Capítulo 8 #3
Vivian se hundió la gorra en la frente y procuró no llamar la atención mientras Joe guiaba a Dancer detrás de los demás caballos.
El animal jugaba animado con las orejas.
También entendía que esta vez no era Samson quien ocupaba la silla, pero esperaba que el caballo recordara a su anterior amazona.
Entonces vio a Jean-Luc en el borde de la zona de exhibición.
Debía de haber bajado a buscarla y, por supuesto, su atuendo no lo engañó ni un segundo.
Conocía demasiado bien su postura, la silueta…
Vivian buscó su mirada y vio sorpresa, admiración, pero también inquietud en su rostro.
Ya sintió miedo por ella en la carrera de amazonas.
Le sonrió para animarlo y poco después también distinguió a Elinor Torrence entre los espectadores.
Tampoco la engañó, pero no parecía que desaprobara la artimaña de Vivian.
Al contrario, sonrió y le hizo la señal de la victoria.
Robert Winchester, que estaba a su lado, no se dio cuenta de nada, aunque no era de extrañar porque solo tenía ojos para su joven semental, que participaba por primera vez en una carrera.
¿Y Ross? También tenía que estar en alguna parte y conocía a sus jinetes.
Algo en su actitud podía llamarle la atención, puede que tuviera costumbre de intercambiar unas palabras con Samson antes de la carrera…
, pero ese día el entrenador estaba muy ocupado con Neptuno.
El joven caballo estaba muy nervioso, movía la cabeza y se encabritaba, y Ross procuraba calmarlo tanto a él como a su jinete.
Entonces los caballos salieron de la zona de exhibición hacia la salida.
Vivian le pidió a Joe con el corazón acelerado que retirara la soga del animal.
Había llevado sola a Dancer a la salida en todos los entrenamientos, no le daba miedo la carrera, a diferencia de muchos otros caballos.
En ese momento se movía irritado, pero luego aceptó la ayuda de Vivian.
Ella se alegró, aunque no pretendía influir mucho en su caballo durante la carrera.
Dancer tenía que correr por diversión. No lo iba a frenar ni a fustigar.
Ahí estaban, en fila delante de la cinta de salida, a la derecha de Dancer el caballo de Winchester, y a la izquierda uno que no conocía.
Mejor, los jinetes de Neptuno o de Mortimer podrían haberla reconocido…
Sonó el disparo de salida antes de que Vivian se hubiera colocado bien.
Estuvo a punto de perder el equilibrio cuando Dancer salió a toda velocidad.
Se agarró asustada a la crin, de manera que aflojó las riendas aún más, y Dancer aprovechó su libertad.
Galopó a saltos largos y potentes que facilitaron que Vivian recuperara la postura.
Mientras dejaba atrás a los primeros caballos, se apoyó en los estribos y disfrutó de la velocidad, que iba aumentado por momentos.
Dancer pasó volando junto al caballo de Winchester, y superó a Mortimer y Neptuno. Pasados los primeros cien metros ya iba en cabeza y corría como una exhalación por la pista. Vivian le susurraba palabras de ánimo, estaba feliz, como embriagada, y el caballo parecía sentir lo mismo.
La amazona y el caballo formaban una unidad, compartían el puro júbilo, igual que Vivian y Jean-Luc participaban juntos de su felicidad cuando bailaban.
Y lo viviría una y otra vez, mientras que esa carrera con Dancer debía ser una experiencia única.
Vivian la saboreó a fondo y se rio cuando perdió la gorra en la recta final y el cabello quedó suelto al viento.
En ese momento todo el mundo vio que no era Samson Limmerick quien montaba al caballo color canela, sino una mujer joven cuyos rizos conjuntaban a la perfección con él.
Se acercaron volando a la línea de meta, oyeron gritos de júbilo y palabras de ánimo entre las filas de espectadores.
En algún lugar muy por detrás de ellos Neptuno, Mortimer y la yegua negra luchaban por el segundo puesto.
Para Dancer y Vivian ya era indiferente.
El semental atravesó al galope la meta, Vivian le ordenó parar sintiéndolo mucho y abrazó el cuello de su caballo cuando la obedeció.
Se sentía rodeada de gente, pero solo quería notar a su caballo, el pellejo empapado por el sudor, el calor y la cercanía.
Cuando por fin levantó la cabeza, vio a Ross, que le decía algo, pero llevaba escrito en el rostro, además del enfado, el franco entusiasmo.
Lo había visto así antes, cuando su vida en común aún era una aventura única.
Dos días antes, en el establo, fingía con ella, pero en ese momento su expresión era sincera.
La carrera había terminado, y el presentador anunció el orden de llegada: First Dance, Neptuno, Dark Wendy y Mortimer cuarto.
—Sin embargo, debido a una infracción grave y notable de las reglas, no se puede considerar el resultado final —añadió a continuación—.
Las ganancias de las apuestas se pagarán según la notificación oficial del ganador.
La dirección de la carrera se reunirá de inmediato para deliberar sobre cómo proceder.
A Vivian le daba igual. Respiró aliviada cuando vio a Joe entre los jinetes, entrenadores y propietarios de caballos exaltados que tenían acceso a la zona.
Se acercó a ella, le colocó la soga a Dancer y puso todo su empeño en sacar a la amazona y el caballo del bullicio de personas que gritaban de júbilo, pero también protestaban a voces.
Al final llegaron al establo, donde reinaba la calma.
—¡Ha sido una carrera increíble, señora Wallett! —exclamó el mozo de cuadra y le quitó la silla al caballo—. Debería montarlo usted siempre, nunca lo había visto así.
—Ha sido su última carrera —repuso Vivian—. Y también la mía. ¡Pero ha sido maravilloso! ¿Le importaría… le importaría dejarnos solos, Joe? Seguro que aún habrá mucho jaleo, y yo…
Joe asintió y se fue. Vivian solo llevaba una zanahoria encima, se la había guardado en el bolsillo de los pantalones de montar.
Dancer se la cogió de la mano y luego dejó que lo restregara con un cepillo de paja en largas caricias.
El animal disfrutó del trato, le temblaba el labio superior de placer, y amazona y caballo pusieron fin a su aventura en absoluta armonía.