Khloe
Mi teléfono no deja de vibrar.
Lo cojo sin abrir los ojos, esperando quizás unos mensajes de buenos días. Pero la pantalla muestra diecisiete llamadas perdidas y cuarenta y tres mensajes. Todos en la última hora.
—¿Qué demonios? —murmuro, incorporándome en la cama.
El lado de Lance en la cama está vacío, pero aún tibio. Oigo su voz desde el despacho, atendiendo ya llamadas de trabajo antes de las siete de la mañana. Este hombre no para nunca, pero me encanta escuchar ese tono autoritario incluso cuando no distingo las palabras.
El primer mensaje me deja helada.
Jess: Mierda, Khloe, llámame YA. No mires nada en internet hasta que hablemos.
El segundo es peor.
Mamá: Tenemos que hablar de lo que estamos viendo en las noticias. Llámanos inmediatamente.
Reviso más mensajes con un pavor creciente. Amigos, conocidos, incluso gente del instituto con la que no he hablado en años. Todos expresan alguna variante de conmoción y preocupación.
Me tiemblan las manos mientras pulso el enlace que me ha enviado Jess.
Seattle Weekly: La cronología secreta de los Van Baars - Nuevas pruebas sugieren una aventura de meses
Las fotos me golpean como un puñetazo. Yo entrando en lo que parece el Hotel Fairmont con Lance, con una marca de tiempo de hace tres meses, cuando todavía estaba con Danny.
Los dos besándonos en un reservado de un restaurante que no reconozco, con fecha de semanas antes de nuestra primera cena de verdad.
Mensajes de texto en los que supuestamente planeo dejar a Danny, llamando a Lance «Papi» de formas que suenan calculadas en vez de íntimas.
Pero nunca he estado en el Fairmont con Lance. Nunca nos besamos en ese restaurante. Nunca envié esos mensajes.
—Esto no es real —susurro al dormitorio vacío.
Pero parece completamente real. Las fotos son impecables, los mensajes de texto coinciden a la perfección con la interfaz de mi móvil, incluso los recibos del hotel llevan mi nombre y lo que parece ser mi tarjeta de crédito.
Sigo bajando por la pantalla, y mi horror crece con cada prueba fabricada. Hay incluso un correo falso en el que supuestamente le pido dinero a Lance para rescindir mi contrato de alquiler antes de tiempo. Otro en el que planeo qué decirle a Danny cuando lo deje.
Nada de esto sucedió. Pero es tan convincente que por un momento empiezo a dudar de mi propia memoria.
Mi teléfono suena. Mamá.
—Khloe Marie Quan —dice, usando mi nombre completo como cuando era niña y me había metido en un lío—. Tu padre y yo acabamos de leer el artículo más inquietante.
—Mamá, no es lo que parece.
—Hay fotos, cariño. Registros de hotel. Mensajes de texto de tu propio teléfono.
—Son falsos. Alguien los inventó.
—¿Cómo se falsifica un recibo de hotel? ¿Cómo se falsifican fotos tan detalladas?
No lo sé. No tengo ni idea de cómo alguien podría crear pruebas tan convincentes, pero sé que no pasó.
—Necesito hablar con Lance —digo.
—Quizá deberías hablar antes con un abogado.
La sugerencia duele. —¿Por qué necesitaría un abogado?
—Porque esto hace que parezca que llevabas meses planeándolo. Que los manipulaste a los dos.
Oigo la decepción en su voz, cómo intenta conciliar a la hija que crió con la mujer de estas fotos fabricadas.
—Mamá, ¿tú crees esto?
La pausa que sigue es desgarradora.
—Ya no sé qué creer.
Cuelga, y me quedo mirando mi teléfono. Mi propia madre no está segura de si estoy diciendo la verdad.
Entra otra llamada inmediatamente. Profesora Martínez.
—Khloe, necesito que vengas hoy para una reunión de emergencia.
—¿Sobre qué?
