de que esta guerra todavía se puede ganar.

Matteo vuelve a entrar.

—¿Cómo sonaba?

—Seguro de sí mismo. Demasiado seguro para alguien que está a punto de quedar en evidencia como un farsante.

—Quizá va de farol.

—Puede ser. O puede que quienes lo respaldan tengan más ataques preparados.

—¿Qué quieres hacer?

—Acelerar todo. Adelantar la rueda de prensa al mediodía. Presentar las denuncias penales justo después. Quiero a Danny detenido antes de que pueda soltar lo que esté tramando.

—¿Y la fuente de financiación?

—Prioridad absoluta. Quien esté detrás de esto no va a parar con Danny. Encontrará otra forma de atacarnos si no lo identificamos y lo neutralizamos.

Paso el resto de la mañana coordinando nuestra respuesta. Documentos legales, estrategia mediática, pruebas forenses. A las once, tengo un plan completo para exponer las mentiras de Danny y proteger a Khloe de nuevos ataques.

Pero no puedo quitarme de encima la sensación de que se nos escapa algo. De que la confianza de Danny significa que tiene munición que todavía no hemos descubierto.

Jennifer llama a la puerta del despacho.

—Lance, tenemos un problema.

—¿Qué pasa ahora?

—Tony Marsh acaba de enviar un comunicado a varios medios. Afirma tener más pruebas sobre tu relación con Khloe.

—¿Qué tipo de pruebas?

—No concreta, pero promete «revelaciones impactantes» que «expondrán toda la verdad» sobre vuestra relación.

—¿Cuándo?

—Esta tarde. Justo después de nuestra rueda de prensa.

Me recuesto en la silla, asimilando la información. Danny y Marsh están planeando un ataque coordinado. Nosotros demostramos que su primera tanda de pruebas es falsa, y ellos lanzan una segunda para enturbiar las aguas y mantener vivo el escándalo.

—¿Qué recomiendas?

—Ceñirnos al plan. Demostramos que la primera tanda es falsa y luego nos ocupamos de lo que suelten después.

—¿Y si la segunda tanda es más sofisticada? ¿Y si han aprendido de sus errores?

—Entonces demostramos que eso también es falso. Tarde o temprano, hasta sus partidarios se darán cuenta del patrón.

El móvil me vibra con un mensaje de Khloe.

Khloe: Buena suerte en la rueda de prensa. Te quiero.