Lance
No duermo.
En vez de eso, permanezco de pie en el dormitorio de mi ático, contemplando el horizonte de Seattle mientras intento calmar mi polla. Sigo duro como el granito pensando en el suave sonido que ella hizo cuando le toqué la cara.
Cómo se inclinó hacia mi mano como si estuviera hambrienta de afecto. Cómo se le entreabrieron los labios cuando le recorrí la boca con el dedo. Cómo me miró como si yo fuera su salvación y no su tentación.
He estado con mujeres hermosas. Mujeres sofisticadas que conocían el juego, que entendían que el sexo y las emociones eran cosas distintas. Mujeres que querían mi dinero, mis contactos, mi estatus.
Pero ninguna me hizo sentir lo que Khloe esta noche. Ninguna me hizo querer quemar el mundo entero solo para mantenerla a salvo.
Renuncio a fingir que podría dormir y me dirijo a mi despacho. El trabajo siempre ha sido mi solución para las complicaciones no deseadas. Construir algo, adquirir algo, controlar algo. Canalizar la energía en productividad.
Pero cuando me siento tras el escritorio, solo puedo pensar en cómo se vería Khloe tendida sobre él. En cómo sonaría gimiendo mi nombre mientras saboreo cada centímetro de su dulce coño.
A la mierda.
Me recuesto en la silla y me bajo la cremallera, liberando mi polla dolorida. Ha pasado demasiado tiempo desde que necesité correrme con tanta desesperación, demasiado tiempo desde que una mujer se me metió bajo la piel de esta manera.
Me rodeo el miembro con la mano y empiezo a acariciarme, pensando en los ojos inocentes de Khloe y en cómo se verían vidriosos de placer. En quitarle ese vestido recatado y descubrir si es tan receptiva como creo. En enseñarle exactamente para qué está hecho su cuerpo.
—Joder —gruño, mientras mi mano se mueve más rápido y la imagino debajo de mí. Esas suaves curvas desnudas y temblorosas, su apretado coñito húmedo y listo para que lo reclame. Me tomaría mi tiempo con ella, la haría correrse con mi lengua antes de dejarla sentir mi polla.
Pensar en enseñarle lo que es el verdadero placer me hace agarrarme con más fuerza. Me la imagino abierta sobre mi escritorio, suplicándome que la folle mientras la provoco solo con la punta. Los sonidos que haría cuando por fin le diera lo que necesita.
El clímax me llega rápido e intenso, con las caderas embistiendo mientras me masturbo con la fantasía de reclamar por completo a la novia de Danny. Con un gruñido gutural me corro y derramo semen caliente sobre mi mano y la alfombra.
El desahogo debería aclararme la cabeza, recordarme por qué esto es territorio peligroso.
En cambio, solo me hace desearla más.
Esto es una locura. He construido un imperio con disciplina y control. No pierdo la cabeza por las mujeres, y menos aún por mujeres que pertenecen a otros.
Solo que Khloe no le pertenece realmente a Danny, ¿verdad? Danny olvidó su aniversario. Danny eligió a sus amigos antes que a ella. Danny la trata como algo prescindible en lugar de como un tesoro.
Danny no la merece. Y he dejado de fingir que sí.
El móvil vibra con un correo de mi investigador privado. Recurro a Matteo para comprobar los antecedentes de posibles socios comerciales, pero esta vez le hice un encargo diferente.
Van Baars - Informe inicial sobre Khloe Quan adjunto. Expediente académico, historial laboral, voluntariado, situación financiera. Sin antecedentes penales, nada sospechoso. Más detalles si los necesita. - M
No debería abrir el archivo adjunto. No debería estar investigando a la novia de mi hijo como si fuera una adquisición empresarial. No debería estar buscando formas de conocerla mejor, de entenderla a fondo.
Lo abro de todos modos.
El informe confirma todo lo que observé anoche.
Khloe es extraordinaria. Matrícula de honor cada semestre, amplio historial de voluntariado, recomendaciones brillantes de profesores y supervisores.