—La universidad ha recibido múltiples quejas sobre tu relación con un donante importante. Se plantean cuestiones de conducta inapropiada, conflictos de interés, integridad académica.
—Profesora Martínez, esos artículos no son ciertos.
—Puede ser, pero la apariencia de conducta inapropiada es tan dañina como la conducta inapropiada real. Te pongo en período de prueba académico hasta que podamos llevar a cabo una investigación completa.
—¿Período de prueba académico? ¿Por qué? ¿Por salir con alguien después de romper con mi novio?
—Por usar potencialmente relaciones personales para obtener ventajas académicas. La Fundación Van Baars ha hecho donaciones importantes a nuestros programas para niños en riesgo. Programas en los que has estado directamente involucrada.
La ironía es aplastante. El trabajo de la fundación que más me importa ahora lo usan como prueba en mi contra.
—¿Cuánto durará la investigación?
—Semanas, posiblemente meses. ¿Y Khloe? Debo advertirte de que, si estas acusaciones resultan ser ciertas, podrías enfrentarte a la expulsión.
La llamada termina, y siento que me estoy ahogando. Mi familia no me cree. Mi universidad me está castigando. Todo por fotos y documentos que parecen reales pero no lo son.
Me pongo la camisa de vestir de Lance de anoche, porque necesito el consuelo de su aroma envolviéndome, y voy descalza hasta su despacho. Está en una conferencia telefónica, pero en cuanto ve mi cara, la corta de golpe.
—Algo va mal —dice, levantándose de inmediato.
No puedo hablar. Solo le paso mi teléfono con el artículo abierto. Su expresión cambia a medida que va bajando: de confusión a reconocimiento, y luego a una furia fría y controlada.
—Trabajo sofisticado —dice, más para sí mismo que para mí—. Nivel profesional.
—¿Notas que es falso?
—Por supuesto que es falso. Esta foto del hotel tiene inconsistencias en la iluminación. Estos mensajes usan frases que nunca me has escrito. —Deja el teléfono con cuidado—. Alguien ha pagado mucho dinero para crear esto.
—Todos se lo creen. Mis padres, mi profesora, la gente ya está comentando lo zorra manipuladora que soy.
Las palabras crueles de desconocidos en internet no dejan de repetirse en mi cabeza. Cazafortunas. Rompehogares. Zorra.
Lance me atrae hacia su pecho y me dejo caer en su calidez. Huele a colonia cara y café, familiar y seguro en un mundo que de pronto se ha vuelto hostil.
—Arreglaremos esto —dice sin más, mientras me acaricia el pelo.
—¿Cómo? Parece totalmente real.
—Porque lo hicieron expertos. Pero los expertos dejan rastros. Solo necesitamos expertos mejores para encontrarlos.
—¿Y si no podemos demostrar que es falso a tiempo? ¿Y si la gente siempre recuerda esta versión?
—Entonces lo afrontaremos.
Su honestidad es tan tranquilizadora como aterradora. Al menos no me hace promesas que no puede cumplir.
Mi teléfono vibra con un mensaje de un número desconocido.
Desconocido: Vi las noticias. Espero que el dinero de papi haya merecido la pena de destruir a tu familia.
Danny. Tiene que ser él.
Lance ve el mensaje y aprieta la mandíbula.
—Bloquea ese número. No respondas a ningún número que no reconozcas.
Otra vibración. Otro número.
Desconocido: Eres repugnante. Puta cazafortunas.
Y otro más.
Desconocido: Espero que recibas lo que te mereces.
—No van a parar —susurro, bloqueando número tras número mientras los mensajes de odio siguen llegando.
Lance me quita el teléfono de las manos temblorosas y lo apaga del todo.
—Ya basta.
—¿Y si hay llamadas importantes?
—Nada es más importante que protegerte del acoso.
Su instinto protector me envuelve como una armadura. Esto es lo que amo de Lance. Cuando el mundo me supera, él se convierte en mi escudo.
—Tengo miedo —admito.
—Lo sé, nena. Pero no tienes que pasar esto sola.
