Capítulo 2
Gage: un jugador de fútbol americano fascinado con una cantante que no sabe quién es él
Gage
Suelto un gruñido mientras empujo el peso hacia arriba. Los brazos me tiemblan con el movimiento.
—Alguien debería haber pasado más tiempo levantando pesas y menos tiempo persiguiendo chicas —se burla Tanner.
Termino la repetición y suelto la pesa en el suelo. —¿Hablas en serio? Tú eres el que está metido en un lío monumental por tu último asuntillo con una tía.
Tanner es un payaso y uno de los mejores malditos wide receivers de la NFL.
También es un buscalíos que se cree que puede librarse de cualquier situación a base de palabrería.
Pero no de esta última. Tendrá suerte si el Coach Knox consigue mantenerlo en el equipo, por no hablar de librarlo de problemas.
—¿Qué chica? —pregunta Brock.
—No hay ninguna chica —aseguro.
Addy no es una chica cualquiera. Es una mujer.
Una mujer con caderas redondas y deliciosas, pechos firmes y unos labios carnosos que quiero probar.
Preferiblemente mientras hundo los dedos en su pelo rojo y ondulado.
Apuesto a que es suave como la seda. Me pregunto si sus ojos castaños claros se oscurecerán cuando esté excitada.
Brock me mira con el ceño fruncido. —Tienes que tener cuidado con andar tonteando con cualquiera en la isla.
Tanner le da un toquecito en la oreja. —No seas el Sr. Gruñón.
El fullback no sabe ser otra cosa que gruñón. Si mi novia hubiera decidido que no quería ser madre y me hubiera dejado con un niño para que lo criara solo, probablemente yo también sería un gruñón. Es increíble que su hijo, Jace, sea un niño divertido y bromista teniendo en cuenta su pasado.
—Tócame la oreja una vez más y le contaré al mundo entero lo que hiciste.
Tanner se aleja un poco de Brock. —El Sr. Gruñón ataca de nuevo.
—No es de gruñones decirles a mis compañeros que tengan cuidado con andar tonteando con cualquiera en la isla.
—Lástima que tu advertencia haya llegado demasiado tarde para Nolan.
Nolan palidece antes de entornar los ojos hacia Tanner. —Deja de intentar meter mierda.
Eh. Me pregunto por qué nuestro quarterback estrella se ha puesto pálido. Nolan suele intentar dar buen ejemplo al resto de la línea ofensiva. De hecho, a todo el equipo. Es buena persona y un buen líder. Nada de lo cual me impedirá darle caña si se mete en problemas.
—Pero me aburro. —Tanner saca el labio inferior en un puchero.
—Podemos pelear si estás aburrido —se ofrece Corbin.
El pánico asoma a los ojos de Tanner antes de rechazar la oferta de Corbin con un gesto. Lo cual es bueno, ya que Tanner es el más esbelto de los jugadores clave de la ofensiva de los Steel City Seals, mientras que Corbin, como tight end, es uno de los más altos y pesados de nuestro grupo.
—Iré a la cinta de correr. —Tanner corre hacia las cintas al otro lado del gimnasio del Hideaway Haven Resort.
Como jugador de la NFL, he pasado mucho tiempo en hoteles. Pero nunca antes había visto un gimnasio tan grande y bien equipado. Por supuesto, el dueño, Hudson Clark, solía ser wide receiver en los Seals hasta que se rompió el tendón de Aquiles y se vio obligado a retirarse.
Admito que era escéptico sobre eso de quedarnos en una isla diminuta frente a la universidad donde se celebra el campo de entrenamiento.
Pensé que la isla sería aburrida. Aun así, acepté unirme a mis amigos y compañeros de la línea ofensiva, Tanner, Nolan, Brock y Corbin, cuando decidieron venir al campo de entrenamiento un mes antes.
La mejor decisión de mi vida. ¿De qué otra forma habría conocido a Addy? Addy, la sexy cantante que no tiene ni idea de quién soy. No puedo esperar a que nos conozcamos mejor.
—¿Puedes hacer de apoyo? —me pregunta Brock.
Me sitúo detrás de él mientras levanta la barra por encima de su cabeza.
—Hablo en serio —refunfuña—. Tienes que tener cuidado con enrollarte con una de aquí.
—Lo dice el hombre que está colado por la profesora de su hijo —grita Tanner desde el otro lado de la sala. Cómo ha oído a Brock mientras corre en la cinta es un misterio para mí.
Brock gruñe. —No estoy colado por May.
—¿Quién es May?
—Es la instructora de surf —responde Nolan.
—No me interesa May —afirma Brock—. Pero aunque así fuera, no importaría. Esta es mi última temporada. Me retiro de la NFL el año que viene. No tengo que preocuparme por intentar mantener una relación a distancia.
—Buen punto —murmura Nolan. Qué raro. Nolan nunca le da la razón a Brock. Algo le pasa.
Tanner aplaude antes de saltar de la cinta. —El Sr. Gruñón ha hablado con frases reales en lugar de gruñidos.
Brock lo fulmina con la mirada. —A lo mejor prefieres pelear conmigo en lugar de con Corbin.
Tanner traga saliva. Brock es más grande que Corbin. Y puede ser bastante aterrador cuando te gruñe. —No he terminado mi carrera.
Brock se ríe mientras Tanner vuelve corriendo a la cinta.
Tanner solo está bromeando. En realidad no les tiene miedo a Brock ni a Corbin.
