Tiempo Presente #7
Afuera , añadió Noelle para sus adentros. Para entrar en la guarida del príncipe, había que hacer lo que había hecho Noelle: encontrar a alguien cuya inocencia pudiera ser corrompida por uno de los invitados del príncipe.
—Solo invitan aquí a unos pocos estudiantes de la CU —le recordó Noelle con astucia—. Si te vas ahora, no podrás volver nunca y...
Hizo una pausa para dar efecto.
—Nunca serás popular.
Cuando Henny permaneció en silencio, Noelle lo tomó como un sí y le ofreció de nuevo la pastilla partida.
—Te prometo que no dolerá.
Como si le hubieran dado pie, las puertas principales se abrieron y salió Emerson Andrews. Había sido él quien invitó a Noelle, el que le prometió entrada a la guarida si le conseguía una virgen para follarse.
—¿Ves a ese tío que viene hacia nosotras? Guapo, ¿verdad? Va a ser tu primer amante.
Noelle obligó a Henny a coger la pastilla.
—Tómatela y disfrutarás cada momento, te lo prometo.
Pero Henny seguía vacilando, y Noelle intentó tragarse la impaciencia. Maldita sea, si esta chica salía corriendo...
Emerson las alcanzó entonces, y Noelle supo que ya no había vuelta atrás.
—Hola, E.
Señaló a Henny, que estaba colorada por la forma en que la mirada abiertamente admiradora de Emerson se demoraba en sus pechos.
No se puede culpar al tío , pensó Noelle con indiferencia. La chica sí tenía unas tetas enormes, probablemente copa D.
—E, esta es Chick.
Como era costumbre en todas las fiestas del príncipe, no se daban nombres reales aunque todos se conocían de la universidad.
El tono de Emerson fue bajo y seductor:
—Encantado de conocerte, Chick.
Henny se sonrojó aún más.
Menuda zorra , pensó Noelle. Tanta pose para nada, si en el fondo no era más que otra zorra. Cogió la mano de Henny y obligó a la chica a aceptar la pastilla partida.
Al verlo, Emerson preguntó:
—¿Quieres que te la dé yo, Chick?
Sin esperar respuesta, dio un paso adelante y acarició los labios de Henny con un dedo.
Lentamente, los labios de la chica se abrieron.
Emerson cogió la pastilla de la mano de Henny y se la metió en la boca; como una marioneta, los labios de Henny se cerraron. Un segundo después, se la había tragado.
Emerson esbozó una sonrisa sexy.
—Buena chica.
Le tomó el rostro con ambas manos y depositó un suave beso en sus labios mientras susurraba:
—Voy a follarte aquí mismo, Chick, y te va a encantar que te quite la virginidad.
La única respuesta de Henny fue un escalofrío antes de dejarse caer en sus brazos.
El triunfo le calentó la sangre a Noelle mientras observaba a los dos empezar a besarse, la boca de Henny abriéndose de nuevo cuando Emerson le metió la lengua.
Adiós, virginidad. Mientras Emerson empezaba a desnudar a Henny en medio de la multitud, a Noelle se le ocurrió una idea y sacó impulsivamente el móvil del bolso.
TRES PISOS MÁS ARRIBA , un hombre oculto en las sombras observaba a la multitud bajo su balcón, completamente inadvertido.
Alto, de cabello negro y ojos verdes, era el pecado personificado; cada centímetro de su metro ochenta y tantos parecía diseñado para seducir a las mujeres y hacer que se rindieran a él por completo.
Era el Príncipe de la Oscuridad, y si Fawn hubiera podido verlo en ese momento, quizá se habría aterrorizado ante la frialdad implacable de su mirada.
—¿Fawn se ha ido?
—Sí, señor.
—Bien.
—No es propio de usted preocuparse tanto por uno de nuestros empleados.
—¿Qué puedo decir? —el tono del príncipe era frío—. Es extraordinariamente descuidada.
Igor se permitió una sonrisa.
—Si insiste en engañarse...
—No lo hago.
Pero su tono era más rígido, casi defensivo.
La compostura de su amo se había resquebrajado , notó Igor con satisfacción. Y eso era bueno, porque con los años la personalidad superficial del muchacho parecía haberse apoderado de él cada vez más, hasta el punto de que Igor apenas lograba vislumbrar nada auténtico.
Al principio, había esperado que el Príncipe de la Oscuridad no interfiriera en la relación entre Fawn Cornwall y Grant Bennett. Sin embargo, al ver cómo Fawn volvía a su amo cada vez más humano, Igor decidió que lo mejor para todos era que Fawn volviera a estar soltera.
Otras mujeres podrían ser igual de adecuadas para Grant Bennett, pero para el príncipe, quizá solo existiera Fawn y nadie más.
Aun así, Igor sabía que todavía no era el momento de interferir. Así que cambió de tema, señalando con un gesto a la chica que estaba siendo desvestida junto a la puerta principal.
—Parece demasiado inocente para estar aquí.
Los hombros pétreos del príncipe se alzaron en un breve encogimiento indiferente.
—Fue decisión suya venir aquí, igual que fue decisión suya tragarse todas las mentiras que le contaron.
Su tono era pecaminosamente hermoso, frío y melódico. Era su tono de Príncipe de la Oscuridad , habría dicho Fawn si lo hubiera escuchado.