El cariño en su voz, suave y posesivo, me recuerda que da igual lo que piense el mundo: soy suya. Eso importa más que nada.
Suena el teléfono de la oficina de Lance. Jennifer.
—Tengo que coger esto —dice, sin soltar el brazo que tiene alrededor de mí, mientras contesta—. Seguramente sea para controlar daños.
—Lance, tenemos un problema —dice Jennifer de inmediato—. Henderson Group ha llamado preguntando por la cobertura mediática. Quieren garantías sobre la estabilidad de tu vida personal.
—¿Qué les has dicho?
—Que tu vida personal no afecta a tu capacidad profesional. Pero esto es solo el principio. Cuando salen historias así, todo el mundo quiere distanciarse hasta que pase la tormenta.
Los escucho hablar de qué clientes podrían rescindir contratos, qué reuniones hay que posponer. Las pruebas falsas de Danny no solo me atacan a mí. Amenazan todo lo que Lance ha construido.
—¿Y el trabajo de la fundación? —pregunto en voz baja.
—Varios donantes se han mostrado preocupados —admite Jennifer—. El Fondo de Defensa de los Niños ha suspendido la colaboración a la espera de una revisión.
El trabajo de la fundación. Los niños que necesitan defensores. Las mentiras de Danny también me están arrebatando eso.
Cuando Lance cuelga, se vuelve hacia mí.
—Tengo que ocuparme del tema de los negocios. Pero necesito que te quedes aquí hoy.
—¿Te vas?
—Voy a solucionar esto. Es lo que hago.
—¿Y si no puedes? ¿Y si esto destruye todo lo que hemos construido?
Lance me toma la cara entre las manos y me obliga a mirarlo a los ojos.
—Entonces construiremos algo nuevo. Pero no voy a permitir que Danny te destruya con mentiras.
—¿Aunque te cueste clientes? ¿Aunque la gente siempre te asocie con este escándalo?
—Khloe, llevo treinta años con una carrera de éxito. Puedo sobrevivir a que mi reputación sufra un poco. Lo que no puedo soportar es perderte.
La certeza en su voz me tranquiliza.
—¿Me prometes que volverás?
—Siempre volveré a ti, nena.
Entonces me besa, con suavidad pero posesivo, reclamándome a pesar del caos que nos rodea. Cuando se aparta, me siento más centrada.
—Hay algo más —digo—. La universidad me ha puesto en período de prueba.
La expresión de Lance se endurece.
—¿Por qué?
—Conflicto de intereses. Por las donaciones de la fundación a sus programas.
—Programas en los que has trabajado como voluntaria, no de los que te hayas beneficiado económicamente.
—Da igual. Basta con que parezca que hay algo irregular.
—Entonces no te merecen.
—Pero mi título, mis planes de carrera...
—Se cumplirán en otro sitio si hace falta. Nena, eres brillante y apasionada. Ninguna universidad tiene el monopolio de la educación.
Cuando Lance se va a la oficina, paso el día escondida en nuestro ático mientras mi teléfono apagado permanece en silencio sobre la encimera.
Intento leer, intento trabajar en mi tesis, intento hacer algo productivo.
Pero mi mente no deja de volver a esas fotos fabricadas, esos mensajes falsos, los comentarios que me llaman de todo.
Por la tarde, estoy que me subo por las paredes de los nervios. Enciendo el teléfono solo un momento para ver si hay algún mensaje de Lance o de mi familia.
Mala idea.
Cientos de notificaciones inundan la pantalla. Menciones en redes sociales, alertas de noticias, mensajes de reporteros pidiendo declaraciones. La historia ha trascendido Seattle Weekly. Los portales de cotilleos nacionales se han hecho eco y añaden su propia especulación y sus juicios.
Un titular me revuelve las tripas: «¿Diferencia de edad o manipulación? La inquietante cronología del romance de un multimillonario».
Apago el teléfono otra vez y me acurruco en el lado de la cama de Lance, con la cara hundida en su almohada. El aroma familiar de su colonia me ayuda a calmar el pulso acelerado.
