Enamorándome del padre de mi novio (Padres prohibidos nº 3) Khloe
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Khloe

Dentro de mi pequeño estudio, me apoyo contra la puerta e intento asimilar lo que acaba de pasar.

He cenado con el padre de Danny. No una simple conversación cortés mientras picábamos algo, sino una cena de verdad. Dos horas hablando de cosas que realmente me importan, con alguien que escuchaba como si mis palabras tuvieran valor.

El contraste me sacude mientras echo un vistazo a mi espacio diminuto.

Muebles de segunda mano, libros de texto apilados en cada superficie, el olor persistente de la comida de mi vecino colándose por las paredes finas.

Hace una hora, estaba sentada en el restaurante más exclusivo de Seattle, hablando con un hombre que me hizo sentir que mis sueños de ayudar a niños olvidados no eran idealismo ingenuo, sino algo importante.

Mi teléfono vibra sobre la encimera donde lo dejé.

Danny: ¿Dónde estás? Intenté llamarDanny: Pensé que a lo mejor te apetecía quedar ya que lo de la cena se fastidióDanny: ¿Hola? ¿En serio estás enfadada por lo de esta noche?

Me quedo mirando los mensajes, asimilando cómo descarta sin más todo lo que ha pasado esta noche. Quiere saber si me apetece quedar. No entiende por qué podría estar molesta. Como si olvidar nuestro aniversario fuera un simple problema de agenda.

La diferencia entre cómo me habló Lance y cómo me escribe Danny es abismal. Lance hacía preguntas y esperaba respuestas. Danny da por hecho las cosas y espera que yo acate.

Mi teléfono suena. El nombre de Danny parpadea en la pantalla.

—Ahí estás —dice cuando contesto—. ¿Dónde te habías metido? Intenté llamarte antes.

—He cenado.

—Genial. ¿Te vienes? Los chicos siguen aquí y vamos a empezar una nueva campaña. Podrías traer algo de picar de camino.

Cierro los ojos.

—Estoy cansada, Danny.

—Venga, no te pongas así. Vale, nos hemos perdido una cena. Podemos salir cuando quieras.

Una cena.

—¿Acaso recuerdas qué era lo de esta noche?

—Sí, lo de nuestro aniversario. Pero en serio, Khloe, estás exagerando. No es como si estuviéramos casados ni nada.

Sus palabras me duelen más de lo que esperaba.

—Claro. No es como si estuviéramos casados.

—Exacto. Así que deja el drama y vente. Te prometo que haremos lo de la cena elegante pronto.

Recuerdo haberme sentado esta noche frente a alguien que preguntó por mi trabajo de tesis. Que quería saber de los niños con los que hago voluntariado. Que me hizo sentir que mis pensamientos importaban.

—Esta noche no puedo.

—¿Cómo que no puedes? Si no tienes nada más que hacer.

¿Cuándo empecé a aceptar esto? ¿Cuándo me convertí en alguien cuyo tiempo no importa, cuyos planes siempre quedan en segundo plano?

—Me voy a dormir.

—Khloe, venga. No te pongas rara. Vente y ya está.

—Buenas noches, Danny.

Cuelgo antes de que pueda responder; me tiemblan un poco las manos. Es la primera vez que le cuelgo. La primera vez que le digo que no sin ofrecer una alternativa.

Es aterrador y liberador a la vez.

Camino hacia mi pequeña cocineta y me sirvo un vaso de agua, intentando calmarme. Mi reflejo se dibuja en la ventana oscura, y me veo todavía con el vestido azul marino que elegí con tanto cuidado para esta noche. El vestido que se suponía que me haría sentir especial en nuestro aniversario.

Lance lo notó enseguida. Me dijo lo bien que me quedaba. Danny ni se habría dado cuenta aunque me hubiera presentado desnuda.

Mi teléfono vibra con otro mensaje.

Danny: Como quieras. Ven mañana si te apetece. Hay torneo, así que trae comida

Da por hecho que apareceré con comida para su sesión de videojuegos. Ni una palabra sobre haber arruinado nuestro aniversario. La expectativa de que simplemente lo superaré y me pondré a su servicio, como si me lo debiera.

Leo el mensaje tres veces, y cada vez me enfado más. No solo con Danny, sino conmigo misma por haber aceptado este trato durante tanto tiempo. Por poner excusas, por rebajar mis expectativas, por convencerme de que esto era normal.

Por primera vez en el año que llevamos juntos, no respondo al mensaje. No pongo excusas ni suavizo las cosas ni finjo que su comportamiento es aceptable.

En lugar de eso, me pongo el pijama y pienso en la velada que realmente he tenido frente a la que se suponía que iba a tener.

Se suponía que iba a celebrar un año con mi novio. En cambio, no celebré nada mientras él celebraba con amigos que le importan más que yo.

