En su equipo (Steel City Seals 1) Capítulo 20
53%

Capítulo 20

Para el carro. Yo no he pedido una ampliación de la familia.

Addy

Llegamos a nuestra casa en cuestión de minutos. Por desgracia, no es tiempo suficiente para que se me ocurra una forma de manejar esta situación con mamá. Y resulta que está de pie en el porche esperándonos.

Gage me agarra la mano mientras Otis nos sigue por detrás.

—¿Quién te lo ha dicho? —le pregunto a mamá.

—Jennifer me ha enviado un mensaje.

—Deja que te lo explique —empiezo a decir.

—No. Este es mi lío. Yo me encargaré.

Mis ojos se abren de par en par ante la voz insistente de Otis. Suena como un hombre. No como el adolescente quejica al que estoy acostumbrada.

—Pero…

Gage me aprieta la mano. —Otis lo tiene bajo control.

La mirada de mamá recorre a Gage de arriba abajo. —¿Quién es este?

Gage da un paso adelante y le tiende la mano. —Soy Gage. Soy amigo de Addy.

—¿Con el que resulta que estaba a las nueve de la mañana cuando Otis la ha llamado desde la cárcel?

Suelto un gruñido. —Mamá.

—¿Qué? —le guiña un ojo a Gage—. No me equivoco, ¿verdad?

—No, Sra. Price. No se equivoca.

Le doy un codazo. ¿No podía mentir? ¿O inventarse alguna historia? ¿Quizá algo sobre que yo había sido capturada por sirenas y que no había tenido oportunidad de rescatarme hasta esta mañana?

—¿Sra. Price? Puedes llamarme Nora.

—Nora. Es un placer conocerte.

Mamá nos hace un gesto para que entremos. —¿Por qué no pasáis?

—Gage tiene que irse a trabajar.

Él sonríe. —Tengo algo de tiempo.

—¿No tienes que ir a entrenar? No quiero que te metas en líos.

—Ya le he enviado un mensaje al entrenador y le he dicho que llegaría tarde por una situación familiar.

¿Situación familiar? Esta es mi familia. No la suya.

—Me cae bien —declara mamá antes de que pueda pensar en otra razón para pedirle que se vaya. ¿Es que no lo entiende? Tengo que alejarlo antes de que mi corazón se involucre.

Estar con Gage es un camino de ida hacia el desamor. Es un marinero de agua dulce y es un atleta famoso. No se quedará a mi lado.

Gage me pone una mano en la espalda y me empuja suavemente hacia el interior de la casa. Le frunzo el ceño y él me sonríe como si no tuviera ninguna preocupación en el mundo.

—No tienes por qué quedarte —le siseo.

—Quiero asegurarme de que todo el mundo esté bien.

—No es tu trabajo protegernos.

Él se encoge de hombros. —Es un privilegio.

Maldito hombre. ¿Tiene que decir exactamente lo correcto? Qué grosería.

—Vale —dice mamá una vez que estamos dentro—. ¿Qué ha pasado?

Otis se cruza de brazos sobre el pecho. —Unos chicos estaban acosando a Penelope. Me he asegurado de que no vuelva a ocurrir.

—Otis —se queja Penelope—. Deja de avergonzarme. Todo el mundo hablará de mí al empezar el curso escolar. La pobrecita Penelope necesita que su hermano mayor la salve.

Otis levanta los brazos al aire. —¿Qué esperabas que hiciera? ¿Que dejara que Vincent te hablara de esa manera?

El rostro de Penelope se oscurece hasta ponerse roja como un tomate. —Me has puesto en evidencia.

Doy un paso hacia Penelope, pero Gage me sujeta la muñeca para detenerme. —¿Me dejas?

Quiero decirle que no. Que esto no es asunto suyo. Pero la mirada sincera de su rostro me detiene. Quizá él pueda convencer a mis hermanos. El pirata sabe que yo nunca he sido capaz de hacerlo. Le hago un gesto para que siga adelante.