Esto es lo que Danny quería. No solo hacerme daño, sino destruir lo que Lance y yo hemos construido juntos. Que dude de mí misma, de nosotros, de todo.
Pero tumbada aquí en nuestra cama, rodeada de pruebas de la vida que hemos creado juntos, no puedo dudar de la realidad de lo que tenemos.
Danny puede fabricar todas las pruebas falsas que quiera.
Lo que no puede fabricar es cómo Lance me mira, como si yo fuera lo más precioso de su mundo.
No puede falsificar cómo se me acelera el corazón cuando Lance me llama nena.
No puede inventar lo segura y querida que me siento en sus brazos.
La verdadera prueba de nuestra relación no está en fotos ni en mensajes de texto.
Está en cómo Lance me prepara el café exactamente como me gusta cada mañana.
En cómo escucha mis sueños de ayudar a niños olvidados y los hace posibles.
En cómo me abraza cuando tengo miedo y me hace creer que todo saldrá bien.
Danny puede intentar destruirnos con mentiras, pero no puede alcanzar lo que hay de verdad entre nosotros.
Cuando Lance llega a casa esa noche, lo espero en el salón, con la bata de seda que me regaló puesta y más centrada de lo que he estado en todo el día.
—¿Qué tal el día? —pregunto.
—Manejable. Perdimos dos clientes, pero ya andaban buscando excusas para renegociar. El negocio principal sigue sólido.
—¿Y el plan para arreglar esto?
—Expertos forenses para demostrar que las pruebas son falsas, equipo legal para rastrear cómo pagó Danny todo esto, estrategia mediática para controlar el relato.
—¿Cuándo?
—Rueda de prensa mañana por la mañana. Para el mediodía, todo el mundo sabrá que esas fotos y documentos son falsos.
—¿Estás seguro de que funcionará?
Lance se sienta a mi lado y me coge las manos.
—Estoy seguro de que las pruebas son falsas. Que a la gente le importen los hechos una vez que se ha formado una opinión... eso ya es más difícil de predecir.
La honestidad de su respuesta es tranquilizadora y aterradora a partes iguales. Al menos no me promete soluciones fáciles que no existen.
—¿Qué será de nosotros si esto no funciona? ¿Si la gente siempre piensa lo peor?
—Pues lo afrontaremos. Juntos.
—¿Con eso basta?
Lance me atrae hacia su regazo y me acurruco contra su pecho como si ese fuera mi sitio. Que lo es.
—Tiene que bastar. Porque la alternativa es dejar que Danny gane, y eso no pienso permitirlo.
—¿Aunque luchar te cueste todo?
—Khloe, ¿de qué me sirve tenerlo todo si no te tengo a ti?
Esa simple pregunta atraviesa todo mi miedo y mis dudas. Pase lo que pase mañana, piense la gente lo que piense de nosotros, tenemos esto. Nos tenemos el uno al otro.
—Te quiero —susurro contra su cuello.
—Yo también te quiero, nena. Más de lo que las mentiras de Danny podrán alcanzar jamás.
Esa noche, Lance me hace el amor con una ternura desesperada, como si quisiera recordarnos a los dos lo que hay de verdad entre nosotros.
Sus manos adoran mi cuerpo con caricias reverentes, su boca reclama la mía con un calor posesivo, y cuando se mueve dentro de mí, lo hace con una conexión que nadie podría falsificar ni fabricar.
—Eres mía —murmura contra mi oído mientras me deshago bajo él—. Diga lo que diga la gente, eres mía.
—Siempre —respondo sin aliento—. Siempre tuya, papi.
El apelativo cariñoso hace que embista más hondo, que me reclame por completo. Esto es lo real. Esta conexión, este amor, esta certeza absoluta de que estamos hechos el uno para el otro.
Danny puede crear todas las pruebas falsas que quiera. Esto no puede falsificarlo. Y mañana, el mundo descubrirá hasta dónde es capaz de llegar Lance Van Baars para proteger lo que es suyo.