Además de hacer voluntariado, trabaja a tiempo parcial en una librería infantil para pagarse los estudios, vive con modestia y envía dinero a casa para ayudar a sus padres.
Es exactamente lo que pensé. Brillante, compasiva, dedicada a hacer del mundo un lugar mejor. Todo lo que mi hijo no merece y, por lo visto, no aprecia.
La sección financiera me hierve la sangre.
Está pasándolas canutas. Préstamos estudiantiles, trabajo a tiempo parcial que apenas cubre los gastos, un piso en un edificio donde no alojaría ni a mi personal de mantenimiento.
Lleva vestidos de tiendas de saldo y estira cada dólar mientras Danny gasta mi dinero en equipos de videojuegos y copas en el bar.
Antes de poder pensarlo mejor, le envío un mensaje. Gracias por una velada encantadora. Mereces sentirte valorada todos los días. - L
Me quedo mirando el mensaje después de enviarlo, preguntándome si he cruzado una línea sin retorno.
Pero pensar que ella está pasando apuros económicos mientras Danny malgasta mi dinero me hace apretar la mandíbula.
Alguien debería decirle que merece algo mejor.
Alguien debería asegurarse de que conozca su propio valor.
***
El resto de la noche transcurre entre planes inquietos.
Me ducho, me pongo mi traje gris carbón de siempre y conduzco por las calles de Seattle antes del amanecer hasta mi oficina en el centro.
La ciudad está tranquila a esta hora, solo camiones de reparto y madrugadores que empiezan su jornada.
Prefiero estas horas de la mañana, cuando puedo pensar sin interrupciones.
Para cuando llego a la planta treinta y dos de mi edificio, he tomado varias decisiones sobre Khloe. Ninguna es particularmente ética. Todas me parecen inevitables.
Me acomodo tras el escritorio con el informe de investigación desplegado frente a mí y tomo notas en los márgenes. Solicitudes de ayuda financiera. Registros de trabajo y estudio. Requisitos de becas. El retrato de alguien que lo hace todo bien y aun así apenas consigue salir adelante.
Mi asistente Jennifer llega a las ocho y me encuentra todavía en el escritorio con el informe desplegado frente a mí y lo que probablemente es una expresión asesina en el rostro.
—Has llegado temprano —dice mientras deja un café en mi escritorio—. ¿O nunca te fuiste?
—Ambas cosas.
Jennifer lleva diez años trabajando para mí. Conoce mis hábitos, mis estados de ánimo, mis tics. Ahora mismo está estudiando mi rostro con esa expresión que indica que ve algo que le preocupa.
—¿Todo bien? ¿El proyecto de Belltown se cerró sin problemas?
—Bien. El proyecto está bien.
—Entonces, ¿qué pasa? Parece que estuvieras planeando destruir a alguien.
Su perspicacia resulta inquietante. —No estoy planeando destruir a nadie.
—Ajá. —Jennifer coge el informe de investigación antes de que pueda detenerla y echa un vistazo al encabezado—. Khloe Quan. ¿Debería preguntar?
—Es la novia de Danny.
Jennifer arquea las cejas. —¿Danny tiene novia? ¿Desde cuándo?
—Por lo visto, un año.
—Un año, ¿y apenas ahora la mandas investigar? —Jennifer se sienta frente a mi escritorio, claramente dispuesta a mantener una conversación que no quiero tener—. ¿Qué pasó?
—Danny la dejó plantada anoche. Su aniversario. La encontré en Chez Laurent, sola.
—¿Y?
—Y cené con ella.
El silencio que sigue está cargado de los pensamientos no expresados de Jennifer. Conoce a Danny desde que tenía dieciséis años. Lo ha visto decepcionarme una y otra vez, ha visto cómo desperdicia cada oportunidad que le he dado. También me conoce lo bastante bien para saber cuándo quiero algo.
—Es extraordinaria —digo finalmente.
—Se nota en su expediente. Excelencia académica, trabajo voluntario, buena familia. Todo lo que Danny no es.
—Exactamente.
—Entonces, ¿qué piensas hacer al respecto?