Me besa en la frente. —Gracias.

—Penelope, ¿te importa si intervengo? Que dé mi opinión.

Mi corazón se derrite por la forma en que pide permiso. No se mete sin más en los problemas de Penelope.

Penelope lo observa por un momento. —Adelante.

—Lo que ha hecho Otis no ha sido para avergonzarte. Es lo que hace un hermano mayor para proteger a su hermana.

—Puedo encargarme de las cosas yo sola.

—Suenas como una mini-Addy.

Ella aprieta los labios.

—Es un cumplido. —La mirada de Gage se encuentra con la mía—. Tu hermana es increíble.

—Tenía razón. Me cae bien —declara mamá—. ¿Quién quiere comer?

Otis se queda boquiabierto. —¿Ya está? ¿No estoy castigado?

Ella lo rodea con sus brazos y le besa en la mejilla. —¿Castigado por proteger a tu hermana? Nunca.

Por una vez, Otis no se retuerce para escapar de su afecto. Se deja querer. —Gracias, mamá.

Ella lo suelta. —Y ahora, la comida. ¿Quién tiene hambre?

El estómago de Gage ruge como respuesta. —Lo siento. Me he saltado el desayuno.

—¿No tienes que volver? —Quizá esta vez pille la indirecta.

Me da un toquecito en la nariz. —No. Ahora —se frota las manos—, ¿en qué puedo ayudar?

—Tenía planeado hacer sándwiches. —Mamá vuelve a recorrer con la mirada la figura de Gage—. Pero creo que tengo que añadir pasta para un chico grande como tú.

Él se frota la mano sobre el estómago. Un estómago que sé de buena tinta que es plano y está oculto bajo sus abdominales de infarto. Abdominales que toqué y lamí anoche. Me entra un escalofrío.

—Me encanta la pasta —dice Gage, y yo recuerdo que estoy intentando alejar al hombre y no atraerlo más.

—Penelope, Mila —ordeno—. Limpiad el salón mientras preparamos la comida.

—Pero yo no he causado ningún problema, a diferencia de la princesa Penelope —se queja Mila.

—Nada de insultos —dice mamá—. Y haced lo que dice vuestra hermana.

Sigo a mamá a la cocina con Gage pisándome los talones.

—¿Hago yo la pasta? —No espera respuesta antes de sacar una olla de debajo del horno y llenarla de agua—. ¿Dónde está la pasta y la salsa?

Mamá le señala el armario correcto, ya que yo estoy demasiado ocupada aquí plantada con la boca abierta.

—¿Qué pasa? —pregunta él después de poner el tarro de salsa y la bolsa de pasta sobre la encimera.

—Estás… —Señalo la comida y el fogón.

—Cocinar es la palabra que buscas.

—Pero tú no cocinas.

Él arruga el entrecejo. —¿Quién lo dice?

—¿No os dan la comida los Seals?

—No siempre he sido un Seal. Además, quiero ayudar.

—Deja que ayude —insiste mamá.

—Vale. Como quieras. —Me doy por vencida. Gage no se va a ir a ninguna parte a pesar de mis numerosas indirectas y mis exigencias directas.

Cojo platos y cubiertos. Pero cuando voy a poner la mesa, Otis me quita las cosas de las manos. —Ya me encargo yo.

—Es una buena influencia para tu hermano. Lo apruebo. Puede quedarse.

—Mamá —siseo—. Es un amigo.

—¿Amigo? —ella resopla—. Claro.

—No me estoy haciendo ilusiones como hacías tú cada vez que un hombre te prestaba algo de atención.

Gage me frunce el ceño. —Golpe bajo, Addy. Muy bajo.

Esas palabras me azotan con más fuerza que un látigo. —Lo siento, mamá.

—No pasa nada, cielo. No ha debido de ser fácil verme perder el control desde la primera fila.

