Capítulo 28
¿Quién iba a saber que los touchdowns vienen acompañados de palpitaciones?
Addy
—Penelope, tenemos que irnos.
Ella me frunce el ceño. —No entiendo por qué tengo que ir.
—Porque es una actividad familiar —dice mamá.
Le sonrío a mamá. Se ha tomado el día libre en el trabajo para ir al partido de Gage con nosotros. Solo es un partido de entrenamiento o un entrenamiento conjunto o lo que sea, pero es la primera vez que voy a verle jugar. Es algo importante para mí. Ella se ha dado cuenta y por eso viene.
Señalo el libro de Penelope. —Puedes llevarte el libro.
—¿Un libro? Penelope es una empollona total. Mila da vueltas en círculo con los brazos abiertos. Otis la atrapa antes de que se choque contra el televisor. No sería la primera vez que rompe la tele. Hay una razón por la que estoy convencida de que acabará destruyendo el mundo.
—Me vais a dejar en evidencia —se queja Otis.
Mila da saltos frente a él. —Yo no dejo en evidencia a nadie.
Él suspira. —Mamá.
Mamá le pasa un brazo por los hombros. —Es una actividad familiar, cielo.
—Vale —gruñe él—. Esperaré en el coche.
Miro la hora. —¡Venga, todos al coche! Tenemos que irnos. No quiero llegar tarde.
—Te mueres de ganas de ver a tu novio. Addy y Gage sentados en un árbol... —Mila sale corriendo de la casa mientras sigue cantando.
Penelope cierra el libro de un golpe y se levanta. —No quiero sentarme a su lado.
—¿Estás segura de que son hijos tuyos? —le pregunto a mamá mientras cerramos la casa y caminamos hacia el coche. Compartimos uno, ya que no tiene mucho sentido tener coche en una isla pequeña; puedes ir en bici de una punta a otra en treinta minutos.
—Lo siento, hija. A la que creo que podrían haber cambiado al nacer es a ti.
—A excepción de que podríamos pasar por gemelas. Tenemos el mismo pelo pelirrojo y los ojos castaños claros.
Ella sonríe con picardía. —Por fuera. ¿Por dentro? Ni idea de dónde han salido todo tu talento y tu sensatez.
«¿Quizá de mi padre?», pienso, pero no lo digo. Nunca hablamos de él. Ha sido un tema prohibido desde que tuve edad para preguntar por qué otros niños tienen padre y yo no.
Nos acomodamos en el coche para el trayecto por el puente hasta el continente. El campo de entrenamiento de los Steel City Seals está en la Coastal State University. Hoy hay un partido de entrenamiento conjunto contra los Tigers.
Llegamos al aparcamiento del estadio de la universidad. —No esperaba a tanta gente.
—Juegan dos equipos de la NFL entre sí. Normal que esté a tope. No necesito mirar al asiento trasero para saber que Otis me está poniendo los ojos en blanco.
Mamá encuentra un sitio para aparcar, y empezamos la caminata hacia el estadio. Hay una cola larguísima de gente esperando para comprar entradas. Yo me la salto y voy directa a la ventanilla de acreditaciones.
—Hola —saludo a la empleada.
Mila se agarra al mostrador y pega un salto. —¡Venimos a ver a Gage!
La empleada suspira. —Pueden comprar las entradas en la otra ventanilla.
—Debería haber un paquete de entradas para Pajarcillo.
—Ah, perdón —rebusca en un cajón—. ¿Cinco entradas?
—Sí.
Señala la entrada VIP. —Pueden entrar por allí.
—Gracias.
Cojo a Mila de la mano y hago un gesto a mamá y a los demás para que me sigan.
—Somos VIP porque mi hermana es la novia de Gage —le dice Mila a todo el que nos cruzamos.
Para cuando llegamos a la entrada, tengo la cara roja como un tomate. Me obligo a sonreír y le entrego las entradas al guardia de seguridad.
—Sus asientos están por ahí y hacia arriba.
Pasamos por un puesto de comida. —¡Quiero un refresco! —grita Mila.
El puesto es solo nuestra primera parada. Vamos cargados de bebidas, comida y banderas de los Seals cuando llegamos a nuestros asientos.
—Madre mía —murmura Otis mientras nos sentamos—. Estamos justo detrás de la zona del equipo de los Seals.
—Porque Gage es el novio de Addy.
Me tapo la cara con las manos. Mila no podría haber gritado esas palabras más fuerte.
Mamá suelta una risita. —Más vale que te vayas acostumbrando.
—¡Chitón! El equipo está llegando —Otis se pone en pie de un salto—. ¡Gage! ¡Gage! ¡Aquí!
Me levanto y me pongo junto a él. Agito la bandera de los Seals que he comprado en el puesto de recuerdos mientras los niños pillaban sus bebidas y perritos calientes.
Gage me saluda con la mano. Nunca le había visto con su equipación de fútbol. Resalta sus poderosos muslos. Cuando pasa por nuestro lado, me doy cuenta de que también resalta su culo. A juzgar por los suspiros en las gradas, otras mujeres también se han fijado.
El partido empieza y me inclino hacia delante con las manos apoyadas en las rodillas para observar. Es un partido de entrenamiento, pero sé lo importante que es para Gage jugar bien. Espero que ganen.
