En su equipo (Steel City Seals 1) Capítulo 13
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Capítulo 13

Nada bueno empieza jamás con notificaciones.

Addy

Mi móvil suena con un mensaje. Gruño antes de hundir la cabeza bajo la almohada. No estoy lista para despertarme. Y mucho menos para salir de la cama.

Cuando llegué anoche a casa con Rogue, mis hermanas se volvieron locas.

Mila quería darle mimos, mientras que Penelope quería experimentar —algo sobre lavar su comida— con el pobre mapache.

Pelearon hasta que Otis les gritó, lo que asustó a Rogue.

Terminó escondiéndose debajo del sofá. ¿Adivinad quién se pasó una hora engatusándolo para que saliera de allí?

La alcaldesa Mandy se presentó poco después de medianoche y le entregué el mapache encantada, como es tradición. Por mucho que sea tradición robar las mascotas en Smuggler’s Hideaway, se espera que todo el mundo devuelva a los animales cuando se lo piden.

Mi móvil vuelve a pitar y lanzo la almohada al otro lado de la habitación antes de incorporarme y arrebatar el molesto dispositivo emisor de ruidos de mi mesita de noche.

—Buenos días, pajarcillo.

Un calor se extiende por todo mi cuerpo. Gage . No debería haberle besado ayer. Pero no soy capaz de arrepentirme. No cuando explotan fuegos artificiales en mi estómago cada vez que recuerdo lo que sentí al tener sus labios sobre los míos. Su cuerpo pegado al mío.

Lástima que Rogue le vomitara encima. ¿Quién sabe cómo habría terminado nuestra noche?

Empiezo a responder a Gage, pero aparece otro mensaje antes de que tenga oportunidad.

¡Tu Reel está despegando! 100 000 personas han visto tu Reel en la última hora.

¿Mi Reel? No he publicado ningún vídeo en las redes sociales. ¡Maldita sea! Deben de haberme hackeado la cuenta.

Me incorporo en la cama y abro la aplicación. ¿Debería borrar mi cuenta directamente? Odiaría borrarla. Uso la aplicación para estar en contacto con gente del instituto que se mudó. Pero quizá...

Todos los pensamientos sobre borrar la aplicación se detienen en seco cuando pulso en mis notificaciones. Puede que reciba una o dos notificaciones al día. No más de veinte. Deslizo por ellas.

¡Madre mía! No son veinte notificaciones. Son cientos. Algún hacker me ha fastidiado pero bien la cuenta.

Un momento. Todos los mensajes se refieren a un solo Reel. ¿Qué Reel? Yo no he publicado ninguno.

Si la alcaldesa Mandy ha publicado un Reel mío robando a Rogue, va a tener más de qué preocuparse que de un mapache obsesionado con las nubes de azúcar y dolor de barriga.

Pulso en el Reel. Empieza a sonar la música y se me corta la respiración. No es una canción famosa que haya oído un millón de veces. Es mi canción.

Y no es solo mi canción. Soy yo. Cantando en Bootlegger durante el Mermaid Karaoke . ¿Pero esto qué es? Yo no he publicado esto. ¿Pero quién ha sido?

Entorno los ojos hacia la parte inferior del Reel. @RunItGage ha publicado este vídeo. Más le vale a RunItGage no ser quien creo que es.

Pulso en la imagen de un casco de fútbol con el logotipo de The Seals.

Gage Edwards. Running back. Profesional de las yardas. No teme a un cuarto down.

Lanzo el móvil sobre la cama. Gage está intentando controlar mi vida otra vez. Justo cuando creo que puedo confiar en él, sale con otra jugarreta para demostrar que no es de fiar. A estas alturas ya debería saberlo.

La puerta de mi dormitorio se abre de par en par antes de que Mila y Penelope irrumpan dentro.

—¿Lo has visto? —pregunta Mila.

—Es bastante notable. Creo que te has vuelto viral —añade Penelope.