No lo fue. Fue bastante horrible ver a mi madre —la única progenitora que tenía— bebiendo y saliendo de fiesta en lugar de quedarse en casa para estar conmigo. Gastándose todo su dinero en alcohol. Sin pagar el alquiler de nuestro minúsculo apartamento.

Y no fui solo yo. Pensé que su comportamiento cambiaría una vez que se quedara embarazada de Otis. Dejó de beber durante todo el embarazo. Pero en cuanto Otis pasó a tomar leche de fórmula, el patrón volvió a empezar.

—Eso no me da excusa para ser una borde.

Mamá suspira. —¿Sabes qué? Estoy harta de oír esa palabra hoy. Acordemos que nadie en esta familia es una borde y pasemos página.

—¿Me perdonas?

—Siempre te perdonaré.

Le doy un rápido abrazo. Se me saltan las lágrimas. No hay excusa para lo que he dicho. Lo estoy pagando con ella porque tengo miedo de mi propia situación con Gage.

Gage me besa el cuello. —Orgulloso de ti, pajarito.

Mi corazón se derrite. Aparte de mi madre, no recuerdo que nadie me haya dicho nunca antes que está orgulloso de mí. Si mi padre lo dijo alguna vez, desde luego no lo recuerdo, teniendo en cuenta que yo tenía dos años cuando se largó. Sienta bien oírle decir esas palabras. Mejor de lo que debería.

Ayudo a mamá a terminar de hacer los sándwiches mientras Gage prepara la pasta.

—La comida está lista —grita mamá después de que Gage ponga la pasta en la mesa.

—Vaya. Eso sí que es una montaña enorme de pasta —dice mientras nos reunimos alrededor de la mesa.

Gage se encoge de hombros. —Lo siento. ¿Me he pasado? La repondré.

—No seas tonto. No hace falta que la repongas.

—Si va a comer aquí más a menudo, tendrá que hacer la compra. —Penelope señala el plato de Gage, que rebosa de pasta.

—¿Quién ha dicho nada de que coma aquí más a menudo? —pregunto.

Gage presiona su rodilla contra la mía por debajo de la mesa. —Sabes que quieres que esté aquí.

—¡Addy está coladita por Gage! —canta Otis.

Gage hincha el pecho. —Soy bastante irresistible.

—Has vuelto a confundir irresistible con incorregible —murmuro.

—Puedo prestarte mi diccionario —se ofrece Penelope.

Gage se ríe entre dientes. —No me había dado cuenta de que la hora de comer era la hora de meterse con Gage.

—¡Mi turno! —grita Mila—. Tus pies son demasiado grandes.

Gage asiente. —Es cierto que mis pies son demasiado grandes. Pero me ayudan a correr rápido.

Otis lo señala con su tenedor. —Es uno de los running backs más rápidos de la NFL.

—Tú también puedes ser más rápido. Puedo ayudarte con algunos ejercicios.

La boca de Otis se abre de par en par ante la oferta de Gage. —¿Tú me ayudarías?

Gage se encoge de hombros. —¿Por qué no? Eres el hermano de Addy.

—Vaya. ¿Quién iba a decir que ser el hermano de Addy la dictadora me serviría de algo alguna vez?

Fulmino a Otis con la mirada. —No soy una dictadora.

—Tengo un diccionario que puedo prestarte —dice Penelope y todo el mundo estalla en carcajadas. Gage pasa un brazo por el respaldo de mi silla y apoya la mano en mi hombro mientras se ríe.

Quiero esto. No solo hoy. Sino todos los días. Quiero a un hombre que disfrute pasando tiempo con mi familia. Quiero que mi madre y mis hermanos sean felices. Quiero que bromeen con mi novio.

Miro a Gage de reojo por debajo de mis pestañas. Y este es el hombre que quiero que sea mi novio. Quiero que forme parte de esta familia. Quiero que ría y bromee con mis hermanas y mi hermano todos los días. Que tome el pelo a mi madre por su cocina.

Y hasta aquí hemos llegado con lo de que esta fuera mi familia.