Capítulo 29
La pizza es mi lenguaje del amor.
Gage
Silbo mientras camino por la entrada hacia la casa de Addy. Hoy ha sido un buen día. El entrenamiento ha ido bien. A Tanner le han echado una bronca monumental; siempre es divertido. Y ahora voy a pasar la tarde —y la noche, si me las apaño— con la mujer que amo.
La puerta se abre antes de que llegue. —¡Gage!
Mila se lanza hacia mí y la cojo con facilidad. —¡El helicóptero!
Le doy un par de vueltas en el aire antes de dejarla en el suelo.
—No había terminado.
Le pellizco la nariz. —La palabra que buscas es «gracias».
—Gracias, Gage. —Levanta los brazos—. Otra vez.
Addy no se equivoca con eso de que su hermana va a destruir el mundo. Es un terremoto. Pero también es un cielo y me encantaría que formara parte de mi familia. La mañana de Navidad con ella sería una pasada.
—¿Dónde está tu hermana?
—¿Cuál? ¿La empollona o tu novia?
—No está bien burlarse de tu hermana por ser una empollona.
—Pero es que es una empollona.
—Y también estoy aquí mismo —grita Penelope desde donde está sentada en el sofá, leyendo un libro. La hermana de Addy siempre está leyendo un libro.
—Hola, Penelope. ¿Qué estás leyendo?
—Es un libro sobre gemas creadas por el hombre. ¿Sabías que los ópalos pueden ser artificiales? Se les llama opalinas.
—¿Te interesa la joyería?
—No. Me interesa descubrir formas en las que podamos detener la peligrosa minería de gemas.
—Buena causa. Cuando yo tenía tu edad, me interesaban los cómics.
—Penelope lee a nivel universitario. Ya ha hecho varias clases universitarias en Coastal State University —dice Addy al entrar en la habitación.
—Debería ser capaz de graduarme con mi título de grado en menos de dos años. Pero no lo haré.
Frunzo el ceño. —¿Por qué no?
—Porque no hay nadie que la lleve a todas las clases a las que tiene que asistir en persona. Hago lo que puedo, pero… —Addy deja la frase en el aire con un encogimiento de hombros.
Y obviamente se siente culpable por no llevar a Penelope a sus clases más a menudo. Lo cual es totalmente absurdo. Sacrifica su tiempo y su energía por sus hermanos. Más de lo que haría cualquier otra persona que conozca. Y, aun así, cree que no está haciendo lo suficiente.
—¿Estás lista para irnos?
Addy se muerde el labio inferior. —Lo siento. Debería haberte avisado. Tengo que cancelar.
—¿Por qué? ¿Qué ha pasado? ¿Está todo bien?
—Mamá ha cogido un turno extra. Otis tiene entrenamiento de fútbol y una fiesta de pizza. No hay nadie que cuide de mis hermanas.
—Puedo cuidarme sola. No necesito niñera —declara Penelope.
Addy se pone las manos en las caderas. —¿Y qué pasó la última vez que te dejé sola con Mila?
—No fue culpa mía.
—¿No fue culpa tuya que Mila encontrara un zorro y decidiera traérselo a casa para convertirlo en su mascota? ¿No fue culpa tuya que el zorro mordiera las tuberías de debajo del fregadero e inundara la cocina? ¿No fue culpa tuya que se meara y cagara por toda la casa?
Me muerdo la lengua para no reírme.
Addy me lanza una mirada fulminante. —Ni se te ocurra reírte.
Levanto las palmas de las manos. —No lo hacía.
—Pero quieres.
Me encojo de hombros. —Tiene su gracia.
—Tiene gracia cuando no tienes que oler orina de zorro. —Arruga la nariz—. Es el olor más asqueroso del mundo, y eso que les he cambiado los pañales a estas dos.
—¡Addy mató a Foxy! —grita Mila.
Addy gruñe. —No maté a Foxy. La devolví a su hábitat natural.
Mila da un pisotón. —Pero era mi amiga.
—Que se cagó por toda la casa —murmura Penelope.
—¿Entiendes ahora por qué no puedo dejar solas a Penelope y a Mila?
Le beso la mejilla. —Lo entiendo.
No me gusta. Pero lo entiendo.
—Podemos quedar otro día.
—No hace falta.
El dolor asoma a sus ojos. —¿No hace falta?
—No hace falta porque no me voy a ninguna parte. Tendremos una noche de Netflix and chill.
Ella gruñe. —Mis hermanas están aquí.
Sonrío. —Lo decía en sentido literal. Veremos una película y nos relajaremos con tus hermanas.
—¡ Frozen ! —grita Mila—. Podemos ver Frozen .
Penelope cierra su libro de golpe. —Otra vez Frozen no. Ya la has visto veintiséis veces.
—¡Mentira!
—¡Verdad!
—¡Que no!
—¡Que sí!
Addy levanta una mano. —Silencio ahora mismo. O nadie toma postre.
—¿Yo tengo postre? Prometo portarme bien. —Le dedico un parpadeo inocente.
Ella resopla. —Tú nunca te portas bien.
—Y te encanta —susurro.
Ella se estremece antes de apartarme. —Promete que te portarás bien o tendrás que marcharte.
Mila corre hacia mí y me rodea las piernas con los brazos. —Por favor, quédate, Gage. No te vayas.
