12 de noviembre
ISAIAH
Marcos lleva un rato metiendo trastos en una caja. Se muda al piso de Carla; algo que esperaba después del anuncio del embarazo.
—¿Seguro que puedes venderle los muebles a tu próximo compañero? —pregunta.
—Seguro, de todas formas, me lo voy a tomar con calma. A lo mejor le cojo gusto a la vida solitaria. Y además va a ser difícil encontrar a alguien tan tocapelotas como tú.
—Me vas a echar de menos —dice riéndose.
—Poco —respondo, aunque ambos sabemos que no es verdad.
Ayer Alicia contestó a mi pregunta sobre el tatuaje del infinito hablando primero de la inmortalidad y luego de un delirio, pero algo en su expresión no me convenció.
Tal vez la rigidez de su sonrisa, la mirada errática o el parpadeo excesivo.
Decidí no insistir, aun sabiendo que cuando llegamos con la ambulancia, ella no estaba tan grave como para sufrir alucinaciones por falta de oxígeno.
Si Marcos sabe algo sobre el tatuaje de Alicia a través de Carla me lo contará, sobre todo si se lo presento como un chisme.
—¿A que no sabías que Alicia tiene un infinito tatuado en la cadera?
—Sí, por la moda de tatuarse a juego —contesta sin levantar la vista, concentrado en meter mi lámpara de diseño en una de las cajas.
—¿A juego con quién?
—Con Roca.
—¡No te lleves mi lámpara italiana! —refunfuño—. ¿Y eso?
—Salieron en Londres. ¡Es mi lámpara!
—Espera… ¿qué?
—Sí. Cuando las compramos en Milán, tú elegiste la marrón y yo la roja.
Intento disimular que casi se me ha desencajado la mandíbula y no precisamente porque Marcos crea que yo elegí esa lámpara tan fea.
—¿Y cómo no me lo habías contado antes? Lo de su relación, digo.
—No sé.
—¿Por qué lo dejaron?
—Por roces en la convivencia. Vivían juntos. Aunque rompieron pocos meses después de que circulara el vídeo. Seguro que eso les influyó.
Marcos sigue intentando encajar la lámpara en la caja y habla sin filtro. En su cabeza solo caben Carla, el bebé y su lámpara favorita, que es la mía.
—¿Qué vídeo?
—El de Roca borracho, saliendo de una discoteca en Madrid. Se hizo viral en las Navidades de 2021. ¿No te enteraste? ¿No te lo conté?
—No tendrías oportunidad; estaba en Alemania.
—Ah... no me acordaba. Roca todavía cree que todo fue una maniobra de Pascual Santolaria para vincular a su madre con algún escándalo en cuanto empezó a despuntar en política.
—¿Santolaria? ¿El presidente del Gobierno?
—El mismo. No es que me caiga bien ese personaje, pero lo que dice Roca suena rebuscado.
—Supongo —concedo para no alargar el tema; hay otro que me interesa más—. Oye, la relación de Santiago y Alicia no terminó mal, ¿no?
—Ahora ya están bien.
—¿Antes no lo estaban?
—Bueno, al principio él se enfadó mucho, y no me extraña. Una tarde llegó al piso y las cosas de Alicia habían desaparecido. Poco después recibió un correo en el que le avisaba que había regresado a España. El pobre pensaba que se casarían y ella ni siquiera se despidió.
Marcos hace una mueca de desagrado, confirmando lo que ya intuía: que no siente simpatía por Alicia. Mete la cabeza en la caja y la vuelve a sacar rápidamente. Me mira como si acabara de percatarse de que ha hablado de más.
—Este tema no se comenta, ¿vale? No le digas nada a Alicia. Si se lo cuenta a Carla, pensará que soy un chismoso.
«Es que lo eres y ahora mismo me viene bien».
—Descuida —le digo para tranquilizarle, mientras le paso el plástico protector, dando ya por perdida mi lámpara.
Quizá pueda sacar algo más de Santiago, un hombre que parece vinculado indirectamente al apuñalamiento de Alicia a través de la aplicación y el tatuaje. Tanteo el terreno:
—Lo poco que traté con Roca cuando su hermano estuvo ingresado me dio la impresión de ser alguien bastante optimista y divertido.
—Sí, yo lo paso muy bien cuando salimos. Además, es muy generoso con sus amigos y un fanático de la Fórmula 1. ¿No te acuerdas de que lo conocí en el circuito de Barcelona, después de que te rajaras?
—Lo recuerdo.
No le expliqué que no podía dejar solo a mi padre en plena crisis de dolor, aunque aquel fuera nuestro último plan antes de que me marchara una temporada a Estados Unidos.
—Eso sí, tiene bastante temperamento y explota cuando las cosas no salen como él quiere; hay que andar con pies de plomo —añade, con un gesto que indica que ya ha presenciado algunas escenas—. No lo llaman Roca solo por su apellido. Es muy inflexible.
Marcos sigue con su caja, ajeno al torbellino que sus palabras han desatado en mi cabeza.
—Marcos, la verdad es que te pregunté por el tatuaje de Alicia porque, cuando la atendí en enero, susurró: «dijo infinito». Como si alguien se lo hubiera dicho poco antes.
Deja de meter videojuegos en la caja y se gira hacia mí.
—¿Y?
—He ido enlazando ideas. Lo que Alicia dijo justo después de ser apuñalada parece tener relación con un tatuaje que comparte con Santiago. Y tú mismo has dicho que él se enfadó mucho tras la ruptura y que tiene carácter. ¿Pudo perder la cabeza?
Marcos abre mucho los ojos, pero yo ya he cogido carrerilla.
—¡Ah! Y Alicia probablemente conoció a su agresor a través de la aplicación de citas que Santiago gestiona. ¿Es posible que perdiera la cabeza?
Marcos suelta una risa seca, sin rastro de humor, y responde:
—¿Estás insinuando que tuvo algo que ver con el apuñalamiento?
—No lo sé. Si no, ¿por qué ella diría «dijo infinito» justo después?
—¡Por mil razones menos retorcidas que esa!
—replica—. Desde un delirio hasta que se acordara de esa relación, o simplemente que el agresor viera el tatuaje y comentara algo.
Además, cuando la atacaron Roca ya salía con Lucía.
Tener genio no lo convierte en un desequilibrado.
¡Y por si se te ha olvidado, hay un hombre imputado!
—Se pasa la mano por la cara y me mira preocupado—.
Lo que me asusta es que hayas llegado a pensar algo tan siniestro y surrealista. ¿Te has vuelto paranoico o son celos?
La lógica de lo que dice Marcos y lo absurdo de la mía me hacen retroceder. Tal vez la reacción de Alicia, cuando le conté lo que dijo, fue natural: se protegía porque no quería hablar de una relación que terminó mal.
—¿Entonces crees que no debería informar a la policía de lo que ella dijo?
—No. No tiene peso legal. Lo único que lograrías es que el juez se enterara de tu relación con Alicia.
Además, sé por Carla que Alicia le desea lo mejor a Roca; de hecho, le alegró mucho saber que salía con Lucía.
Si no quieres complicarle más la vida, déjalo estar.
—Marcos cierra la caja consumando el robo de mi lámpara y remata—: Siendo honesto, creo que el único que está desvariando aquí eres tú.
Céntrate: si te la quieres tirar un tiempo porque te pone ejercer de salvador, como siempre, perfecto, pero no te metas, por favor, en otros agujeros.
—Marcos, a veces eres muy bestia.