Capítulo 6
Las bromas son parte del calentamiento.
Gage
—¿Qué está pasando? —pregunta Tanner cuando entro en la sala de conferencias del complejo vacacional.
Casi suelto el secreto que Coach Knox acaba de contarme. Pero me muerdo la lengua. He prometido no chismorrear y yo cumplo mis promesas.
—¿Le pasa algo a Coach Cha-Cha? —pregunta Corbin.
Brock gruñe. —Llega tarde.
Nolan está de pie al frente de la sala. —Coach Knox está reunido con los peces gordos. Me ha pedido que vaya poniendo las imágenes de nuestro partido de eliminatorias.
Hago una mueca. El partido de eliminatorias fue un desastre. Todo el mundo esperaba que ganáramos. Incluidos todos los corredores de apuestas. Pero perdimos.
Y fue en parte culpa mía. Dejé que placaran a Nolan en un momento crucial del tercer cuarto. No habrá forma de que lleguemos a la Super Bowl si sigo cometiendo errores. Y no pararé hasta que lleve un anillo de campeón.
Ya he visto la repetición del partido varias veces para analizar lo que hice mal. Pero tengo ganas de revisarlo con el resto del equipo y el entrenador. El entrenador puede darme consejos para evitar que vuelva a meter la pata de la misma manera.
—¿Por qué se reúne el entrenador con la directiva? —pregunta Tanner—. ¿Van a echarlo?
Si no supiera que el entrenador no se está reuniendo con la directiva, tendría el corazón en un puño.
Estaría perdido sin Coach Knox. Cuando me ficharon recién salido de la universidad, todo el mundo tenía grandes esperanzas puestas en mí.
Y las eché todas por tierra. Estaba a punto de que me cortaran del equipo cuando el entrenador me tomó bajo su protección.
Con su apoyo, salvé mi carrera y ahora soy un jugador titular.
Brock frunce el ceño. —No van a despedirlo. No lo habrían traído al campo de entrenamiento para despedirlo.
Tanner menea las cejas. —A lo mejor se metió en líos después de que terminara la temporada y no se han enterado hasta ahora.
Corbin le mira con desagrado. —Creo que tú eres el que está en líos.
Tanner le hace un gesto ofensivo con el dedo. —No estamos hablando de mí.
—¿Por qué estás bajo una orden de silencio? —pregunto yo.
—No hay ninguna orden de silencio.
Arqueo las cejas. —¿Tu representante no te ha dicho que te calles o dejará de ser tu agente?
—¿Qué pasa con el entrenador? —pregunta él en lugar de responder. No necesita hacerlo. Todo el mundo sabe que está en la cuerda floja, a punto de perderlo todo.
Es un puto idiota. Lo tiene todo —una gran carrera, buen dinero, montones de contratos publicitarios— y, aun así, sigue arriesgándolo todo. Yo nunca arriesgaría mi carrera como lo hace él.
—No pasa nada. —Y, de todos modos, no es asunto suyo. Tanner no cuenta chismes. Él difunde secretos a los cuatro vientos.
Suelta un bufido. —Sabes un secreto. Suéltalo.
—Yo no cuento secretos.
—Oh, por favor. Cuando te enteraste de que Corbin usa bragas de mujer, te faltó tiempo para decírselo a todo el mundo.
—No uso bragas de mujer —insiste Corbin.
Tanner le señala con el dedo. —Yo las vi. Eran rosas y de encaje.
—Los hombres pueden llevar ropa interior rosa.
—Y de encaje.
Corbin gruñe. —No eran de encaje.
Tanner se reclina en su silla. —Vi lo que vi.
—Quizá necesites que te gradúen la vista.
—¡Tengo una visión perfecta!
Nolan resopla. —Por eso corriste directo hacia la multitud en lugar de buscar un espacio abierto en el partido de eliminatorias.
Tanner le lanza una mirada fulminante. —No hice eso.
Nolan señala hacia la pantalla donde se están reproduciendo las imágenes de nuestro último partido. —Tengo pruebas.
—No me eches la culpa de la intercepción.
—No es echar la culpa si fue culpa tuya. Y lo fue.
La puerta se abre y entra Coach Knox. Nos mira con severidad antes de encender la luz y detener las imágenes. —Se supone que tenéis que estar revisando el partido. No chismorreando como un grupo de adolescentes que acaban de tener sus primeras erecciones.
—Has llegado tarde. —Brock señala el reloj—. Esta reunión no puede alargarse. Tengo que recoger a Jace en una hora.
El entrenador frunce los labios. —Por eso deberíais haber estado viendo las imágenes del partido en lugar de chismorrear.
Brock le mira mal. —Yo no chismorreo.
Knox suspira. —¿No has podido mantener a todo el mundo a raya?
Brock se encoge de hombros. —No es mi trabajo.
—Su trabajo es estar de mal humor —dice Tanner—. Se le da de maravilla.
Brock le da un puñetazo en el hombro.
—¡Ay! Me has hecho daño. Creo que necesito visitar a la fisioterapeuta. ¿La habéis visto? Es una pasada.
—La fisioterapeuta tiene un novio que te enseñará lo que significa el dolor —dice Nolan.
—¿Cómo lo sabes? —Tanner chasquea los dedos—. Ah, es verdad. Conoces a todas las trabajadoras del complejo.