La pregunta que llevo evitando toda la noche. ¿Qué voy a hacer? La respuesta ética es nada. Mantenerme alejado, dejar que Danny espabile o la pierda por su propia estupidez, respetar los límites.
Pero no construí un imperio siendo ético con lo que quería.
—Quiero volver a verla.
—Lance. —La voz de Jennifer lleva una advertencia—. Es la novia de tu hijo.
—Mi hijo olvida su aniversario y la deja tirada para irse a beber con los amigos. Mi hijo critica su vocación y la trata como si tuviera que estar agradecida por las migajas de atención que le da.
—Tu hijo es un idiota. Eso ya lo sabemos. Pero sigue siendo su novia.
—Por ahora.
Las palabras quedan suspendidas en el aire entre nosotros. Jennifer ve exactamente lo que estoy pensando, exactamente lo que estoy planeando. Ve las ganas que ya no puedo ocultar.
—Esto es mala idea —dice en voz baja.
—Lo sé.
—Podrías destruir tu relación con Danny.
—¿Qué relación? Aparece cuando necesita dinero, ignora mis llamadas el resto del tiempo y trata cada conversación como un incordio.
—Sigue siendo tu hijo.
—Y ella sigue desperdiciándose con él. —Me recuesto en la silla, con la decisión tomada—. Quiero que organices una reunión. Esta tarde.
—¿Una reunión?
—Profesional. Con un propósito comercial legítimo. Estoy pensando en ampliar nuestros programas de acción social. Iniciativas educativas, financiación de actividades extraescolares. Voy a necesitar una consultora.
La sonrisa de Jennifer es cómplice. —¿Una consultora con un máster en Educación Infantil?
—Exactamente.
—¿Y si Danny se opone?
—Danny tuvo su oportunidad. Puede oponerse todo lo que quiera, pero no puede obligarla a quedarse con alguien que no la valora.
—Esto podría complicarse.
—Las mejores adquisiciones suelen serlo.
Jennifer niega con la cabeza, pero ya está sacando el portátil. —¿Qué quieres que organice?
—Una reunión. Sala de conferencias, entorno profesional. Quiero hablar de financiación para programas de menores en riesgo.
—¿Y después?
—Después, veremos si es tan lista como creo. Lo bastante lista para reconocer una oportunidad cuando se le presenta.
Jennifer teclea rápidamente, ya redactando el correo que traerá a Khloe de vuelta a mi órbita. —Para que lo sepas, Danny no la merece. Por lo que pone en este expediente, podría aspirar a mucho más.
—Podría.
—Alguien mayor, más asentado, que sepa valorar lo que ella aporta.
—Alguien así, sí.
—Alguien que no olvidaría su aniversario ni la dejaría tirada por irse con los amigos.
—Desde luego.
Jennifer pulsa enviar y me mira. —La reunión está fijada para las dos. Sala de conferencias, entorno profesional, asunto de negocios legítimo.
—Perfecto.
—¿Lance?
—¿Sí?
—Intenta no seducir a la novia de tu hijo en la sala de conferencias.
Me recuesto en la silla, ya planeando exactamente cómo voy a gestionar esta tarde.
Cómo voy a sentarme frente a ella en mi sala de juntas y fingir que esto va de negocios.
Cómo voy a contenerme cuando lo único que quiero es arrastrarla sobre la mesa y enseñarle lo que se siente cuando un hombre de verdad te presta atención.
—Seré un perfecto caballero.
La risa de Jennifer la acompaña mientras sale del despacho. —Eso es lo que me temo.
A solas de nuevo, vuelvo al expediente de Khloe. Pronto estará sentada frente a mí en mi sala de conferencias. Distancia profesional, negocios legítimos, límites apropiados.
Pero recuerdo cómo respondió a mi caricia anoche, el suave sonido que emitió cuando le rocé el labio. Recuerdo cómo me miró, como si yo fuera alguien a quien merecía la pena desear.
Danny tuvo su oportunidad y la desperdició. Ahora me toca a mí.
Y siempre consigo lo que quiero.