Capítulo 2 #2
—¡Ya sé lo que quiere usted, Ross! —le replicó Teacher—. Estoy pensando en Vivian.
—Bueno —dijo Ross—, podría ir solo. Unirme a otro grupo. Habría sido lo mejor desde el principio. Y después voy a buscarte, Viv.
—A buscarnos —recalcó Vivian muy digna—. A mí y a nuestro hijo. Y ya te lo dije una vez en Inglaterra: ¡no te vas a ir sin mí!
—Entonces hablabas de una aventura —repuso Ross enojado—. Querías una vida distinta. Ahora quieres hijos, y después seguro que querrás una casa, un jardín, un sitio en la asociación de mujeres de tu comunidad…
Vivian se mordió los labios, procurando reprimir la rabia que sentía hacia su marido y responderle con calma.
—Ross, sigo siendo Vivian. Y quiero lo mismo que tú. Iremos a los yacimientos de oro. ¡Juntos!
Llegaron al asentamiento a última hora de la tarde.
Entre los abetos despeinados por el viento había una estrecha franja de tierra con tiendas montadas y caballos pastando.
El río serpenteaba indolente a través del campamento, el agua no era clara, estaba turbia por el deshielo de los glaciares.
Entre las tiendas ardían hogueras, olía a humo, a carne secándose y a piel mojada.
Teacher saludó a tres tramperos sentados junto al fuego.
En otro cocinaba una mujer joven que cargaba con un niño en la cadera.
Era una nativa, la primera que Vivian reconoció.
Sonrió a la chica, que paseó un momento la mirada por su cuerpo ya un tanto informe y la falda sujeta de manera provisional con el cinturón y le devolvió la sonrisa.
Invitó con un gesto a los recién llegados a sentarse con ella.
Teacher le dio los dos conejos que habían caído en las trampas de noche.
La mujer invitó con otro gesto a los desconocidos a compartir el guiso que hervía sobre el fuego con ella y su familia.
Sonrió cuando Teacher se dirigió a ella en su idioma.
Mientras tanto Ross se ocupaba de las mulas.
—¿Tengo que montar la tienda yo solo? —rezongó después de liberar a los animales de las sillas con el equipaje.
Vivian ya estaba sentada junto a la chica, que, según tradujo Teacher, pertenecía al pueblo de los shuswap.
Como siempre, consiguió entenderse con señas.
Teacher admiraba sus expresivos gestos. Los dedos y la cara de Vivian ilustraban la historia que quería contar.
Su nueva amiga se llamaba Nula, el hijo pequeño, Lhoh.
—¡Ya voy! —le gritó Vivian a su marido.
Hacía tiempo que formaban un equipo bien compenetrado montando tiendas, aunque Ross podría haber esperado a después de comer. Nula repartió su guiso en cuencos o distintos recipientes que luego sirvió a los tramperos. Su marido también se sumó, solo Ross y Vivian trajinaban con la tienda.
—¿Y esos qué? —preguntó Ross, antipático—. ¿Es que también van a los yacimientos de oro?
Vivian se encogió de hombros.
—No creo. Nula y su familia viven en la Columbia Británica. No he entendido dónde exactamente. Han estado en Fort Edmonton vendiendo pieles. ¿Y los demás? Creo que son cazadores de pieles. Teacher los conoce. Puedes preguntárselo a él.
Cuando Vivian y Ross se unieron a los demás, Nula también les sirvió su guiso y se alegró de que les gustara. Después Teacher entabló conversación con ella y su madre, y señaló varias veces a Vivian.
—¡No voy a volver! —dijo por si acaso—. ¡Y no intentes negociar que me acompañen!
Teacher sacudió la cabeza. Luego se fue con los dos nativos a ver las provisiones y les enseñó el azúcar que Vivian, Ross y él se habían llevado de Fort Edmonton.
El pequeño Lhoh metió los dedos en la bolsa y se los chupó encantado.
Teacher le dio a Nula el azúcar y a su marido un puñado de tabaco.
Después ella entró en su tienda y volvió con un vestido holgado hecho de piel suave.
Era ancho y con flecos. Indicó con una sonrisa a su nueva amiga que se lo probara.
Vivian se retiró a la tienda y en ese momento se alegró de que ya estuviera montada.
El vestido le quedaba suelto sobre la barriga, pero el corte de la falda era más estrecho que el de sus vestidos occidentales, no podría montar a horcajadas.
Nula asintió cuando entendió cuál era el problema y le enseñó a Vivian una polaina que podía llevar debajo.
También era de piel de ciervo, y por lo visto Nula la había llevado durante su propio embarazo.
A la delicada Vivian le quedaba un poco largo, pero podía meter las perneras dentro de las botas.
—¡Bien! —dijo Nula—. ¡Calor! —Volvió a entrar en su tienda y salió con un chaleco de piel para Vivian.
—¿Bien? —le preguntó a Teacher.
Él asintió y dijo unas palabras en su idioma. Vivian se había quedado sin habla. Al parecer su guía había pedido un vestido para ella, uno que le quedara bien y fuera más adecuado para el inminente viaje que toda la ropa que tenía.
—No hay nada que agradecer —dijo cuando ella le dio las gracias—. Las provisiones las habéis pagado vosotros. Ross también podría haberte conseguido las prendas, seguro que no se le ha ocurrido…