Tarde de Gimnasio
Hacía calor esa tarde de verano y no había mucha gente en el gimnasio.
Arturo, el entrenador, hacía flexiones de pecho con el torso desnudo en la sala de pesas cuando Raisa entró a buscarlo.
Su espalda ancha y musculosa, llena de gotas de sudor, contrastaba con su cintura estrecha, y el pantalón deportivo que tenía puesto marcaba sus redondos glúteos de acero.
Raisa lo miró de pies a cabeza, examinando cada porción de ese cuerpo escultural, bien definido y ligeramente bronceado.
Arturo, que no había notado la presencia de Raisa, se tumbó de espaldas en el piso.
Miró la silueta curvilínea de la mujer con los ojos entrecerrados, bebió un poco de agua y se levantó.
Al verla mejor, notó que sus pezones se marcaban debajo de su top deportivo.
Empezaron el entrenamiento con planchas.
Raisa no se quedaba quieta. Arturo se paró con las piernas abiertas apoyadas a los costados de la mujer, se agachó, le agarró las caderas y las acomodó.
Luego se fue a un costado y le enderezó la parte alta de la espalda tocándole suavemente los senos; sintió el surco que se formaba entre ellos.
Después, la mujer trató de hacer sentadillas, pero las hacía mal.
El entrenador se paró detrás de ella, la agarró por las caderas y bajaron juntos.
Volvieron a subir, él la agarró por las costillas, tocando el borde de sus senos, y bajaron nuevamente.
Arturo sentía el culo grande y carnoso de la mujer rozando su pene, comenzaba a excitarse.
Ella, sintiendo el pene duro y grande del hombre, se humedecía.
Arturo subió las manos, rozando los senos de Raisa y, como ella no se molestaba, las subió más, hasta tocar los pezones que ya estaban duros.
Seguían haciendo las sentadillas. Él empezó a acariciar los senos suaves de Raisa, bajando lentamente hacia su vientre.
Acarició sus costillas, su cintura, los huesos de sus caderas y siguió bajando; se detuvo en el vientre bajo de la mujer.
Seguían bajando y subiendo juntos, el culo grande de Raisa rozaba, al subir, el pene de Arturo.
Él volvió a subir sus manos, buscando el borde de las calzas, y metió una mano hasta el fondo, tocando la vagina depilada de Raisa.
Ella lanzó un gemido muy suave, pero no se quejó.
Seguían bajando y subiendo. El clítoris de Raisa estaba debajo de los dedos inmóviles de Arturo.
Ella, sintiendo la tibieza de esas manos, se humedecía deseando ser tocada; mientras tanto, seguía sintiendo el pene duro del hombre rozando sus nalgas.
Él se animó y comenzó a masajearle el clítoris, ella se dejaba. Subían y bajaban sin decir nada.
Se quedaron parados un largo instante y Arturo aprovechó el momento para bajarle las calzas, descubriendo sus nalgas carnosas, acariciándolas, apretándolas con delicadeza.
Luego se bajó el pantalón y comenzó a masturbarse con una mano; con la otra, seguía acariciando el clítoris de Raisa.
En ese momento, apareció Maya con unos shorts y un top que dejaba ver su vientre firme y bien marcado.
La muchacha sudaba y las gotas resbalaban lentamente por sus piernas duras y su estómago de acero.
Raisa sintió vergüenza, pero no quitó la mano de Arturo de su clítoris; Arturo siguió masturbándose y masturbándola.
—¿Puedo unirme? —preguntó Maya acercándose a ellos.
Se paró frente a Raisa, quitando la mano de Arturo, se puso en cuclillas y comenzó a lamerle el clítoris mientras acariciaba sus nalgas grandes y carnosas.
El entrenador se hizo a un lado, pero siguió masturbándose mientras miraba a las dos mujeres.
Maya se puso de pie, le quitó lentamente el top a Raisa que la miraba impávida, acarició sus senos voluminosos y la besó.
Raisa abrazó por la cintura a Maya mientras se besaban; Maya le acariciaba los senos con delicadeza, deteniéndose en sus pezones duros y rosados para pellizcarlos.
Raisa bajaba sus manos sintiendo la dureza del cuerpo escultural de Maya.
Tocó sus glúteos duros y redondos, los acarició.
Arturo se quitó el pantalón deportivo para estar más cómodo, luego se sentó en una banca.
Maya también empezaba a humedecerse palpando los suaves senos de Raisa.
Raisa, excitada, le bajó los shorts a la muchacha y comenzó a acariciar sus glúteos de acero.
—Vengan acá, puticas —las llamó Arturo.
Maya terminó de quitarse los shorts y se acercó al entrenador. Se sentó en sus piernas, moviendo el trasero suavemente hacia atrás, hasta que sintió el pene duro de Arturo en su espalda. Arturo le acariciaba el vientre duro, sintiendo su firmeza; luego subió y le quitó
el top, dejando al descubierto sus senos redonditos y firmes.
Raisa se acercó a ellos totalmente desnuda, acariciándose a sí misma los pezones.
Arturo le acariciaba los senos a Maya mientras miraba las tetas enormes de Raisa, sus caderas anchas y sus muslos grandes.
Su pene se movía rozando la espalda de Maya, que se mojaba sintiendo las manos tibias y grandes de Arturo acariciándole los pezones.
La silueta curvilínea de Raisa también le excitaba.
Maya se puso de pie, apartándose de Arturo, y juntó sus tetas con las de Raisa, sintiendo cómo los pezones se acariciaban con el roce.
Luego, se puso detrás de ella. Con una mano le acariciaba las tetas, con la otra, empezó a masturbarla metiéndole dos dedos dentro de la vagina mojada.
Raisa gemía. Ambas miraban fijamente a Arturo que había vuelto a
masturbarse.
El entrenador se puso de pie con el pene bien parado y duro, agarró a Maya de la muñeca y la hizo recostarse sobre la banca. Metió su pene dentro de la vagina mojada de la chica y
Raisa se acercó. Arturo comenzó a masturbarla con una mano mientras manoseaba sus tetas suaves con la otra. Miraba la figura curvilínea de Raisa con deseo, mientras
penetraba con fuerza a Maya y sentía su vagina estrecha. Maya gemía de placer.
—¡Qué ricas tetas, puta! ¡Qué rico coñito, puta! —les dijo.
Maya comenzó a gritar de placer y, cuando Arturo sintió que la muchacha había llegado al
orgasmo, quitó su pene duro y erecto, agarró del cabello a Raisa, la obligó a echarse en el
piso y la penetró con todas sus fuerzas mientras tocaba sus tetas enormes.
Maya se tumbó al lado de Raisa, que gritaba como una loca y mojaba el piso del gimnasio
con sus fluidos de excitación. Arturo las miraba a las dos: las tetas enormes de Raisa, los
senos firmes de Maya. Entonces, loco de excitación, sacó su pene de la vagina de Raisa y
lo metió a la vagina todavía mojada de Maya, luego volvió a penetrar a Raisa.
Las mujeres estaban rojas de placer, sus vaginas empapadas, hasta que Arturo se levantó
y eyaculó sobre las cuatro tetas.