En tu casa o en Sabina 6. El hombre del traje gris #4
35%

6. El hombre del traje gris #4

Envió la tabla con una nota:

La reducción propuesta alcanza el siete por ciento sin impacto en compromisos existentes. Cualquier reducción adicional requiere decidir qué entregas, controles o líneas de trabajo se modifican.

No ofrecía noches ni fines de semana.

Al llegar a casa abrió el buzón. Dentro había dos folletos, una factura y un sobre blanco.

Reconoció la letra antes de girarlo.

J.

Subió sin abrirlo y, ya en la cocina, rasgó el borde.

Hola. He pasado hace poco por tu barrio y me he acordado de ti. Hace tiempo que no sé nada y me da pena que hayamos terminado así. Si te apetece, podríamos tomar un café y ponernos al día. Sin presión. Espero que estés bien. J.

La primera reacción fue una aceleración en el pecho. La imagen de una cafetería, J. explicando que ahora entendía algunas cosas, ella escuchando una versión que por fin encajara.

Después llegó el cansancio.

Era algo entre la tristeza y la indiferencia: cansancio de imaginar conversaciones que ya conocía antes de que empezaran.

Escribió a C.:

Me ha llegado una carta de J.

¿Una carta de papel?

Sí.

Muy siglo pasado. ¿Estás bien?

Sabina miró la hoja.

No lo sé todavía. No voy a contestar hoy.

Bien.

Nada más.

Dobló la carta y la guardó debajo de unas servilletas de tela. Un mensaje del jefe:

El directivo quiere revisar mañana tus propuestas de reducción. Convoco reunión a primera hora.

No añadió tiempo al calendario para rehacer el Excel.

XI

Los peores pensamientos llegaban entre las cinco y las seis de la mañana.

Sabina abrió los ojos.

5:14.

Desde la calle llegó un ladrido grave. Otro perro contestó con sonidos breves y nerviosos.

El primer pensamiento apareció antes de que terminara el segundo ladrido. Los recortes. La reunión de las nueve.

El siete por ciento frente al quince. El directivo preguntando por qué no podía reducirse más. El jefe hablando de flexibilidad.

Después llegaron el dinero —cuántos meses podría pagar el piso— y la edad: cuarenta y tres años y la sensación de seguir improvisando las decisiones importantes.

Miró otra vez el reloj.

5:21.

Calculó cuánto tiempo le quedaba para dormir y consiguió que pareciera todavía menos.

Sabina apartó el edredón.

Permanecer en la cama había dejado de ser descanso: asistía tumbada a una reunión donde todos sus miedos hablaban a la vez.

Se vistió, bebió agua y salió.

En la calle, un camión descargaba cajas frente al supermercado. Dos empleados colocaban bandejas en la panadería. Un autobús pasó casi vacío.

Sabina caminó sin ruta. El cuerpo hacía algo distinto de sostener pensamientos.

Al llegar al cruce miró el móvil. Había un correo del jefe enviado a las doce y media:

Para mañana, prepara una alternativa que se acerque al quince por ciento.

Ya había preparado la alternativa que consideraba viable.

Bloqueó el teléfono.

La panadería acababa de levantar la persiana. Pidió una barra y un café para llevar.

Al salir se cruzó con la mujer del perro pequeño. El animal se acercó a olisquear la bolsa.

—Perdona. Es que huele el pan.

—No pasa nada.

—Él y el perro del edificio de enfrente se odian desde hace años. O se quieren. No está claro.

—Relación complicada.

—A estas horas no están para matices.

Al entrar en casa, respondió al jefe que mantenía la propuesta del día anterior y que, si querían acercarse al quince por ciento, en la reunión tendrían que decidir qué riesgo asumía dirección.

XII

ASUNTO: Semana del Bienestar. ¡Activa tu lado optimista! 🌈

El mensaje hablaba de resiliencia y actitud positiva en entornos exigentes. La actividad principal era obligatoria:

Viernes, 12:00. Número del optimista: transforma tus quejas en mensajes constructivos.

—Nos recortan horas y ahora quieren que lo llamemos oportunidad —dijo Sabina.

—Yo voy si hay coreografía —respondió la compañera.

El viernes, la sala grande estaba llena de sillas en círculo y pósits. En la pared aparecían tres palabras:

ENERGÍA

OPORTUNIDAD

ACTITUD

La facilitadora pidió que escribieran tres quejas y las reformularan desde aquello que dependía de cada uno.

Sabina anotó:

No llegamos a todas las entregas.

El equipo está cometiendo más errores.

Cada proyecto nuevo se suma a los anteriores.

La facilitadora propuso convertir no tengo tiempo en voy a organizar mejor mis prioridades.

Sabina escribió:

Antes de añadir una entrega, decidir cuál se retrasa, se reduce o se elimina.

—Podrías expresarlo en primera persona —sugirió la facilitadora—. Algo como «puedo gestionar mejor mis prioridades».

—Mis prioridades están claras. Si entra otra cosa, alguna tendrá que salir.

La facilitadora pasó al último ejercicio. Cada persona debía escribir un compromiso y pegarlo bajo uno de los carteles.

La compañera puso:

Cancelar una reunión que podría ser un correo.

Sabina escribió:

No confirmar una prioridad nueva sin decidir cuál se retira, se reduce o se desplaza.

La facilitadora colocó su pósit bajo ACTITUD.

Sabina cogió un folio, escribió DECISIONES y lo pegó a la derecha. Trasladó allí su nota. La compañera movió también la suya y otras tres personas hicieron lo mismo.