En su equipo (Steel City Seals 1) Capítulo 14
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Capítulo 14

He tenido defensas más difíciles.

Gage

Le sonrío a Addy. Quiero besarla. Quiero saborear su boca carnosa, su sabor salvaje. Pero soy muy consciente de las seguidoras que nos observan desde el otro lado de la cristalera.

El dueño del complejo nos prometió privacidad frente a los paparazzi. Pero no podía prometer nada respecto a los demás huéspedes del hotel. Todo el mundo ha sido respetuoso, pero eso no impide que las mujeres —casadas o no— se congreguen en el pasillo frente al gimnasio cada mañana.

—Vayamos a la playa.

Ella arruga la nariz. —No he traído mi bañador.

—Tienen una boutique aquí. Te compraré uno.

—Deja de lanzarme dinero.

—Lo siento, pajarcillo. Tengo dinero. No voy a pedir perdón por ello. No te compraré pieles ni diamantes, pero no puedes quejarte por un bañador.

Ella arquea las cejas. —¿Que no puedo?

Suelto una risita. —Permíteme que lo diga de otro modo. Por favor, no te quejes por un bañador.

Se muerde el labio inferior mientras sopesa su respuesta. Quiero presionarla para que acepte mi oferta. Si se va a casa a buscar sus cosas, la perderé. Ya fue bastante difícil convencerla para que disfrutara de un día libre. Mi pajarcillo es una adicta al trabajo.

—Está bien. Pero solo porque me sabe mal que Rogue te vomitara encima ayer.

Rogue puede vomitarme encima todos los malditos días si eso significa que ella aceptará un regalo mío. No puedo imaginarme lo difícil que debe de ser comprarle algo en Navidad. Pero quiero averiguarlo.

La agarro de la mano y la guío fuera del gimnasio hacia la boutique. —Vámonos de compras.

—Solo un artículo, Señor Yardas.

—¿Me has estado cotilleando en las redes sociales? —Muevo las cejas con picardía.

Me da un manotazo en el estómago. —Tenía que asegurarme de que RunItGage eras tú.

Flexiono el bíceps. —¿Quién si no podría ser?

—Otro jugador de fútbol delirante.

—Tú dices delirante. Yo digo realista.

Ella resopla. —Gracias por demostrar que deliras.

Llegamos a la boutique y la hago pasar. Se dirige hacia los bañadores y yo la sigo. Elijo un biquini verde. —Este te quedaría muy bien.

—Sigue soñando, RunItGage. Yo no llevo biquinis.

—Pero si estamos en una isla, en la playa. —Pongo los labios de punta en un puchero.

—Los biquinis son para mujeres de menos de veinticinco años que no tienen una obsesión con las galletas Crujientes de Sirena.

Recorro sus curvas con la mirada. Sus caderas redondeadas y sus pechos altos. Casi se me hace la boca agua por el deseo de saborearla y tocarla.

—Las mujeres flacas son aburridas.

Ella se da la vuelta. —Supongo que tú sabrás de eso —murmura.

—No soy un ligón, si eso es lo que estás pensando.

—No solo delira y sabe ganar yardas, sino que también lee la mente.

No leo la mente, pero tampoco soy idiota. Sé cuándo una mujer está celosa. No quiero que Addy esté celosa. Quiero que se sienta segura conmigo. Otras mujeres palidecen en comparación con ella. Ninguna mujer ha captado nunca mi atención de la forma en que ella lo hace.

—También tengo una bola de cristal.

Ella suelta una carcajada brusca. —¿Llevas un turbante dorado y adivinas el futuro?

—Qué va. El dorado no es mi color.

—Miedo a los goles de campo y a vestir de color dorado. Deberías añadir esos atributos a tu perfil de citas.

No quiero un perfil de citas. La quiero a ella. A mi pajarcillo, cuyo sabor no puedo sacarme de la cabeza.

Agita un bañador frente a mí. —Voy a probarme este.

La sigo hasta los probadores. Ella me señala con el dedo de forma acusadora. —No se permiten medios zagueros.

Señalo el sofá. —¿Puedo sentarme aquí, o esto está reservado para los tight ends?

—Tú estás bien. Tienes un buen tight end. —Me guiña un ojo antes de desaparecer en el probador.

Me recoloco el rabo medio erecto antes de sentarme en el sofá. Saco el móvil y me acomodo. Según mi experiencia, las mujeres necesitan mucho tiempo para probarse ropa. Pero Addy aparece después de que yo haya leído un solo correo electrónico.

Me pongo en pie. —¿Y bien?

—Servirá.

Le pongo la mano en la espalda y la guío hasta la caja.

—Hola, Terri —saluda ella—. ¿Qué haces aquí?

—La dependienta necesitaba ir al baño y me pilló pasando por delante.