Me dejo caer de espaldas en la cama y me tapo la cara con una almohada. —No quiero saber nada.

Me arrebatan la almohada de un tirón. —¿Por qué no? Pensaba que querías ser famosa.

Miro con furia a Penelope. —No quiero ser famosa. Quiero ser compositora.

Ella arruga el entrecejo. —¿No es lo mismo?

—¿A quién le importa? —Mila se sube a la cama y empieza a saltar. —¡Mi hermana es famosa! ¡Y está saliendo con un jugador de fútbol famoso!

—No estoy saliendo con Gage.

—¿Por qué no? —pregunta Otis al entrar en mi cuarto. Supongo que mi dormitorio es ahora la Estación Central. Quizá debería cobrar entrada.

Resoplo. —Como si tuviera tiempo para citas entre vosotros tres, el trabajo en Five Fathoms y mi música.

Él se encoge de hombros. —Yo podría ayudar más en casa.

—¡Penelope! ¡Mila! ¡Otis! —grita mamá antes de entrar apresurada en mi habitación. —Lo siento, Addy. No me había dado cuenta de que estaban aquí dentro. No deberían haberte despertado.

—¡Pero si es famosa, mamá! —grita Mila, y me encojo. La niña tiene buenos pulmones.

—No me importa. Mila, Penelope, tenéis clase de verano. Otis, tú tienes entrenamiento. —Da palmas y les indica la salida.

A diferencia de cuando les digo yo lo que tienen que hacer, a mamá sí que la escuchan. Una vez que se han ido, cierra la puerta.

—¿Estás bien?

Frunzo el ceño. —¿Por qué no iba a estarlo?

Me observa un momento antes de asentir. —Hoy tengo un turno corto. Llevaré a los niños al colegio esta mañana y los recogeré esta tarde. Disfruta de tu día libre. —Se despide con la mano mientras se aleja a toda prisa.

Sin duda disfrutaré diciéndole a Gage cuatro cosas bien dichas. ¿Quién se cree que es?

Cojo el móvil para enviarle un mensaje, pero me detengo. Esta reprimenda debe ser en persona. No por teléfono. No voy a dejar que me cuelgue.

Una hora más tarde, entro con paso firme en el Hideaway Haven Resort. Me dirijo a los ascensores de las habitaciones, pero me freno en seco al darme cuenta de que no sé su número de habitación. Ni siquiera sé si está en su habitación. Por lo que yo sé, podría estar en el entrenamiento de fútbol.

¿Qué hago? ¿Le mando un mensaje para preguntarle el número? Mira, no. No quiero que piense que estoy aquí para seducirlo. No soy una groupie del fútbol.

Examino el opulento vestíbulo en busca de ideas. Mi mirada se detiene en un cartel que indica el gimnasio. ¡Ajá! El gimnasio es un lugar excelente para empezar mi búsqueda.

Dos minutos de caminata me llevan al gimnasio. Hay varias mujeres de pie en el pasillo mirando a través del cristal. Me abro paso entre ellas hasta la puerta.

Entro pisando fuerte. Mi mirada aterriza de inmediato en Gage, que está corriendo en la cinta sin camiseta.

Me tomo un momento para apreciar su piel bronceada, sus músculos firmes, la forma en que los músculos de sus piernas se tensan con cada paso que da.

—¡Gage Edwards!

Gage mira por encima del hombro y me ve. Pulsa el botón de parada de su máquina antes de saltar y dirigirse hacia mí.

Me pongo en jarras. —¡No me lo puedo creer!

Tanner bailotea detrás de él. —Alguien está en apuros.

Gage da un paso hacia él, pero Nolan se apresura a ponerse entre los dos. —Nada de peleas. De hecho —silba—, todo el mundo fuera.

Hay quejas y gruñidos, pero los otros jugadores hacen caso a Nolan mientras este los echa del gimnasio.

Una vez que estamos solos, Gage sonríe. —Hola, pajarcillo. No esperaba verte hoy.