Nolan castañetea los dientes hacia él pero no lo niega. Anda. ¿En qué ha estado metido Nolan? He estado demasiado ocupado con Addy para prestar atención. Ahora estoy prestando atención.
—¿En qué has estado metido, Nolan?
Me mira con desdén. —Métete en tus asuntos. Yo no le he contado a todo el mundo que te rechazó la guapa cantante pelirroja.
Tanner se ríe. —Porque no hizo falta. Estábamos allí cuando le dio calabazas.
—No me rechazó.
—Te rechazó —gruñe Brock—. Hasta Corbin está de acuerdo.
Corbin asiente. —Es verdad. No parecía contenta de verte.
—Sobre todo cuando estampó la bandeja de bebidas en la barra a tu lado —añade Tanner.
Un momento. Ayer no fui a almorzar con mis compañeros de equipo cuando Addy estampó la bandeja. —¿Me habéis seguido ayer estos capullos a Five Fathoms ?
Brock gruñe. —Tenía hambre.
—Sus hamburguesas son increíbles —añade Corbin.
—Las hamburguesas estaban buenas, pero el espectáculo fue increíble —dice Tanner—. Disfruté especialmente cuando se te cayó una bandeja de cervezas al suelo.
—Deberías trabajar más la fuerza del tronco superior —dice Corbin. Por desgracia, no está bromeando. Corbin no bromea.
—Tenía los brazos cansados del entrenamiento de ayer por la mañana.
El entrenador se cruza de brazos sobre el pecho. —Soy consciente de que el campo de entrenamiento no ha empezado oficialmente todavía, pero...
—Pero deberíamos mantener nuestro peso ideal y estar en plena forma física. Bla, bla, bla. —Tanner pone los ojos en blanco.
—Y deberíais alejaros de los líos.
Tanner parpadea con inocencia. —¿Líos? ¿Yo?
—Hablo en serio, Long. Tienes que mantenerte al margen de los problemas. La prensa acabará publicando la historia tarde o temprano. Tu representante no puede pagar a todas las revistas.
—Estoy harto de que todo el mundo me amenace con que la noticia va a salir a la luz.
El entrenador suspira. —Nadie te está amenazando. Simplemente señalamos que va a ocurrir tarde o temprano. Meterse en más líos no va a ayudar a la situación.
—Lo que sea. —Tanner agita la mano como si el problema fuera a desaparecer por sí solo. Alguien tiene que madurar antes de que pierda su carrera—. Quiero hablar de Gage y Addy.
—No hay nada de qué hablar. —Por mucho que desearía lo contrario.
—Porque ella te rechazó.
Me trago mi enfado. Tanner no está siendo cruel deliberadamente; está desviando la atención de sus propios problemas. —Somos amigos. Nada más.
No porque yo no quiera ser algo más. Y planeo tener algo más. Addy necesita tiempo para darse cuenta de lo bien que podríamos estar juntos. Le daré tiempo, pero no soy alguien que se rinda. No abandono algo cuando sé que es lo que quiero.
Brock me aprieta el hombro. —Deberíamos visitar a tu amiga. Tengo hambre.
—Pensaba que tenías que recoger a Jace.
—Jace también tiene que comer.
—No importa. Addy no trabaja en el turno de mediodía.
—¿Te sabes sus turnos? —pregunta Nolan—. ¿La estás acosando?
—No la estoy acosando. Jamás haría eso.
Suficientes compañeros de equipo y sus parejas han tenido problemas de acoso. Yo nunca cruzaría la línea para hostigar a Addy hasta que se sintiera insegura en su casa. No estaría nada bien.
—¿No deberíamos estar revisando las imágenes como nos ha pedido el entrenador? —sugiero.
—Aburrido —canta Tanner.
—No es aburrido. Es importante aprender de nuestros errores. No quiero que nos eliminen después del primer partido de las eliminatorias otra vez.
Nos hemos divertido bromeando, pero es hora de ponerse manos a la obra. El fútbol no es simplemente un juego. Es un negocio serio.
El fútbol me salvó. Me sacó de mi casa de acogida cuando estaba en el instituto. Me consiguió una beca para la universidad. De otra forma, nunca habría podido ir a la universidad.
—Estoy con Gage —dice Nolan—. No deberíamos haber perdido el partido de eliminatorias. Los Seals eran los favoritos para ganar por siete puntos.
—En cambio, perdimos por siete.
La derrota aún duele. Pensaba que el año pasado era nuestro año para llegar a la Super Bowl. Deseo un anillo de la Super Bowl más que nada en este mundo. Es mi objetivo. Es por lo que he estado trabajando desde séptimo, cuando el profesor de gimnasia dijo que sería un buen running back.
—¿Vuelvo a poner las imágenes del partido? —pregunta el entrenador.
—Por favor. Quiero ver la jugada del tercer cuarto cuando placaron a Nolan.
Nolan hace una mueca. —Gracias.
—Quizá podría haberte bloqueado mejor.
—Me gusta cómo piensas.
El entrenador apaga las luces y pone las imágenes. Por mucho que intento prestar atención, mi mente sigue divagando hacia cierta cantante pelirroja. Me pregunto qué estará haciendo hoy. ¿Habrá dormido bien? ¿La estarán volviendo loca sus hermanos?
No puedo esperar a escribirle y averiguarlo.