Igor y el príncipe observaron en silencio cómo la chica más joven caía poco a poco, inexorablemente, en las garras de un invitado depredador.
Por un fugaz instante de fantasía, el Príncipe de la Oscuridad intentó buscar alguna pizca de piedad o misericordia en su corazón por la chica que estaba a punto de tirar su virginidad por la borda a cambio de una promesa vacía.
Pero no encontró ninguna.
Aunque había jurado corregir la injusticia, eso no significaba que fuera a intervenir en incidentes provocados por pura estupidez.
Debajo de él, la chica mayor que había traído a la virgen a su fiesta comenzó a sacar el teléfono, pero antes de que pudiera tomar fotos, su equipo de seguridad ya había entrado en acción: uno para quitarle el teléfono de las manos, otro para sujetarle los brazos a la espalda, y un tercero para explicarle las consecuencias de sus actos.
A Reid le importaban un carajo las historias que la gente inventaba sobre sus fiestas. Para el Príncipe de la Oscuridad, solo existían tres reglas inquebrantables que sus invitados debían obedecer.
Nada de nombres reales.
Nada de pruebas fotográficas.
Nada de desobediencia.
Porque aquel era su dominio, y lo que el príncipe quería, el príncipe lo obtenía.
—¿A qué hora quiere que empecemos con las lecciones? —preguntó Igor.
—Espera media hora y luego haz las rondas como siempre.
ERAN CASI LAS DIEZ de la noche cuando Fawn regresó a la mansión del príncipe, y su amiga medio filipina estaba allí para recibirla junto a las puertas.
—Gracias, Fawn —dijo Paula con alivio.
Fawn le apretó la mano para tranquilizarla.
—La que debería darte las gracias soy yo. De verdad necesito las horas extra de esta noche.
Su sonrisa fue irónica, pero sin rastro de envidia, cuando añadió en tono de broma:
—No como tú.
Como los padres de Paula eran bastante acomodados, en realidad no necesitaba trabajar como criada para el príncipe.
—Si mis padres se salieran con la suya, me habrían hecho renunciar el primer día —Paula puso los ojos en blanco—.
Piensan que estoy loca por querer trabajar como criada, pero oye, soy muy práctica.
El príncipe paga muy bien y las fiestas siempre son interesantes.
¿Por qué iba a elegir un trabajo aburrido a media jornada pudiendo tener esto?
Señaló a los guardias apostados fuera de la puerta como medida de seguridad adicional, todos portando armas de alto calibre.
Paula le dio un abrazo rápido.
—Gracias por cubrirme otra vez. Ya sé que estamos en vacaciones y eso, pero mi novio...
—No hace falta que me expliques nada. Quiero trabajar esta noche.
Paula se rio.
—Entonces estás más loca que yo.
Mientras veía alejarse a Paula, la culpa le remordió la conciencia, y Fawn se preguntó si debería haberle contado que el príncipe le había prohibido venir a trabajar.
Pero si lo hubiera hecho, Paula podría haber retirado la oferta.
Fawn irguió los hombros. Todo va a salir bien , se dijo. Al fin y al cabo, solo quedaban unas pocas horas del turno de noche, y lo único que tenía que hacer era pasar desapercibida, terminar el trabajo de Paula y marcharse sin que nadie supiera que había estado allí.
Buen plan, ¿verdad?
Verdad.
Concluida la conversación consigo misma, Fawn se apresuró a entrar, asegurándose de evitar las rutas que Igor, Noah y Emery solían tomar. Los tres parecían ser los únicos que sabían de su prohibición temporal de trabajar, y mientras ninguno de ellos la viera, estaría a salvo.
Se cambió y se puso el uniforme lo más rápido que pudo, fue directamente a la sala de estar de la casa principal y comenzó a fregar el suelo.
Como era de esperar, estaba lejos de la condición prístina en que lo había dejado antes: las baldosas aparecían salpicadas de vino derramado, vómito y una sustancia cremosa. .. blanca... que prefería no nombrar.
Por suerte, la sala de estar estaba sorprendentemente vacía, lo que permitió a Fawn trabajar con más eficiencia. Fue fregando el suelo sección por sección, y cuando se acercó al final del pasillo donde estaba el estudio del príncipe, lo oyó.
Se le erizó el vello de la nuca.
Entonces lo oyó de nuevo.
Unas risitas ahogadas.
Madre. Mía. Esto. Está. Embrujado.
El personal del turno de noche le había contado que la mansión del príncipe estaba embrujada, y que de vez en cuando se oían carcajadas y gritos surgidos de la nada.
Miró a su alrededor y seguía sola, pero ahora el salón le parecía más imponente y aterrador que nunca.
Los techos altos le daban la sensación de que cualquier cosa podría acechar en las sombras sobre su cabeza, y cuando oyó gritar a una chica, Fawn casi gritó ella también.
Estaba muerta de miedo, pero sabía que no podía ignorarlo sin más. Fawn se obligó a seguir el sonido, avanzando despacio. Por fin llegó a las puertas principales, y entonces vio a una chica sollozando en el suelo, arrastrándose a medias mientras intentaba liberarse de varios hombres.
Fawn empezó a gritar pidiendo ayuda cuando, de repente, una mano le tapó la boca.
El terror se apoderó de ella y empezó a forcejear con todas sus fuerzas.