Me echo hacia atrás. —¿No esperabas verme hoy o esperabas que no me enterara de lo que has hecho?

Se rasca el cuello. —¿Lo que he hecho?

Le doy un toque con el dedo. —Has publicado un vídeo mío cantando en las redes sociales sin pedirme permiso.

Intenta cogerme la mano, pero se la retiro de un manotazo. —¿Estás enfadada porque he publicado el vídeo del Bootlegger ?

—¿Cuál ha sido tu primera pista?

—El humo que te sale por las orejas.

—Esto no tiene ninguna gracia.

Él se pone serio. —Lo siento.

—¿Cómo pretendes que vuelva a confiar en ti? Dices que no intentas dirigir mi vida ni controlarme y luego vas y publicas un vídeo mío en internet.

—Espera un momento. ¿Has visto el vídeo de verdad?

Lanzo las manos al aire. —¡No me hace falta! Estaba allí.

—Pajarcillo, el vídeo no trata sobre ti.

—¿Que no trata sobre mí? —Me empieza a doler la mandíbula de lo fuerte que estoy apretando los dientes. —Es un vídeo mío cantando. ¿Cómo no va a tratar sobre mí?

Levanta un dedo. —Un segundo.

Trotando hacia las cintas, recoge su camiseta y su móvil. Se pone la camiseta y no me pasa desapercibida la vista de sus músculos. De eso nada. El señor Controlador puede tener los músculos todo lo sexis que quiera. Me da igual.

—Mira el vídeo hasta el final. —Intenta pasarme su móvil, pero no me muevo.

—No voy a mirar el vídeo. He visto suficiente.

Él suspira. —Obviamente no has visto suficiente. —Entorno los ojos y le lanzo miradas asesinas. Él no sangra ni cae muerto. Mis miradas deben de estar fallando.

—Pajarcillo, escúchame. Soy famoso.

¿Cree que ayuda a su causa afirmando que es famoso? Pues no. —Qué alegría para ti.

Hace una mueca. —No soy una superestrella ni nada de eso, pero se me conoce. Mi agente insiste en que publique en mis redes sociales una vez al día. Las publicaciones diarias forman parte de mis contratos de patrocinio.

Parte de mi ira desaparece. —¿Ah, sí?

—Por desgracia. Sinceramente, no pensé que esto te fuera a molestar. Publiqué un vídeo de un grupo de nosotros en el Bootlegger la otra noche. Tú salías cantando de fondo.

—¿De fondo?

—Toma.

Esta vez, cuando me ofrece el móvil, lo acepto. El vídeo ya está preparado y le doy al play. El vídeo empieza con Gage y sus amigos entrando al bar. Mueve la cámara por el local hasta que aparece el escenario. Salgo cantando unos segundos antes de que la cámara se desvíe.

—Lo siento. No había visto el vídeo completo antes.

Él sonríe con suficiencia. —Sé cómo puedes compensarme.

Entorno los ojos. —No voy a limpiarle el vómito a tu ropa de ayer.

—No hace falta. Tiré esa ropa.

—Menos mal. Porque apestaba.

—¿Por qué no pasas el día conmigo?

—Debería... —Mi voz se apaga ya que no tengo ni idea de lo que debería estar haciendo hoy. Es mi día libre y no tengo que cuidar a los niños porque mamá se encarga hoy.

—Pasaremos el rato en la playa. Tomaremos bebidas de frutas con sombrillitas. Será divertido.

Un día en la playa, ignorando mis responsabilidades, es mi idea del cielo. Pero no puedo ceder tan fácilmente. No puedo dejar que Gage piense que tiene ningún control sobre mí.

—Vale.

Él sonríe. —¿Vale?

Asiento y él me levanta en el aire con un grito de alegría. —¡Va a ser increíble!

Increíble no es la palabra que yo usaría. ¿Un día en la playa con Gage sin camiseta? Quizá increíble sea la palabra correcta después de todo.