Se suponía que iba a sentirme especial y valorada. En cambio, me sentí olvidada hasta que Lance Van Baars me recordó lo que es tener a alguien que presta atención cuando hablo.

Me siento en mi sofá de segunda mano y repaso la conversación de la cena.

Cómo Lance se inclinó hacia delante cuando hablé de mi trabajo de tesis.

Cómo se le iluminaron los ojos cuando describí el programa extraescolar donde hago voluntariado.

El interés genuino en su voz cuando me hacía más preguntas.

¿Cuándo fue la última vez que Danny me preguntó por mi día y de verdad escuchó la respuesta? ¿Cuándo fue la última vez que mostró interés en mis sueños más allá de decirme que no son realistas?

No me acuerdo.

Mi teléfono sigue en silencio. Danny no me devuelve la llamada para disculparse ni para ver si estoy bien. Seguramente ya se ha olvidado de nuestra conversación, centrado en su partida con amigos que le importan más que su novia de un año.

Debería dolerme más de lo que me duele. Quizá por fin me estoy volviendo insensible a la decepción.

Me cepillo los dientes y me lavo la cara, siguiendo mi rutina nocturna mientras mi mente no deja de volver a Lance.

Cómo se puso de pie cuando entré en el restaurante, como si yo fuera alguien por quien merecía la pena levantarse.

Cómo me retiró la silla y se aseguró de que estuviera cómoda antes de pedir.

El respeto en su voz cuando habló de mi trabajo con niños.

Cortesía básica que me pareció revolucionaria porque llevo mucho tiempo aceptando mucho menos.

En la cama, mirando al techo, me sorprendo pensando en cosas en las que no debería pensar. En lo diferente que es Lance de Danny. En cómo se mueve con seguridad en lugar de con ira defensiva. En cómo habla de construir cosas y crear valor en lugar de quejarse de lo injusto que es todo.

Cómo me hizo sentir vista en lugar de tolerada.

Me doy la vuelta y miro el móvil una vez más. Sigue sin haber nada de Danny. Pero ya no me siento decepcionada. Siento otra cosa, algo que no había sentido en meses.

Alivio.

Alivio de no tener que ir a su apartamento y fingir que me importa su torneo de videojuegos mientras sirvo aperitivos a sus amigos.

Alivio de no tener que consolarle por haberse olvidado de nuestro aniversario.

Alivio de poder estar a solas con mis pensamientos en lugar de ocuparme de sus emociones.

La revelación me sobresalta. ¿Cuándo se convirtió mi relación en algo de lo que me alivia escapar?

Pienso en la pregunta de Lance en el coche. «¿Deberías?», preguntó cuando dije que debería irme. Como si me retara a plantearme si estaba haciendo lo que quería o lo que me sentía obligada a hacer.

Quizás esa sea la verdadera pregunta. ¿Cuánto de mi relación con Danny tiene que ver con lo que quiero y cuánto con lo que creo que debería querer? ¿Sigo con él porque lo quiero o porque es más fácil que admitir que me he estado conformando?

No son pensamientos cómodos. Me hacen cuestionar decisiones que llevo meses tomando, patrones en los que he caído sin darme cuenta.

Pero son pensamientos honestos. Y esta noche, después de sentarme frente a alguien que me trató como si importara, la honestidad me parece más importante que la comodidad.

El móvil vibra una última vez. Un mensaje de un número desconocido.

Desconocido: Gracias por una velada encantadora. Mereces sentirte valorada cada día. - L

Me quedo mirando el mensaje mientras el corazón se me acelera. Lance me ha escrito. De alguna manera consiguió mi número y me ha escrito para decirme que merezco sentirme valorada.

Debería borrarlo. Debería fingir que nunca lo vi. Debería ignorar la calidez que se extiende por mi pecho ante la idea de que él también está pensando en mí.

En cambio, guardo su número y vuelvo a leer el mensaje.

Mereces sentirte valorada cada día.

¿Cuándo fue la última vez que alguien me dijo lo que merezco en vez de aquello por lo que debería estar agradecida?

Tampoco lo recuerdo.

Apago el móvil y cierro los ojos, pero el sueño no llega fácilmente.

Mi mente no deja de revivir momentos de la cena.

La risa de Lance cuando hice una broma sobre la burocracia universitaria.

Cómo asintió con seriedad cuando hablé de los niños que el sistema deja atrás.

Cómo me hizo sentir inteligente en lugar de ingenua.

Pero también surgen otros momentos. Cómo me miró cuando entré en el restaurante, como si mereciera la pena fijarse en mí. Su mano en mi espalda mientras me guiaba al coche, cálida y posesiva. El momento en su BMW cuando me tocó la cara y me llamó hermosa.