Arqueo una ceja desafiando a Addy. —Supongo que me quedo.
—Está bien. Pero tienes que ayudar con la cena.
—Tengo una idea mejor. —Saco el móvil—. Pediré pizza para todos.
—¡Pizza! —grita Mila. Me suelta las piernas para dar vueltas por el salón. Choca contra la mesa de centro y se caen varios vasos—. ¡Uy!
Addy suspira antes de arrodillarse para recoger los vasos. La aparto suavemente. —Yo me encargo. Tú elige qué tipo de pizza quieres.
—¿No tienes que preocuparte por dar el peso?
—El pesaje semanal ha sido hoy. Lo que significa que hoy es mi día de trampa.
—¿Tienes respuesta para todo?
—Sep. —Le toco la punta de la nariz antes de recoger los vasos y llevarlos a la cocina. Ella me sigue.
—Hablo en serio, Gage. No tienes por qué quedarte. Pasar una noche con mis hermanas no es precisamente glamuroso.
La rodeo con los brazos y la atraigo hacia mí. —No necesito cosas glamurosas. Te necesito a ti.
Se derrite en mis brazos. —Definitivamente tienes respuesta para todo.
Presiono mi boca contra la suya y ella se abre con un suspiro. Introduzco la lengua y gimo cuando percibo su sabor. No importa cuántas veces la saboree; cada vez se siente como si fuera la primera. Nunca tendré suficiente de ella.
Aferra mis hombros y sus uñas se clavan en mi piel. Yo—
—¿Qué estáis haciendo? —pregunta Mila y me separo bruscamente de Addy.
—Ehm… —Los ojos castaño claro de Addy se llenan de pánico—. Estábamos…
—Estabais haciendo lo mismo que hace Otis con sus chicas.
Addy suelta un quejido. —¿Otis tiene chicas? ¿En plural?
—¿Por qué no pido la pizza? ¿A todos os parece bien con piña?
Addy me mira con odio. —Odio la piña en la pizza. Debería ser ilegal.
Suelto una carcajada. Puede mirarme todo lo que quiera. Al menos ya no está preocupada por su hermano pequeño.
Todos me dan su lista de deseos y pido la pizza. —Llegará en quince minutos. Ahora… —Me froto las manos—. ¿Qué película vamos a ver mientras comemos?
Addy frunce los labios. —No se come en el salón.
Le aprieto la cadera. —Es viernes noche. Hagamos una excepción. Ayudaré a limpiar.
—Más te vale, porque no pienso volver a frotar manchas de queso de las paredes.
Suelto una risotada. —Déjame adivinar. El regreso de Mila.
—¡No fue culpa mía!
Mientras esperamos la pizza, elegimos una película. Penelope se niega a ver Frozen . Tras mucha discusión, nos decidimos por Yes Day .
—Veré esta película, pero si alguien me presiona para tener un yes day, voy a instaurar el mes del no —declara Addy.
Suena el timbre y me levanto para responder antes de que ella pueda moverse.
—¡Por todas las sirenas luchando contra piratas! —dice Addy cuando regreso—. ¿Cuántas pizzas has pedido?
—Una para mí. Una para ti. Una para que compartan Penelope y Mila. Y otra para desayunar mañana.
Dejo las cajas sobre la mesa de centro. Abro la pizza para sus hermanas y pongo porciones en sus platos antes de repartirlos.
—Se te da bien esto —susurra Addy cuando le entrego un plato antes de sentarme a su lado.
—¿El qué se me da bien? ¿Comer? —Me meto el trozo en la boca.
—Sí, pero no es eso a lo que me refería. —Señala a sus hermanas, comiendo y viendo la película—. Esto. Formar parte de una familia.
Se me corta la respiración. Una familia es lo que siempre he querido.
Lo único que la fama y la fortuna no han podido comprarme.
Pensé que mi sueño de tener una familia había muerto.
Todas las mujeres con las que había salido antes solo estaban interesadas en mi dinero.
Desde luego, no se molestaban en asistir a mis partidos.
—Es lo que siempre he deseado.
Ella me aprieta la mano. —Entonces, me alegro de poder dártelo.
Mi corazón da un brinco. ¿Significa eso que se está enamorando de mí del mismo modo que yo ya me he enamorado de ella? Eso espero, porque no pienso dejarla escapar.
La puerta se abre de golpe y Otis entra arrastrando los pies.
—¿Ya ha terminado la fiesta de la pizza? —pregunta Addy.
Él se encoge de hombros. —Era aburrido.
Se acerca al sofá y se deja caer a mi lado. —¿Qué estáis viendo?
—No es Frozen —se queja Mila.
—Pizza. Mola. —Coge la caja de pizza extra y se la pone en el regazo.
—Un plato —gruñe Addy.
Él pone los ojos en blanco, pero coge un plato y se pone una porción encima.
—Menos mal que he pedido una pizza de más.
—No hace falta que lo digas con ese aire de superioridad.
Me siento bastante satisfecho. La mujer a la que amo está acurrucada junto a mí. Sus hermanas y su hermano me han aceptado en su familia. Hay mucho por lo que sentirse orgulloso.
Ahora lo único que tengo que hacer es convencer de algún modo a Addy para que esto sea algo permanente. Porque amo a esta mujer. Y cuando me importa alguien, soy leal y comprometido. No hay nadie más para mí.
Addy es la elegida.