Tras el saque inicial, Gage entra al campo al trote con el resto del equipo ofensivo. Reconozco a Nolan, Tanner, Brock y Corbin.
Se colocan en formación y, en cuanto se pone el balón en juego, Nolan se lo entrega a Gage. Él atraviesa la línea defensiva y corre hacia la zona de anotación. Me levanto de un salto.
—¡Corre, Gage! ¡Corre!
¡Santa madre de las sirenas! No bromeaba cuando decía que era el yard-getter. Deja atrás al equipo defensivo con facilidad.
—¡Touchdown! —grita Otis.
Salto arriba y abajo mientras agito mi bandera y grito. Gage le lanza el balón al árbitro antes de buscar en la multitud. Sus ojos se clavan en los míos.
El corazón me golpea el pecho. Amo a este hombre. Quiero estar en primera fila, en el centro de cada uno de sus partidos. Quiero decirle que sí e irme a vivir con él.
—¡Es el mejor! —grita Otis. Y recuerdo por qué no puedo irme a vivir con Gage. Por qué no hay un final feliz para mí.
Se reanuda el juego y me hundo en mi asiento. No voy a preocuparme por el futuro. Hoy no. Voy a disfrutar del tiempo con mi familia viendo a Gage.
Cuando el partido termina un rato después, los Seals van siete puntos por delante. El resultado final es Seals veintiuno, Tigers catorce. El árbitro pita y me pongo en pie.
Gage sale trotando del campo hacia la valla delante de las gradas. Nos hace señas para que bajemos.
Otis me empuja. —Vamos. Gage nos quiere en el campo.
—No podemos entrar en el campo. No tengo ganas de enfrentarme a la ira de Brock.
—No seas gallina.
—Vamos. Para mi sorpresa, mamá encabeza el camino bajando por las gradas, atravesando el túnel y saliendo al campo.
No somos los únicos en el césped. Hay familias reuniéndose alrededor de los jugadores y mujeres buscando llamar su atención.
Otis nos guía hacia Gage, pero está rodeado de un grupo de mujeres. Aminoro el paso. Ver al hombre al que amo tonteando con otras mujeres no entra en mis planes de hoy.
Gage levanta la vista y se fija en mí. Se abre paso entre la multitud de mujeres sin prestarles la menor atención.
—Pajarcillo —sonríe y se le marca el hoyuelo. Un hoyuelo que he recorrido con la lengua numerosas veces. Me besa la frente antes de agarrarme la mano.
—Te acuerdas de mi madre.
—Nora —le besa la mejilla—. Un placer verla.
Ella suelta una risita. —Qué encantador.
—Esperad un momento —suelta un silbido y hace señas a sus amigos para que se unan a nosotros—. Tanner, Nolan, Brock, Corbin. Conoced a la familia de Addy.
Tanner le hace una reverencia a mamá. —Sra. Price. ¿Seguro que no es la hermana de Addy?
—Tú debes de ser el alborotador del grupo.
—No se equivoca —murmura Nolan antes de tenderle la mano.
Otis se queda boquiabierto. —Sois Nolan Allen, Brock Porter, Tanner Long y Corbin Cox.
Nolan le da una palmada en la espalda. —¿Un fan del fútbol, eh?
—En realidad, Otis también es jugador. Es bueno.
El pecho de Otis se hincha ante el elogio de Gage.
—¿En qué posición juegas? —pregunta Tanner.
—Running back.
Tanner pone los ojos en blanco. —Esperaba que dijeras wide receiver. Al fin y al cabo, es la mejor posición.
—Tienes más o menos la edad de mi hijo —dice Brock—. Está por aquí si quieres conocerle.
—¡Qué guay! —Otis se aclara la garganta—. Digo, claro, vale.
—Volvemos enseguida, Addy —dice Brock antes de alejarse tranquilamente con Otis.
Mamá lo observa alejarse. —No sé yo. El fútbol es violento. Esperaba que Otis dejara de jugar cuando fuera a la universidad.
—Tomamos precauciones para mantenernos a salvo, Sra. Price —dice Corbin.
—Nora, por favor. Mi madre era la Sra. Price. Yo no.
—¡Hay animadoras! —Mila sale disparada.
Penelope suspira. —Yo iré con ella.
—Deberíamos ir a las duchas. Ha sido un placer conoceros —Nolan sonríe antes de indicar a Corbin y Tanner que le sigan.
Como Gage no se les une, le apremio. —Anda. Vete a la ducha. Nos vemos luego.
—¿Estás diciendo que apesto?
Arrugo la nariz. —Yo no iba a decir nada.
—Vuelvo ahora mismo —le dice a mamá antes de agarrarme la mano y apartarme un poco. Me rodea con los brazos—. Así que nuestras familias se han conocido.
—Tú ya conocías a la mía.
—Y ahora ellos han conocido a la mía. La cosa se pone seria. Muy pronto estarás viviendo conmigo en el paraíso.
—¿En el paraíso? —bufo—. Qué creído te lo tienes.
—Me gusta mucho marcar touchdowns —me guiña un ojo.
Le empujo para que avance. —Anda, ve. Estás sudado. Tengo que rescatar de las garras de Mila a esas pobres mujeres que definitivamente no son animadoras.
Sus labios rozan los míos en un beso demasiado breve. —Nos vemos luego, pajarcillo.
Mientras le veo marcharse, mamá se me une.
—Me gusta.
A mí también. Demasiado.