Capítulo 10
Sé cómo arreglar jugadas. Lástima que los pajarcillos pelirrojos no vengan con un libro de jugadas.
Gage
—Por favor, responde, Addy. Lo siento.
Espero, pero ella no responde. Del mismo modo que no ha respondido a los últimos diez (quizás más) mensajes que le he enviado.
—No intento dirigir tu vida.
—Intento ayudar.
Sigue sin responder. Quizás esté trabajando. Quizás esté lidiando con sus hermanos. Y quizás yo sea un jugador de fútbol delirante que ha metido la pata.
Nolan me da un codazo. —El entrenador te está mirando a ti y a tu teléfono.
Me guardo el teléfono en el bolsillo. Ya he oído este discurso; el Coach Knox da el mismo discurso en el primer pesaje al comienzo del campo de entrenamiento cada año, pero asiento y presto atención de todos modos. Al contrario de lo que piensa la hermana de Addy, el fútbol es la vida.
Y ahí voy, pensando en Addy otra vez. No puedo quitármela de la cabeza. Necesito que me perdone. Los amigos meten la pata todo el tiempo. Tanner lo hace constantemente. Y lo perdonamos. ¿Por qué ella no puede perdonarme a mí?
El entrenador empieza su discurso. —A esta báscula no le importa quiénes sois, qué hicisteis la temporada pasada o cuánto os pagan.
Me dice una sola cosa. ¿Habéis hecho lo que se suponía que debíais hacer?
No estamos aquí para ponernos en forma. Estamos aquí para competir.
No deis el peso y empezaréis en desventaja.
Dad el peso y os ganaréis el derecho a seguir adelante. Así de sencillo.
Los jugadores veteranos aplauden mientras que los novatos parecen nerviosos. Y con razón. Les espera un mundo de sufrimiento si no dan el peso.
—¡Nolan! —grita el entrenador—. Te toca.
El quarterback siempre va primero. Él marca el tono.
Nolan se pone en pie de un salto y ejecuta un saludo impecable. —Sí, Coach Cha-Cha.
El Coach Knox pone los ojos en blanco. —Los demás, haced fila.
Me quito la camiseta de un tirón y me saco el reloj antes de dejarlo en mi silla. Reviso mis mensajes una vez más —sigue sin haber nada de Addy— antes de dejar el móvil junto al reloj.
Una vez vestido con un par de pantalones cortos holgados, me pongo en la fila detrás de Tanner, Brock y Corbin.
—¿Cómo fue tu cita de anoche? —le pregunta Tanner a Brock.
Brock frunce el ceño. —No tuve ninguna cita.
Tanner arquea una ceja. —¿No fuiste a Wok the Plank con May y Jace?
—¿Cómo demonios sabes dónde estuve anoche? ¿Me estás acosando?
—No es acoso si da la casualidad de que paso por delante del restaurante y te pillo tonteando con May.
A Brock se le dilatan las fosas nasales. —¿Pasaste por casualidad por delante de Wok the Plank ?
—¿ Wok the Plank ? —pregunta Corbin.
—Es un restaurante chino. Los padres de May son los dueños —explica Brock.
—¿Ya has conocido a los padres? Brock se mueve rápido.
Brock le gruñe a Tanner. —Corta el rollo, o le diré a todo el mundo con quién has estado saliendo tú.
—Adelante. No estoy saliendo con nadie.
—¿Ni siquiera con una camarera mona?
—Alaia y yo somos amigos. Nada más.
Tanner me da un codazo. —¿Cómo está tu amiga?
Ojalá lo supiera. Me pican las manos por coger el teléfono. Aunque la probabilidad de que Addy haya respondido en los tres minutos que han pasado desde la última vez que lo miré es escasa. Más que escasa, a juzgar por cómo le echaban humo las orejas cuando le ofrecí el número de Jerry.
Solo intentaba ayudar. No esperaba que perdiera los estribos. Addy nunca responde como yo espero que lo haga. Lo cual suelo encontrar refrescante. Pero no esta vez.
—¡Tanner! —el entrenador señala la báscula—. Fuera zapatos. Sube a la báscula.
Tanner corre hacia la báscula y salta sobre ella. —¡Tachán! —el entrenador anota su peso—. ¡Clavado!
—Diez pavos a que se hincha a comer hasta ponerse enfermo en el almuerzo —dice Nolan.
—Paso. —He visto a Tanner comer hasta ponerse enfermo demasiadas veces después de los pesajes. No acepto esa apuesta.
—¡Brock! —grita el entrenador.
Brock se descalza de una patada antes de bajarse los pantalones y los calzoncillos hasta el suelo.
Tanner suelta una carcajada. —Vas a tener que quitarte algo más que la ropa para dar el peso.
Brock le hace un gesto obsceno. —No es culpa mía que los rollitos de primavera de Wok the Plank estén deliciosos.
El entrenador anota su peso. —Hablaremos luego.
