En su equipo (Steel City Seals 1) Capítulo 15
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Capítulo 15

Las colas de sirena lo complican todo.

Addy

—Vaya, vaya. Aquí vienen los problemas —saludo a mi jefa, Chloe, y a las demás dueñas de Five Fathoms Brewery.

Chloe, Sophia, Nova, Maya y Paisley solían ser las mayores alborotadoras de Smuggler’s Hideaway. Hasta que el amor las amansó y empezaron a tener hijos. Aunque «amansar» quizá no sea el término más adecuado para este grupo.

Nova resopla. —Yo no soy ningún problema.

Suelto una carcajada. —¡Ja! La última vez que participaste en la carrera de Mermaid Lagoon , apareció Hudson, te puso su camiseta y los ovarios de todas las mujeres de la isla explotaron.

Ella suspira y se le queda una mirada soñadora y lejana. —Qué buenos tiempos.

—¿Dónde está Iliana? —pregunta Mila.

Iliana es la hija de Nova —de la que estaba embarazada cuando Hudson se puso en plan hombre de las cavernas con ella— y a Mila le encanta jugar con ella.

—Está en casa con su padre —dice Nova, y yo suspiro aliviada. Las ideas de Mila sobre cómo jugar con un bebé no son precisamente seguras.

—Pero yo quiero jugar con ella —se queja Mila.

Indico a los niños que nos rodean. —Tienes bastantes niños con los que jugar. —Niños de su edad a los que no dejará caer de cabeza por accidente.

—No quiero jugar. ¿Puedo irme a casa?

Suelto un quejido ante la pregunta de Penelope.

Mientras la mayoría de los niños juegan al pilla-pilla o chapotean en el lago, ella está leyendo un libro.

Este trata sobre el comercio de diamantes.

Mi hermana gobernará el mundo algún día.

Mientras tanto, quiero que se divierta. Sigue siendo una niña.

—Te apuntaste para participar en la carrera.

Arruga la nariz. —No me di cuenta de que todo el mundo se disfrazaría de sirena de verdad.

—Son las carreras anuales de Mermaid Lagoonn en Smuggler’s Hideaway. ¿Qué esperabas?

Frunce los labios. —Tienes razón. Debería haberlo previsto.

—¿Por qué eres tan aburrida? —le grita Mila a Penelope.

—Deja de avergonzarme —sisea Otis.

—Sirena mía, sálvame de los adolescentes avergonzados —murmuro.

—Yo te salvaré —dice Gage al unirse a nosotros.

Siento un vuelco en el estómago mientras la emoción me invade. No esperaba ver al jugador de fútbol hoy. Amigos. Le recuerdo a mi estómago. Gage y yo somos amigos. Nada más.

—Tú claramente estás ocupada —Chloe arquea las cejas—. Nos vemos luego.

—Hablando de ovarios que explotan —murmura Nova mientras se aleja con Chloe y las demás mujeres.

—¡Os estáis haciendo una idea equivocada! —les grito.

Sophia me mira por encima del hombro. —Claro que sí. —Me guiña un ojo antes de despedirse con la mano.

—Hola, pajarillo. —Gage me besa en la mejilla en cuanto mi jefa y sus amigas se pierden de vista.

—¿Eres el novio de mi hermana? —pregunta Otis y siento que la cara me arde.

—Otis —siseo—. No te incumbe.

Él saca pecho. —Eres mi hermana. Me incumbe si estás saliendo con alguien.

Gage le revuelve el pelo. —Muy bien hecho. Cuidando de tu hermana. ¿Cómo te sentirías si estuviéramos saliendo?

—Gage —le reprendo—, no estamos saliendo.

Él se encoge de hombros como si no le importara lo más mínimo. Como si no hubiera estado insistiendo para tener una cita desde el segundo en que nos conocimos. —No hace daño comprobar qué le parecería a tu hermano.

—Seguramente estaría feliz, porque está obsesionado con el fútbol y tú juegas al fútbol —dice Penelope.

—¡Basta! —Hago un gesto cortante en el aire—. Gage y yo no estamos saliendo, lo que hace que la pregunta no tenga sentido.

—¿Por qué no?

Gimo ante la pregunta de Otis. —No te incumbe.

—Sí me incumbe si él te está presionando para salir y tú no quieres.

Gage asiente. —Me gusta este chico.

Le doy un golpe en el pecho. —No le animes.

—Es bueno que sea protector contigo.