El calor se extiende por mi vientre mientras recuerdo su pulgar recorriendo mi labio. El hambre en sus ojos que me hizo sentir deseada de una manera que Danny nunca ha conseguido. El timbre grave de su voz cuando dijo que merecía ser adorada, como si supiera exactamente cómo hacerlo.

Me quedo allí un rato, intentando procesar estos sentimientos nuevos.

La forma en que mi cuerpo respondió a la atención de Lance me resulta extraña, como descubrir una parte de mí que no sabía que existía.

Las caricias de Danny nunca me han hecho sentir tan inquieta, tan hambrienta de algo que ni siquiera sé nombrar.

La comparación me incomoda. No debería estar pensando así en otro hombre, y menos aún en el padre de Danny. Pero no puedo dejar de revivir el momento en que los dedos de Lance rozaron mi mejilla, la forma reverente en que me miró.

Mi mano se desliza por mi cuerpo casi sin darme cuenta, colándose bajo la cintura de mis pantalones cortos de pijama.

Lo he hecho antes, claro, aunque no muy a menudo.

Danny y yo hemos tonteado bastante, pero nunca hemos llegado hasta el final.

Solo caricias y pajas que siempre parecen centrarse en hacerle terminar rápido a él.

Nunca ha parecido especialmente interesado en explorar lo que yo podría querer o necesitar.

Nunca me había sentido especialmente sensual hasta esta noche. Hasta que Lance Van Baars me miró como si fuera algo precioso e hizo que mi cuerpo respondiera de formas que no sabía que podía.

Mis dedos se deslizan entre mi humedad y jadeo al notar lo mojada que estoy solo de pensar en él. En cómo olía a colonia cara y a seguridad. En sus manos fuertes y el cabello entrecano que le da un aire distinguido en lugar de viejo. En cómo me miró como si quisiera hacerme suya.

Encuentro mi clítoris y empiezo a mover los dedos en pequeños círculos, como me he enseñado a mí misma que me gusta, pero esta noche es diferente.

Más intenso. En lugar de la liberación suave que suelo buscar, hay una urgencia creciendo dentro de mí que no reconozco, una desesperación que me hace presionar más fuerte.

Pienso en la voz de Lance llamándome hermosa, en cómo dijo que merecía ser adorada. Imagino esas manos expertas en mi cuerpo, enseñándome cosas que Danny nunca podría. Cómo sus ojos oscuros se clavaron en mi boca, como si quisiera saborearme.

Mi respiración se vuelve entrecortada mientras la presión aumenta; mi mano libre agarra las sábanas.

Imagino a Lance sobre mí, su cabello canoso despeinado, esos ojos intensos pendientes de mi placer en lugar del suyo.

Lo imagino susurrándome que soy perfecta mientras me toca con el mismo cuidado que mostró cuando me acarició la cara.

—Oh —suspiro, y mis caderas se mueven contra mi mano mientras la sensación se intensifica.

Nunca había sentido nada tan poderoso, esta necesidad que me consume y hace que todo mi cuerpo duela de deseo.

El clímax va creciendo lentamente, y luego me golpea como nada que haya experimentado antes.

Mi cuerpo se tensa y se libera, el placer palpitando por todo mi ser mientras ahogo los gritos contra la almohada.

Me contraigo alrededor de mis dedos, pensando en un hombre que apenas conozco pero que deseo con una intensidad aterradora.

Después, me quedo allí recuperando el aliento, con el corazón acelerado por algo más que la liberación física. La culpa me golpea casi de inmediato. Acabo de tocarme pensando en el padre de mi novio. Un hombre que me dobla la edad y que solo estaba siendo amable conmigo porque su hijo la cagó.

Pero bajo la culpa hay algo más. La certeza de que lo que acabo de sentir, lo que Lance me hizo sentir sin siquiera proponérselo, es lo que le ha faltado a mi relación con Danny. No solo físicamente, sino emocionalmente. La sensación de ser verdaderamente deseada, verdaderamente valorada.

Me he estado diciendo que el trato indiferente de Danny es normal, que esperar más es poco realista. Pero esta noche me ha mostrado la diferencia entre conformarse y ser apreciada. Entre alguien que toma lo que quiere y alguien que da lo que necesitas.

Me quedo allí recuperando el aliento, intentando procesar lo que acaba de pasar. Nunca había respondido así a nadie. Nunca había sentido ese tipo de deseo, ese tipo de necesidad.

Esta noche, aunque solo fueran unas horas, pude recordar lo que es que te traten bien. Importarle a alguien. Que te vean como algo más que una conveniencia.

Sentir deseo por primera vez en mi vida.

Y ahora conozco la diferencia entre ser tolerada y ser valorada, entre conformarse y querer algo real.

No estoy segura de poder olvidarlo.