Capítulo 36
Resulta que no estoy enferma. Solo enamorada.
Addy
La doctora Allens me sonríe. —Hola, Addison. ¿A qué hermano le toca estar herido esta vez?
—En realidad —vacilo—. Esto suena a locura. ¿Sonar loca significa que tengo una enfermedad mental?
La sonrisa de la doctora desaparece de su rostro. —¿Qué ocurre?
—¿Puede hacerme una prueba de esquizofrenia?
Sus ojos se abren de par en par. —¿Esquizofrenia?
—Es hereditaria, ¿verdad?
—Pero tu madre... —se interrumpe—. Ah, Nora por fin te ha hablado de tu padre.
—¿Lo conoció?
Ella asiente.
Quiero interrogarla. Hacerle un millón de preguntas. Pero si conoció a mi padre como paciente, no hay nada que pueda contarme. Con suerte, mamá se abrirá más sobre papá en el futuro.
Quizá lo busque. Nunca antes había querido encontrarlo. Pero desde que me di cuenta de que no me abandonó —se fue para protegerme—, mis sentimientos por él han cambiado.
—Me preocupa haber heredado su enfermedad mental.
—¿Tienes alucinaciones, delirios, lenguaje desorganizado o experimentas un comportamiento catatónico?
—No. A menos que pensar que un jugador de fútbol te quiere sea un delirio —murmuro.
Ella se ríe. —Gage Edwards es un hombre muy sexy.
No pregunto cómo sabe de quién estoy hablando. Esto es Smuggler’s Hideaway. Los rumores corren más rápido de lo que nadan las sirenas. Y las sirenas nadan muy rápido.
Me da una palmadita en el brazo. —Yo no me preocuparía si fuera tú. Si desarrollas alguno de los síntomas anteriores, ponte en contacto conmigo. De lo contrario, vive tu vida. Ama a tu hombre. No lo sueltes.
Amarlo es fácil. Sujetarlo fuerte, por otro lado, no lo es tanto. Especialmente cuando se va.
Le doy las gracias a la doctora Allens por su tiempo antes de salir del hospital hacia mi coche. El punto número uno de mi lista de tareas para «encauzar mi vida» —asegurarme de que no tengo esquizofrenia— ya está tachado.
Pasemos al segundo punto. Arranco el motor para empezar mi trayecto hacia el aeropuerto.
Me tiemblan las manos y siento mariposas en el estómago mientras conduzco. Soy capaz de hacer cosas difíciles, me recuerdo a mí misma. Y reunirme con mi abogada para discutir el contrato con Juliet Ash es una de las cosas más difíciles que haré jamás.
¿Y si Juliet cambia de opinión? ¿Y si después de todo piensa que mi música es un asco? ¿Y si mi abogada no cree que valga la pena representarme? ¿Y si esto es una casualidad? ¿Y si no vuelvo a escribir otra canción buena en mi vida?
Tres horas después, me arrepiento de mi decisión de llevar puesto el traje en el avión. Estoy toda arrugada. Quizá no debería haber me puesto un traje. Quizá debería haber llevado un vestido. Quizá debería dar media vuelta, volver a casa y olvidarme de todo esto.
Suelto un suspiro. Soy capaz de hacer cosas difíciles, me recuerdo.
Un chófer me espera al salir de la terminal. Casi paso por delante de él sin verlo. No esperaba que vinieran a buscarme. Pero probablemente sea bueno que no conduzca yo misma, ya que me tiemblan las manos. Qué demonios, a estas alturas me tiembla todo el cuerpo.
Llegamos a los bufetes de abogados y me quedo con la boca abierta. Soy una chica de pueblo. No estoy acostumbrada a los rascacielos con fachadas de cristal.
Casi espero que la recepcionista diga que no tengo cita. Pero no lo hace. Me acompaña inmediatamente a una sala de conferencias vacía.
Apenas tengo tiempo de sentarme antes de que se abra la puerta.
—¿Addison? Soy Clara White.
Le ofrezco mi mano. —Addy, por favor. Encantada de conocerla.
Se sienta a mi lado. Qué extraño. ¿Cómo vamos a discutir el contrato sentadas una al lado de la otra?
—Ha habido algunas novedades.
Lo sabía. Juliet ha cambiado de opinión. Tiene sentido. ¿Por qué una estrella del pop con su fama querría grabar una de mis canciones?
Me da una palmadita en la mano. —Son buenas noticias.
Arrugo el entrecejo. —¿Son buenas noticias que Juliet me haya descartado?
—¿Descartado? ¿A qué te re...?
La puerta se abre antes de que pueda terminar y entra Juliet Ash. Madre de Dios. Es Juliet Ash.
Ella sonríe. —¿Addison? Tenía muchas ganas de conocerte.
—¿Ah, sí? Quiero decir, es un placer conocerla.
Le ofrezco la mano, pero ella la ignora y me da un abrazo. —Esto es tan emocionante. No veo la hora de empezar.
—¿De empezar?
Clara se aclara la garganta. —Todavía no le he explicado los cambios en el contrato.
—Uy. —Juliet se dirige al otro lado de la mesa y se sienta junto a otra mujer que supongo que es su abogada. Ni siquiera me he dado cuenta de cuándo ha entrado en la sala.
—Escucha, Addy. ¿Addy? —Clara me pone una mano en el brazo—. ¿Me estás escuchando?