Ninguno de los dos le haría daño jamás. Pero al payaso le encanta el drama.
Lo cual es bueno, ya que se le va a venir una encima en cuanto salgan las noticias de su última indiscreción.
—Tengo hambre —declara Brock.
Pongo los ojos en blanco. —Tú siempre tienes hambre.
Él se encoge de hombros. —¿Quién quiere ir a almorzar?
En realidad, almorzar es una idea excelente. Después de que Addy huyera de mí anoche, interrogué al camarero sobre ella. Al parecer, trabaja en Five Fathoms Brewing y el restaurante sirve almuerzos.
Recojo mis cosas. —Me han hablado de un sitio bueno.
—Yo conduzco —dice Nolan.
Corbin niega con la cabeza. —Ni de coña. Conduces un coche deportivo diminuto. Yo no quepo en un deportivo.
—Conduzco yo —dice Brock.
—¿Te has traído tu SUV extra grande? —Ante el asentimiento de Brock, Corbin gruñe—. Bien. Necesito espacio para las piernas.
—Yo también soy alto —insiste Nolan.
Corbin le da una palmadita en la cabeza. —Eres mono.
—¿Mono? Mido más de un metro ochenta.
—¿Ah, sí? —Corbin arquea una ceja—. ¿Deberíamos medir?
—¿Qué estamos midiendo? —pregunta Tanner—. Si es la altura —me señala—, ya sabemos quién es el más bajito.
Levanto las manos. —No me metáis en esta conversación.
Es verdad. Soy el más bajo del grupo. Mido uno ochenta y ocho, lo que normalmente se considera ser alto, pero no en un vestuario con Brock y Corbin, que superan ambos el metro noventa y cinco.
Me pregunto cuánto medirá Addy. Es una cosita bajita. Apuesto a que encaja perfectamente bajo mi brazo. Apuesto a que puedo hundir la cabeza en su cuello cuando me entierre profundamente dentro de ella.
Mi polla da un respingo. Cree que es un plan excelente. Se me pone medio dura cada vez que pienso en ella.
No la conozco mucho, pero Addy me tiene fascinado. Es preciosa, canta mejor que un ángel y no dudó en mandarme a la mierda. ¿Y eso de que no sepa quién soy? Que no se me lanzara encima cuando supo mi nombre es la guinda del delicioso y curvilíneo pastel que es Addy.
Tanner chasquea los dedos delante de mi cara. —Tierra llamando a Gage. Tierra llamando a Gage.
Le aparto la mano de un manotazo y él suelta una carcajada.
—Alguien estaba soñando con su chica otra vez.
Addy no es mi chica. Al menos, todavía no.
—Tengo hambre. ¿Vamos a ir a comer o qué?
Levanto la barbilla dándole las gracias a Brock. Una vez que Tanner se agarra a un tema, pueden pasar años antes de que lo suelte.
Nos dirigimos hacia la puerta, pero se abre antes de que lleguemos. El coordinador de la línea ofensiva de los Seals, el Coach Knox, entra en la sala.
—¿A dónde va todo el mundo?
—A comer, Coach Cha-Cha —responde Nolan.
Un músculo en la mejilla de Knox se tensa ante el apodo. Knox lo odia. Yo también odiaría un apodo que me pusieron por caerme mientras bailaba en la recepción de la boda de un amigo. Al menos su conmoción cerebral fue leve.
Knox se cruza de brazos sobre el pecho. —Apenas lleváis una hora entrenando.
—Estamos en temporada baja, Coach Cha-Cha. —Tanner bailotea hacia la puerta.
—El campo de entrenamiento empieza en unas semanas. ¿Estás en tu peso ideal?
Tanner se queda helado. —No estoy exactamente en mi peso ideal, pero estoy cerca.
—Bien —Knox señala hacia la báscula en la esquina—. Haré un pesaje rápido para comprobarlo.
—¿Tengo que hacerlo?
Knox se encoge de hombros. —O puedes terminar tu entrenamiento. Sus ojos se entornan. —Menos cháchara y más entrenar.
—He terminado mi entrenamiento —digo.
—¿Ah, sí?
—Llegué aquí una hora antes que los demás.
Tanner se ríe. —Porque está mal de amores y no podía dormir.
Me lanzo hacia él. Tiene razón. No podía dormir porque no podía dejar de pensar en Addy. Pero no puedo dejar que se libre después de burlarse tanto de mí. No puedo dejar que piense que está bien darme la tabarra todo el tiempo.
Brock me agarra de la camiseta para detenerme. —Déjalo. Odias las manchas de sangre en la ropa.
Miro hacia abajo. Voy de blanco. Las manchas de sangre son una pesadilla para quitarlas del blanco.
Knox aplaude. —Excelente. Decidido entonces. Entrenaréis otra hora antes de tomar un almuerzo saludable.
—Pero íbamos a comer a Five Fathoms Brewing.
Knox me frunce el ceño. —Podéis comer allí otro día. Cuando no estés vigilando tu peso.
Espera a que asienta antes de salir de la sala.
Brock me da una palmadita en la espalda. —Mañana iremos a ver a tu novia para almorzar.
—¿Cómo sabes...?
No termino la frase. No tiene sentido preguntar cómo se entera de nada nadie en este equipo. Los miembros del equipo cotillean más que los de una fraternidad. Además, tiene razón. Podemos ir al restaurante de Addy para almorzar mañana.
Mi cuerpo vibra de anticipación. Addy no podrá decir que no sabe quién soy ahora.