Enamorada del papi de mi mejor amiga (Padres prohibidos nº 2) Samuel #2
79%

Samuel #2

—Solo pensaba en lo mucho que me gusta verte trabajar. Se te forma una pequeña arruga entre las cejas cuando te concentras.

Se toca el entrecejo con timidez.

—¿De verdad?

—Es adorable. Todo en ti es adorable cuando estás en tu elemento.

El cumplido la hace sonreír, pero sigue estudiándome el rostro con la atención que dedica a todo lo importante.

—Hoy hay algo diferente en ti. Diferente para bien, pero diferente.

—Quizá es que estoy feliz. La junta escolar me ha dado la razón, tengo una novia triunfadora, la vida va encajando.

—¿Novia triunfadora?

—Tremendamente triunfadora. Inteligente, guapa, con el valor suficiente para querer a un mecánico testarudo a pesar de lo que piense la gente.

—Para —pero sonríe mientras lo dice—. Esta noche estás especialmente encantador.

—¿Es que un hombre no puede apreciar a la mujer que quiere?

—Claro que sí. Es solo que es una apreciación muy... intensa.

Extiendo el brazo sobre la mesa para cubrirle la mano con la mía y me fijo en la sencilla banda de plata que lleva en el anular derecho. El anillo de su abuela, me contó una vez. Pulido y suave por décadas de uso, ajustado a la perfección a los dedos finos de Dani.

—Aprecio todo de ti —digo mientras le acaricio los nudillos con el pulgar—. Tu inteligencia, tu valentía, tu pésimo gusto con el café.

—Mi gusto con el café no es pésimo.

—Cariño, le echas tanta nata que ya casi no es café.

—Está delicioso.

—Apenas es marrón.

Se ríe, y el sonido llena mi cocina de calidez. Cuando coge el vaso de agua, tomo nota mentalmente de cómo el anillo le entra y le sale con facilidad del dedo. Talla seis, quizá seis y medio.

Más tarde, mientras ella se ducha, me descubro frente a su joyero examinando el anillo más de cerca. Una sencilla banda de plata, nada ostentosa, pero claramente significativa para ella. Lo deslizo en mi bolsillo con el corazón desbocado por la magnitud de lo que estoy planeando.

Mañana lo llevaré a Harry Miller. Para el sábado, tendré un anillo de compromiso a la medida perfecta para la mujer que amo.

La idea me aterroriza y emociona a partes iguales.

***

Esa noche, Kristie llega con comida para llevar de Romano's y la energía concentrada que tiene cuando está planeando algo. Coloca los recipientes sobre la mesa de la cocina con precisión ceremonial antes de sentarse frente a mí.

—Entonces —dice sin preámbulos—, ¿cuándo le vas a pedir matrimonio a Dani?

La pregunta directa me hace atragantarme con la cerveza.

—¿Qué te hace pensar que...?

—Papá, por favor. Llevas días comportándote de forma extraña. Distraído, nervioso, mirando escaparates de joyerías en el centro.

Su sonrisa es triunfante.

—La señora Patterson te vio ayer en Harry Miller. A estas alturas lo sabe todo el pueblo.

—¿Todo el pueblo?

—Tranquilo. Todos están encantados. Ya iba siendo hora, además.

Se inclina hacia delante con aire cómplice.

—Entonces, ¿cuándo es el gran momento?

—El sábado por la noche. Quizás. Si no me acobardo.

—No te vas a acobardar. La quieres, ella te quiere, está cantado.

La confianza de Kristie es contagiosa.

—Pero tengo una sugerencia sobre lo de la talla del anillo.

—¿Tú también sabes de eso?

—Pueblo pequeño, papá. La mujer de Harry Miller comentó que necesitabas coger prestado uno de los anillos de Dani. Supongo que cogiste la banda de plata de la abuela, ¿no?

Asiento con la cabeza, asombrado por la poca privacidad que hay en Cedar Falls.

—Buena elección. Pero hay un problema: va a notar que falta en cualquier momento. Ese anillo no se lo quita nunca, salvo para ducharse.

Kristie saca el móvil y mira la hora.

—Está en su reunión de negocios hasta las ocho. Si vamos ahora, podemos devolverlo antes de que llegue a casa.

—¿Vamos?

—Ahora soy tu cómplice. Esto es demasiado importante como para arruinarlo por cargos de robo de anillos.

Lo absurdo de la situación me hace reír a pesar de los nervios.

—¿Cargos de robo de anillos?

—Era broma, papá. Pero en serio, vamos. La distraigo si hace falta mientras devuelves la prueba del delito.

El trayecto hasta casa de Dani parece una misión encubierta, con Kristie soltando comentarios sobre el protocolo adecuado para las pedidas de mano y sus opiniones sobre la organización de bodas.

Su entusiasmo es contagioso y consigue que esto parezca menos un desastre inminente y más el comienzo de algo maravilloso.

—Sabes que va a decir que sí, ¿verdad? —pregunta Kristie mientras nos detenemos en la entrada de Dani.

—Eso espero.

—Yo lo sé. Esa mujer está loca por ti. Lo está desde que se le averió el coche y te convertiste en su príncipe azul con mono de trabajo.

—¿Príncipe azul con mono de trabajo?

—La rescataste, papá. Arreglaste su coche, arreglaste su vida, le mostraste cómo es el amor de verdad. Por supuesto que se va a casar contigo.

La sencilla confianza en la voz de mi hija me calma un poco la ansiedad. Kristie conoce a Dani tan bien como cualquiera. Si ella cree que esta pedida es pan comido, quizás debería fiarme de su criterio.

Dentro de casa de Dani, devuelvo el anillo con cuidado a su joyero mientras Kristie vigila. Misión cumplida sin que nos pillen.

—Sábado por la noche —dice Kristie mientras volvemos a casa—. ¿Dónde vas a hacerlo?

—En el taller. Ahí es donde empezó todo realmente.

—Perfecto. Con significado pero sin pasarse de elegante. Muy tú.

Sonríe.

—Estoy tan emocionada que no me aguanto. ¡Mi padre se va a casar!

—Todavía no se lo he pedido.

—Detalles. Va a decir que sí, vais a organizar la boda más bonita que Cedar Falls haya visto en su vida, y yo voy a ser la dama de honor más pesada de la historia.

La imagen que pinta —una boda, un futuro que nos incluye a los tres— me llena el pecho de calidez. Esto es lo que quiero. No solo matrimonio, sino familia. No solo a Dani como esposa, sino a todos nosotros decidiendo construir algo permanente y hermoso.

—Gracias —digo mientras aparcamos en la entrada.

—¿Por qué?

—Por apoyar esto. Por aceptar a Dani, por ilusionarte con nuestro futuro en vez de resentirte.

—Papá, verte así de feliz es lo mejor que le ha pasado a nuestra familia desde que murió mamá. ¿Por qué iba a resentirlo?

Sus sencillas palabras me hacen un nudo en la garganta. Mi hija, la persona más importante de mi mundo hasta que llegó Dani, no solo acepta esta relación, sino que la celebra.

—Te quiero, pequeña.

—Yo también te quiero. Ahora ve a llamar a la mujer con la que te vas a casar y deja de ponerte nervioso. Va a salir perfecto.

Mientras veo a Kristie subir las escaleras de un salto, mientras pienso en el anillo que espera en la tienda de Harry Miller, mientras imagino el rostro de Dani cuando le pida que sea mi esposa, sé que mi hija tiene razón.

Va a ser perfecto.

Ojalá llegue ya el sábado.