Lanzo los brazos al aire. —¡Que los contrabandistas me salven de los hombres protectores!

Gage me pasa el brazo por los hombros y me atrae hacia él. —Finge todo lo que quieras, pero yo sé la verdad.

No respondo porque tiene razón. Me alegra que Otis se porte de forma protectora.

No quiero que meta las narices en mi vida amorosa, pero es bueno que sea protector con sus hermanas pequeñas.

Penelope sabe cuidarse sola, pero Mila va a necesitar a alguien que la proteja.

Olvida eso. El mundo necesitará protección contra Mila.

Suena un silbato y Lana, la alcaldesa de Smuggler’s Rest, se sube a una mesa de picnic.

—¡Escuchad, sirenas, contrabandistas y gente que está aquí porque alguien le prometió copas después! ¡Bienvenidos a las carreras anuales de Mermaid Lagoon !

Para nuestros visitantes, sí, esto es una competición real. Sí, las colas son obligatorias. Y no, no aceptamos responsabilidad por tirones, inhalación de purpurina o egos heridos.

Hoy, estas valientes mujeres intentarán nadar a lo largo de la laguna luciendo lentejuelas, silicona y diversos niveles de dignidad.

Este evento es una orgullosa tradición de Smuggler’s Hideaway, que se remonta al año en que alguien dijo: «Apuesto a que podría nadar más rápido con una cola de sirena» , y a quien se debería haber ignorado por completo.

Unos breves recordatorios antes de empezar:

Primero. Esto es una carrera, no una recreación de un buceo en un naufragio. Si perdéis la cola, seguid nadando. La recuperaremos más tarde.

Segundo. Nada de zancadillas, tirones ni salpicaduras «accidentales» a vuestras competidoras. Esta es una competición de velocidad y elegancia. O al menos de velocidad.

Tercero. Si lleváis aletas extra, flotadores o cualquier cosa que no le crezca de forma natural a una sirena, haced el favor de quitarlo ahora. Estaremos vigilando.

Y, por último, recordad que esto trata de comunidad, valor y de demostrar de una vez por todas que las sirenas son mucho más atléticas que los piratas.

A la de tres, ¡Las sirenas de Hideaway dominan la marea! ¡Una, dos y tres...!

Levanto el puño en el aire. —¡Las sirenas de Hideaway dominan la marea!

—¿Cuál es tu cola? —Gage señala con la cabeza las dos colas de sirena que hay en el suelo cerca de nosotros.

—Ninguna. Yo no participo.

—¿Por qué no?

—Tengo que vigilar a los niños.

—Yo puedo vigilarlos.

Le miro parpadeando. —¿Vas a vigilar a mis hermanas? ¿Asegurarte de que Penelope no se ahogue? ¿De que a Mila no la secuestre nadie que le prometa pastel? ¿Y de que Otis no se escape para irse con sus amigos?

—Yo me encargo. —Me da un empujoncito hacia el puesto de las colas de sirena—. Coge tu cola. Apuesto a que serás una sirena preciosa.

Entorno los ojos. —¿Es que no soy una humana preciosa?

—Que seas una humana preciosa es precisamente lo que me hace estar seguro de que serás una sirena preciosa.

—Buena jugada, Yard-Getter.

Él sonríe con suficiencia. —Hacer jugadas es parte de mi trabajo y soy excelente en mi trabajo.

Dudo. —Hace años que no me pongo una cola de sirena.

—Eso lo dice la mujer que ganó el concurso de saltos en plan bomba contra Tanner.

—Tanner tiene el ego muy inflado.

Se ríe. —Qué forma tan amable de decir que es un engreído.

—Anda, ve, Addy. Yo ayudaré a Gage a vigilar a Penelope y a Mila.

Abro mucho los ojos ante el comentario de Otis. —¿Vas a ayudar?

—Quiere freír a Gage a preguntas sobre todo lo relacionado con el fútbol —dice Penelope.

—Está bien. Correré, pero que nadie se ría de mi cola luego. —Me dirijo al puesto de las colas de sirena acompañada por las risas de mi familia. Bueno, de mi familia y de Gage. Gage no forma parte de mi familia.

Se me encoge el corazón. ¿Cómo se sentiría tener a un hombre que formara parte de mi familia? Nunca he tenido a un hombre en mi familia. No recuerdo a mi padre porque se fue cuando yo tenía dos años. Y Otis, Penelope y Mila tienen padres distintos. Ninguno de los cuales se quedó.

