21 de enero
ALICIA
El nombre de Nora se repite en bucle en mi cabeza hasta que la voz de mi madre lo interrumpe.
Una enfermera cambia mi suero, pero no abro los ojos.
Escucho a un policía informar a mis padres de que el hombre que acudió a la cita en el pub y con el que yo hablaba por la aplicación no era Íñigo.
Alguien usurpó su identidad en la aplicación, utilizando su foto y datos personales con fines delictivos.
El policía les habla de sumisión química mediante un sedante y de un intento de agresión sexual en mi piso, a donde subí con él desde el pub.
Según el agente, conseguí escapar hasta los soportales, donde me alcanzó y me apuñaló con un cuchillo de mi propia cocina.
Este ataque no puede ser casual. Es la venganza de James por el dolor que le causé el viernes trece de mayo, cuando arrollé con el Porsche a su novia Nora, que iba en bicicleta.
Recuerdo perfectamente su rostro descompuesto en el juicio, justo antes de que el juez ordenara que lo expulsaran de la sala por amenazar con matarme.
No era algo nuevo: ya en las semanas posteriores a la muerte de Nora había recibido algunos mensajes intimidatorios a través de las redes sociales de personas probablemente vinculadas a su entorno.
Permanezco con los ojos cerrados; sé que, en cuanto los abra, me obligarán a recordar, y no quiero.
Si la policía descubre quién me apuñaló, no solo James, que ya sufre por mi culpa, acabará en la cárcel por haber contratado a alguien para matarme, sino que también saldrá a la luz lo ocurrido en Londres.
Solo lo sabe Santi. Hemos logrado mantenerlo en secreto porque sucedió lejos de España y, tras la amenaza de James, el juez prohibió divulgar cualquier información que pudiera identificarme. Incluso se retiró la noticia sobre la muerte de la ciclista.
De todas formas, si lo cuento, ¿quién entendería que llevo meses sin dormir por la muerte de Nora?
Hasta mis amigas lo interpretarían como una autocompasión inmerecida.
Yo sigo viva; ella, no. Y mi dolor es tabú.
Nadie debe saber lo que ocurrió. Por mí, y ahora también por James.
Esa idea se graba a fuego en mi mente, eclipsando cualquier otra.