En tiempo de juego 1 de marzo
80%

1 de marzo

ISAIAH

Esta mañana Alicia se despertó agitada. Por fortuna, se calmó al verme cerca de su cama, razón por la cual sus padres me rogaron que me quedara en el hospital.

Ha alternado el sueño, aparentemente profundo, con frases confusas o inconexas.

Primero habló de física cuántica y de bolas de nieve de dimensiones apocalípticas.

Luego se obsesionó con que el ascensor de su casa se iba a caer.

Más tarde preguntó por Santiago, insistiendo en que quería verlo.

Y por último aseguró que le había encantado mi cunnilingus .

Un carraspeo a tiempo me salvó de la vergüenza de que sus padres lo oyeran.

Después de ese extraño apunte, pedí revisar al detalle la medicación que le habían pautado.

Al mediodía, entrelazó sus dedos con los míos y no los soltó hasta quedarse dormida. Menos mal, porque yo tenía la vejiga a punto de estallar.

El psiquiatra del hospital ha respaldado la opinión de Elisa: trasladarla a la planta especializada en adicciones del hospital en el que iba a ingresar antes de su peligroso cóctel de fármacos.

Ambos coinciden en que ahora mismo sufre una desconexión tan intensa de la realidad que cree estar soñando, por lo que es necesario mantenerla bajo un estricto control.

Ahora llevo un rato en el pasillo esperando noticias de Marcos. Me envió un mensaje avisándome que me diría algo sobre la carta, pero no hay ni rastro de él en la pantalla, solo mensajes de Carla y Lucía:

Carla: «¿Qué tal está hoy? Muchísimas gracias, te debemos ya varias».

Lucía: «¿Cómo está? ¿Cómo no intuí que esto podía pasar? ¡Gracias! Eres un ángel».

Camino de un lado a otro, haciéndome la misma pregunta.

Sabré recuperar el pulso de una persona, pero emocionalmente no sé una mierda.

El día que la conocí, ya había en sus ojos una luz intermitente, ese parpadeo de quien intenta reponerse, como el destello a intervalos de un faro que alerta de la proximidad de la costa.

Y en lugar de atender esa señal, me perdí entre los confusos datos de mis instrumentos de navegación, preocupado por no errar en la ruta, sin darme cuenta de que hacía tiempo que la luz se había apagado y yo navegaba a oscuras.

Cojo la llamada de Marcos al primer tono.

—Dime.

—En el sobre encontraron el ADN de Alicia, Sergio, Isabel y de dos desconocidos, probablemente personal de correos. En la nota solo aparece el de Alicia y Sergio, así que la probabilidad de que la haya escrito ella es alta.

—¿Podemos fiarnos de esos resultados?

Marcos suspira al otro lado de la línea.

—Sí, Isaiah. En el fondo es una buena noticia, al menos nadie la está amenazando —responde, con un deje de cansancio ante mi desconfianza—. Por cierto, ¿has visto las noticias?

—No. ¿Por qué?

—Han informado sobre la sobredosis de calmantes de la pareja sentimental del hijo de Dalia Castellanos.

Y también han publicado que fue víctima de una sumisión química y de una agresión con arma blanca en enero del año pasado.

Incluso han escrito que la policía espera detener en breve al verdadero culpable de aquel ataque gracias a nuevas pruebas.

—¿La carta?

—No lo sé. Esa información no ha podido salir del inspector.

—Mejor que los medios difundan esa versión. Eso lo presionará para encontrar rápido las fotos que hicieron las mujeres en el pub.

Cuelgo porque Sergio acaba de llegar y tengo que irme. Mi amigo me está mirando con evidente desaprobación.

—No me extraña que a Alicia le haya dado un ataque de pánico; a mí casi me da otro al verte. ¡Ve al baño, aféitate y échate agua en la cara!

—Más tarde. Voy a ver si como algo antes de que llegue Santiago.

—Sigo creyendo que no es buena idea hablar con él.

—Tranquilo, solo voy a explicarle el parte médico de Alicia. Recuerda: no dejes pasar a nadie a la habitación que no sean las personas que la atienden. Tienes los nombres y fotos en el mensaje.

—¿De verdad piensas que el autor de la carta puede presentarse?

—Por si acaso. Luego hablamos. ¡Gracias!

En realidad, pese a lo que les he transmitido a Sergio y a Marcos, estoy haciendo un esfuerzo por no creer que ese tipo exista únicamente en la mente de Alicia.

No solo por los resultados del análisis de la carta, sino porque lo poco que Alicia ha contado a Elisa hasta ahora resulta turbador.

Afirmó no recordar haberse tomado tanta medicación.

Según ella, esa tarde su única intención era dejar de complicarlo todo, algo que puede interpretarse tanto de manera positiva como negativa.

También confesó que antes temía perder el control de su mente, pero que ya no, ahora está segura.

No puede sufrir un desequilibrio mental tan grave si es consciente de ello, ¿verdad?