—¿Conoces a Gage? —Terri niega con la cabeza—. Gage, esta es Terri. Terri, Gage.

Terri lo mira con los ojos entrecerrados. —¿Eres compañero de equipo de Nolan?

—Sí.

—Siento lástima por ti.

—¿Qué ha pasado? —pregunta Addy.

Terri arruga la nariz. —He cometido un error.

—Los errores ocurren. Pasarás página y lo olvidarás pronto.

—No puedo olvidar este error —murmura ella.

—¿Necesitas hablar? Hoy libro.

Ella hace un gesto de desdén con la mano. —Qué va. Estoy bien. Además, tengo una boda grande este fin de semana para la que debo terminar de prepararme.

Addy duda. —¿Seguro?

—Seguro. Largo de aquí. Ve a enseñarle a este hombre lo sexy que es tu nuevo bañador.

Las mejillas de Addy se oscurecen mientras se despide de Terri. Le agarro la mano y salimos de la boutique paseando hacia la playa.

—He reservado una cabaña para nosotros.

—¿Una cabaña? No necesitamos una cabaña. Es tirar el dinero. Podemos poner nuestras toallas en la arena.

Muevo los hombros. —No después del entrenamiento de espalda de esta mañana.

Ella me estudia. —Está bien. No quiero que te duela la espalda.

—Es un auténtico suplicio gastar dinero en ti, ¿lo sabías?

Ella sonríe. —Lo sé. Y te doy las gracias.

Suelto una risita al llegar a la cabaña. —Puedo cerrar las cortinas para que te cambies en privado.

—No hace falta. —Se quita la camiseta de un tirón para revelar su bañador. Me quedo con la boca abierta. Sus pechos apenas caben en el escote pronunciado.

—¡Yuu-huu! —Tanner saluda desde la cabaña de al lado, donde está descansando con Nolan. Brock y Corbin están en la cabaña al otro lado de nosotros.

—¿Nos habéis seguido, capullos?

Tanner parpadea con inocencia. —¿Cómo íbamos a seguiros? Nosotros llegamos primero.

Addy suelta una risita. —Tiene razón.

—Créeme. Tanner nunca tiene razón. —Le ofrezco la mano para ayudarla a subir al diván.

—Ah —exclama Tanner con tono meloso—. ¿Ya os habéis reconciliado?

—Pórtate bien o les contaré a todos lo que tú y Alaia hicisteis anoche —advierte Addy.

Él se echa la mano al pecho. —¡No serías capaz!

—Ponme a prueba.

Nolan se ríe. —Me cae bien.

—Como debe ser. Soy increíble.

—¿Puedo irme ya? —pregunta Brock.

Tanner frunce el ceño. —No, Señor Gruñón, no puedes irte.

—Sé amable, tontaina —regaña Addy a Tanner—. No todo el mundo tiene energía para andar dando botes como un cachorro todo el día.

Tanner saca pecho. —No soy un cachorro.

Ella resopla. —Lo que necesites decirte a ti mismo.

—Tengo hambre —refunfuña Brock—. Pidamos unos nachos.

—Dice «pidamos», pero si tienes hambre, pídete tu propia comida. No dejará que toques la suya —dice Corbin.

—Gracias. —Addy le sonríe a Corbin—. Pero no tengo hambre.

—¿Qué quieres beber? —le pregunto—. Te prometí una bebida de frutas con sombrillita.

—Gracias, pero no me van mucho las bebidas de frutas. ¿Mejor me traes una cerveza?

—Puedes tomar lo que quieras. —Y lo digo muy en serio, lo que ella quiera.

—Yo quiero una cerveza —dice Corbin.

—Yo también.

—Y yo.

—La cerveza y los nachos van genial juntos.

—Pide seis cervezas, Señor Yardas. No queremos que nadie pase sed.

—Nadie va a pasar sed —murmuro—. Hay botellas de agua en los mini-frigoríficos de cada cabaña.

—Ve a pedir las cervezas. —Me da un empujoncito—. Y no seas gruñón. Al parecer, Brock es el gruñón de tu grupo.

Le beso la nariz. —Como desees.

—Hagamos un concurso de saltos de bomba —sugiere Tanner.

—Tío, no querrás competir conmigo. Me crié en la playa. —Los ojos de Addy se llenan de emoción.

—Acepto el reto.

—Tú mismo has firmado tu sentencia.

Camino hacia el bar para pedir nuestras cervezas y algo de picar, porque puede que mi pajarcillo no tenga hambre, pero yo estoy famélico. Me acomodo en un taburete para observar a Addy interactuar con mis amigos.

Encaja perfectamente. Esto es lo que siempre he querido en una mujer. Alguien a quien mis amigos acepten. Alguien que encaje en mi vida.

Y Addy encaja. Ella es la elegida para mí. Solo tengo que convencerla de que me deje salir de la zona de amigos.