Basta. Obligo a esos pensamientos a marcharse. Gage no se va a unir a la familia.

La primera carrera empieza en cinco minutos. Me apresuro a elegir una cola y me la pongo antes de ir a saltitos hasta la línea de salida.

—¡Vamos, Addy!

Miro hacia donde está Gage. Tiene a Mila sobre los hombros. Penelope ha cerrado su libro y está prestando atención al mundo que la rodea. Mientras tanto, Otis mira a Gage como si fuera un dios. Es un hacedor de milagros.

La alcaldesa se sitúa en la línea de salida.

—Nadadoras, ocupad vuestros puestos. Público, preparaos para vitorear. Y socorristas... por favor, manteneos alerta. A mi cuenta. ¡Colas arriba, barbillas altas y que gane la sirena más rápida!

Suena el silbato y me zambullo en el agua. Ignoro a las demás nadadoras mientras nado a toda prisa hacia el otro lado de la laguna.

Hace mucho tiempo —antes de darme cuenta de lo desesperada que era mi situación familiar— me encantaba nadar. Incluso estuve en el equipo de natación un año en secundaria. Hasta que necesité un bañador nuevo y descubrí que no había dinero.

Alguien me da con el codo pero la ignoro y sigo nadando. Llego al otro lado de la laguna y saco la cabeza del agua.

—¡Has ganado! —grita Gage.

—¿Qué? —Examino la laguna. La mayoría de las otras sirenas siguen nadando. Solo han terminado otras dos mujeres. —¿He ganado?

Él me ayuda a salir del agua y me toma en sus brazos. —¡Has ganado!

Mila salta arriba y abajo. —¡Has ganado! ¡Has ganado! ¡Has ganado!

Penelope sonríe. —¡Felicidades!

Otis me da una palmada en la espalda. —Buen trabajo, tata.

—¿Cuál es tu premio? —pregunta Gage.

Solo hay un premio en Smuggler’s Hideaway. —Una botella de aguardiente local.

—Excelente. Puedes traerla contigo a la barbacoa.

—¿Qué barbacoa?

—Mi equipo va a hacer una barbacoa en la playa.

—No puedo ir. —Por mucho que me gustaría. Sus compañeros son un caso. Infantiles y pesados, pero divertidísimos. Pero no puede ser. Mi madre está trabajando. Tengo que cuidar de los niños.

—Otis se ha ofrecido voluntario para hacer de canguro esta noche.

Arqueo una ceja. —¿Otis se ha ofrecido voluntario?

Él se encoge de hombros. —Puede que le haya ofrecido dinero para pizza si se queda en casa con sus hermanas esta noche. De todas formas, debería cuidarlas más a menudo.

Levanto una mano. —No voy a tener esta discusión contigo. Ayúdame a bajar.

Me lleva hasta una mesa vacía con mis hermanos siguiéndonos. Me deja en el suelo y observa la cola que llevo. —¿Cómo te ayudo a salir de la cola? ¿O es que ahora esto es permanente?

Suelto una risita. —Hay una cremallera atrás.

—Date la vuelta.

Dudo. Mi parte trasera no es precisamente lo más atractivo de mi cuerpo. Para empezar, es demasiado grande.

—Pajarillo, date la vuelta.

Malditos piratas. No puedo resistirme cuando baja la voz y me ordena. Me recorre un escalofrío.

Me echa una toalla sobre los hombros antes de bajar la cremallera. Desliza las manos por mis costados y se me pone la piel de gallina.

Quiero saltar a sus brazos antes de dejar que me quite el resto de la ropa. Antes de que recorra el resto de mi piel con esas manos tan grandes. Vuelvo a estremecerme.

—¿Tienes frío? —Frunce el ceño antes de cogerme en brazos—. Chicas, coged la ropa de vuestra hermana.

—¿Qué estás haciendo?

—Llevarte a los vestuarios para que puedas ponerte ropa seca. No vas a pillar un resfriado delante de mí.

—Hace casi treinta grados. No tengo frío.

—Pero estás temblando.

No respondo. Dejo que el rubor que me nace en las mejillas y se extiende por mi cuello hasta el pecho responda por mí.

—Oh. —Sus ojos marrones se oscurecen hasta que se ven las motas verdes. ¿Qué aspecto tendrían esos ojos cuando él...?

Corto esos pensamientos. —No significa nada. Solo somos amigos.

Por mucho que desee más. Por mucho que mi cuerpo anhele más. No puede ser.