Maldición. Brock no ha dado el peso. El Coach Cha-cha va a hacer de su vida un infierno hasta que pierda unos kilos.
—Sí, entrenador.
Corbin es el siguiente en la fila. Se quita los zapatos y se sube a la báscula. El entrenador le hace un gesto de asentimiento antes de indicarme que avance.
Me subo a la báscula y observo cómo giran los números. A pesar de saber que debería dar el peso —me pesé media hora antes de esta reunión y estaba bien—, el corazón me golpea el pecho. Si no doy el peso, mi vida se convertirá en un infierno.
No quiero defraudar a mi equipo —lo cual ya es bastante malo de por sí— y definitivamente no quiero que me programen entrenamientos extra. No tendría tiempo para visitar a Addy y convencerla de que salga conmigo.
—Buen trabajo, Gage.
Suelto un suspiro. —Gracias, entrenador.
Él frunce el ceño. —Lástima que no seas tan bueno prestando atención a mis discursos como lo eres dando el peso. Este es nuestro año. No metas la pata o te lo perderás.
Trago saliva. —Sí, entrenador.
Solo era un discurso. No he fallado una jugada ni he hecho que perdamos un partido. Prestaré más atención en el futuro. No dejaré que Addy me distraiga. No arruinaré mi carrera. Lo tengo todo bajo control.
Me dirijo a mi silla y recojo mis cosas. Me pongo la camiseta antes de revisar el móvil. Sin mensajes. Quiero escribir otro mensaje, pero Nolan me hace señas para que me una a él y a Brock, Corbin y Tanner.
—¿Qué pasa?
—Vamos a cenar a Wok the Plank . —Tanner menea las cejas—. Y luego a Bootlegger para el Mermaid Karaoke .
—Yo no voy —refunfuña Brock.
Tanner pone los ojos en blanco. —Puedes comer verduras al vapor.
—He quedado con Jace.
—¿Y con May? —Tanner menea las cejas.
—No, ella está trabajando en el restaurante. Ayuda a sus padres unas cuantas noches a la semana.
Tanner se frota las manos. —Excelente. Nos sentaremos en su sección y la conoceremos.
Brock gruñe y avanza hacia Tanner hasta que este queda aculado contra una pared. —Deja a May en paz.
—Pero tenemos que asegurarnos de que es lo bastante buena para ti. A diferencia de la madre de Jace.
Ante la mención de la madre de Jace, Brock se estremece. ¿Qué clase de mujer abandona a su hijo?
—No hace falta. May y yo no somos pareja. No somos nada. Es la profesora de surf de mi hijo. Fin de la historia.
—Está bien, grandullón. Gracias por la aclaración.
Brock se inclina y se encara con Tanner. —¿Vas a dejar de hacer bromitas?
Nolan aparta a Brock de Tanner. —Es Tanner. No sabe ser serio.
Brock gruñe pero deja de pelear con Nolan para llegar a Tanner.
—Me vendría bien un poco de comida china. —Y quizás tenga suerte y Addy esté cantando en el Mermaid Karaoke. No podrá evitarme cuando esté sobre el escenario.
A Brock le rujen las tripas. —¿Qué? —espeta cuando todos se le quedan mirando—. Tengo hambre.
—Bien. Puedes venir con nosotros a Wok the Plank . Corre el rumor de que conoces a los dueños.
Suspiro. Es como si Tanner quisiera que Brock le diese una paliza. Es el más menudo de nuestro grupo y, aun así, no puede evitar provocar al tipo más grande.
—Iré a buscar a Jace y os veré allí. —Brock sonríe—. Así podré vigilarte.
Tanner traga saliva. No tiene miedo. Está fingiendo porque aún no ha aprendido a no meterse con Brock. Y probablemente nunca lo hará.
Empiezan a discutir y yo me escapo para escribirle a Addy.
—Vamos al Mermaid Karaoke esta noche. ¿Te veré allí?
Me quedo mirando el teléfono pero no aparecen los puntos que indiquen que está respondiendo. Realmente la he fastidiado.
No sé cómo pedir perdón. Intenté comprarle entradas para un concierto. Perdió los estribos. Le di el número de un productor. Perdió los estribos.
¿Hay algo que pueda comprar con lo que ella no pierda los estribos?
—¡Gage! —Nolan me hace señas desde el final del pasillo—. Hora de irse.
—Ya voy. —Me guardo el móvil en el bolsillo y echo a correr por el pasillo.
Si Addy no está cantando en el Mermaid Karaoke, encontraré otra forma de verla. Quizás en uno de los partidos de fútbol de Otis. Parker no dudará en decirme cuándo y dónde son.
Buen plan. Si no coincido con Addy esta noche, visitaré a Parker en Pirate’s Pastries .
De una forma u otra, voy a arreglar esta pelea con mi pajarcillo. Porque no puedo dejarla ir. Me tiene fascinado.