Compañeros de trabajo
El día que Victoria empezó a trabajar en la compañía de seguros, Rafael no pudo quitarle la mirada de encima.
La mujer tenía unos hermosos ojos celestes y grandes que se escondían tras unas lindas gafas ovaladas de marco negro, su cabello castaño y largo estaba perfectamente alaciado con la raya en el centro y sus senos suaves y redondos parecían estar a punto de salirse del escote de su ajustada blusa.
Durante varios días, Victoria pasó por el escritorio de Rafael sin prestarle atención.
Él, cada vez que la veía, miraba un nuevo atributo en ella: sus piernas largas y torneadas, sus labios redondos, sus delicadas manos (sin anillo de compromiso), etc. Una tarde, la vio entrar a la cocina y corrió detrás de ella.
La muchacha llevaba una taza con café y, al verlo entrar, derramó el líquido al piso.
Ambos se miraron, tomaron varias servilletas y se agacharon para limpiar.
Rafael, de reojo, miraba cómo se asomaban los senos redondos y grandes de Victoria.
Si bajaba la vista, se encontraba con una porción de piel que se dejaba ver entre el borde de sus medias lanceras
y su minifalda. Botaron las servilletas y Rafael acorraló a Victoria contra el mesón.
—¿Tú eres Victoria? —preguntó en voz baja.
—Sí —dijo la mujer mirándolo a los ojos por encima de sus gafas; su voz sonaba nerviosa.
—¿Te han dicho que eres muy guapa?
El pecho de Victoria se movía agitado, sus labios redondos y rosados resoplaban con nerviosismo. Rafael, sonriéndole, llevó uno de sus dedos al borde de la falda sintiendo las
piernas firmes de la mujer, acariciando ese pequeño recoveco entre la tela y las medias lanceras. Ella quiso inclinarse hacia atrás y uno de los botones de su blusa se abrió mostrando los bordes redondeados de sus grandes pechos.
—Solo quiero divertirme —le susurró Rafael.
Subió su dedo sintiendo los muslos de la mujer, que se estremecían al contacto. Ella tenía la boca entreabierta y él, con su otro dedo, comenzó a acariciar el borde de sus labios
delicadamente. La respiración de la mujer se volvió más agitada, sus pechos comenzaron a desprenderse suavemente de la tela que los cubría. Debajo de la blusa, sus pezones duros
se marcaron.
Rafael siguió tocándola por debajo de la falda, se detuvo en su calzón húmedo y empezó a acariciar suavemente su vagina. Con el otro dedo, desabotonó un poco más la blusa de
Victoria sintiendo cómo su diafragma subía y bajaba con excitación, palpando la piel tibia y tersa de su vientre. La tela se detuvo en los pezones duros de la mujer, tapándolos.
La mujer lo miraba fijamente por encima de sus lentes y respiraba profundamente.
Su vagina humedecida quería más de ese hombre fuerte, fornido.
Rafael terminó de abrir la blusa y, con un dedo, empezó a acariciar la piel en medio de los senos; con la otra mano, seguía acariciando la vagina, cada vez más fuerte y más rápido.
Entonces, excitado, apartó la tela de la blusa y miró los pezones rosados, duros, excitados de Victoria. Los empezó a
morder, mientras tanto, metió un dedo dentro del calzón de la mujer y comenzó a metérselo dentro de la vagina mojada.
Ella gimió suavemente. Rafael, dejó de tocar a Victoria, le dio la vuelta bruscamente, bajó su calzón y, sin previo aviso, la penetró por el culo.
Ella se mordió los labios para no gritar.
La penetraba duro, hasta el fondo, mientras miraba por encima de su hombro cómo sus tetas grandes se movían y su vientre se estremecía.
Rápidamente, eyaculó dentro de su culo y ella sintió el semen resbalándole por entre las piernas.
La semana siguiente, Rafael tuvo que quedarse en la oficina ordenando los papeles de un cliente.
Victoria también se quedó, aunque no tenía nada que hacer.
Cuando todo el personal se fue y quedaron ellos dos solos, Victoria se acercó al escritorio
de Rafael con la blusa abierta dejando ver un sostén negro que le juntaba los pechos y los realzaba. Se sentó sobre su escritorio cruzando las piernas y, con una mano, empezó a subirse lentamente la falda mostrando unas nuevas medias lanceras con encaje. Él la miró
sonriendo; entonces, sonó su celular.
—No contestes.
—Es mi esposa —le dijo a Victoria y contestó.
Mientras tanto, Victoria se levantó para pararse frente a él con las piernas abiertas, se quitó la blusa y comenzó a acariciar su vientre.
Tenía unas manos delicadas, suaves; Rafael se le quedó mirando mientras hablaba con su mujer.
Ella se sentó sobre el escritorio abriendo las piernas; no tenía nada debajo de la falda, solamente se veía su vagina rosada y ligeramente abierta.
Levantó bien su falda y llevó dos dedos a su vagina metiéndolos y sacándolos.
Se mordía los labios de placer, su cuerpo se estremecía.
Rafael empezó a titubear; su pene se estaba poniendo duro debajo del pantalón.
Colgó y le quitó el sostén a la mujer mientras le lamía sus grandes y suaves pechos.
—¿Qué dice tu esposa? —preguntó Victoria.
—Cállate putica. Ponte en cuatro sobre la mesa.
Ella le hizo caso. Empezó a masajear su ano con uno de sus delicados dedos mientras Rafael se masturbaba mirando su agujerito rico y estrecho. Ella gemía, ahora no tenían que esconderse de nadie.
—Agáchate más, putica —le dijo Rafael.
Victoria aplastó sus senos grandes con el escritorio y levantó todo lo que pudo su culito redondo. Empezaba a abrírsele el ano. Rafael se subió sobre la silla y metió su pene largo y duro dentro de ese agujerito estrecho escuchando los gritos salvajes de la mujer.
—Grita más fuerte, puta tetona.
Comenzó a moverse dentro de ella con furia, metiendo y sacando su pene mientras Victoria gritaba fuerte, sin vergüenza.
—¡Qué rico coges! —decía de rato en rato ella, entre gritos y gemidos de placer.
Rafael se la metía por el culo hasta el fondo y eso le encantaba.
Se empotraba contra su culo disfrutando sus gritos, sus gemidos, recordando sus tetas redondas dentro de las blusas apretadas con las que iba a trabajar.
Entonces, eyaculó nuevamente dentro de su ano lanzando un gemido de placer aún más fuerte que los gritos de Victoria.
Cuando sacó su pene del culo de Victoria, aún goteaba.
Del culo de ella resbalaba una larga y espesa gota de semen y los papeles del escritorio habían sido completamente mojados por la vagina excitada de la mujer.
Desde entonces, cada vez que puede, Victoria lo busca para que se la meta por el culo hasta
el fondo, porque ella se siente satisfecha con una polla bien adentro en su culo. Ella quiere que la cojan hasta que le quede bien abierto su hueco.