—S-s-sí.
—Juliet sigue queriendo grabar tu canción If I Asked. También quiere colaborar en material adicional.
¿Material adicional? ¿Más canciones?
Juliet da palmas. —Tengo el presentimiento de que trabajar juntas va a ser genial. Con tu capacidad para escribir la letra perfecta y mi habilidad para componer música, vamos a hacer magia.
—¿Trabajar juntas? —pregunto.
—Quiero algo más que grabar tus canciones. Quiero escribir contigo.
—¿Conmigo?
—Sí. Haremos campamentos de composición unas cuantas veces al año aquí en Steel City para trabajar en nuestra música.
Clara golpea la mesa con su bolígrafo. —Aún tenemos que pulir los detalles. No aceptaré que mi cliente reciba menos del cincuenta por ciento si sois solo vosotras dos escribiendo juntas.
Juliet asiente. —Naturalmente. Pero Addy debería estar disponible varias semanas cada trimestre.
—¿Aquí en Steel City?
—Aquí es donde hago todo mi trabajo creativo. Nueva York y Hollywood son demasiado ajetreadas. —Arruga la nariz—. Demasiado ruidosas.
Suelto una carcajada. —¿Y Steel City no lo es?
Ella le resta importancia con un gesto. —No te preocupes. Te acostumbrarás a la ciudad. Te la enseñaré. Te llevaré a los mejores restaurantes. A los mejores clubes. Hasta tengo un palco en el estadio de The Seals. Te llevaré a un partido.
Suelto un bufido. —A Gage le encantaría que apareciera en un partido.
—Ah, es verdad. Se me olvidaba que estás saliendo con Gage Edwards. —Suspira—. Eres una chica con suerte.
Arrugo la nariz. —Ya no estamos saliendo.
Se inclina hacia delante. —¿Por qué no? ¿Qué ha pasado? ¿Necesitas un hombro sobre el que llorar? ¿O alguien que te ayude a escribir una canción de ruptura?
Tamborilea con los dedos sobre la mesa. —Nunca cometiste un error en el campo, solo conmigo —canta.
Se me ocurre una frase y la canto antes de darme cuenta de que he abierto la boca. —Fui lo único para lo que no entrenaste para conservar.
Juliet vitorea. —Esta colaboración ya se está saliendo.
—No sé si quiero escribir una canción de ruptura. Todo el mundo sabrá que es sobre Gage.
Ella se encoge de hombros. —¿Y? A Taylor Swift le funciona.
Me quedo boquiabierta. —¿De verdad me acabas de comparar con Taylor Swift?
—Si la canción encaja...
Mi teléfono vibra con un mensaje. —Lo siento. Tengo tres hermanos a los que ayudo a criar. No puedo apagar el teléfono.
Pero no es mi hermano ni una de mis hermanas quien escribe.
Me quedo en Smuggler’s Hideaway la semana que viene para pasar tiempo contigo.
Me aprieto el pecho antes de que el corazón se me escape al galope. Gage lo pilla. Lo entiende. Me ha elegido a mí.
—No creo que vaya a haber ninguna canción de ruptura sobre Gage —murmura Clara.
Me quedo sin aliento. —¿Has leído mi mensaje?
—Soy una cotilla. Qué me vas a decir, ¿denúnciame? Aunque no te lo recomiendo. Soy una especie de tiburón.
Suelto una risita. —Supongo que es bueno que sea mi abogada.
—¿Significa esto que el trato sigue adelante? ¿Quieres colaborar conmigo? —Juliet junta las manos y me parpadea con dulzura.
—Como si hubiera habido alguna duda. Por supuesto que quiero colaborar contigo.
Se pone de pie de un salto. —Dejemos que las abogadas pulan los detalles. Quiero celebrar. Conozco un bar de vinos monísimo.
—¿No deberíamos quedarnos aquí a escuchar a nuestras abogadas?
—Vete —me insta Clara—. Tiburón, ¿recuerdas?
Juliet me levanta de la silla y me empuja hacia la puerta. —Quizá también podamos ver algunos apartamentos. —Mira por encima del hombro—. Asegúrate de incluir un apartamento en Steel City como parte de la compensación de Addy.
Planto los pies. —¿Un apartamento? ¿Estás loca? Ninguno de los paparazzi ha mencionado que estés loca.
Ella suelta una risita. —Es una compensación normal, tonta.
—Confía en mí —grita Clara—. Te conseguiré un ático.
Le hago un saludo militar. —¡Sí, tiburón!
—Estoy más que emocionada. Todavía podríamos escribir esa canción de ruptura sobre Gage. Apuesto a que la canción petaría. Los rumores estallarían y todo el mundo se vería obligado a escuchar la canción para intentar descifrar todos los Easter eggs ocultos.
Juliet parlotea sin parar mientras esperamos los ascensores.
No puedo escuchar más. Estoy demasiado impactada por cómo ha resultado el día.
He empezado esta mañana preocupada por si tenía una enfermedad mental grave.
Y ahora termino el día con planes para recuperar a Gage y mudarme a Steel City.
Donde voy a colaborar con una de las mayores estrellas del pop del mundo.
No puedo esperar a decírselo a Gage. Se va a emocionar. Probablemente más que yo.
Amo a ese hombre y vamos a arreglar las cosas. Siempre y cuando siga eligiéndome y nos convierta en una prioridad.