Capítulo 73
SIN NOMbrES
J ake, Liam y el resto del Equipo de Investigación de Homicidios seguían en la escena del crimen, intentando reconstruir lo sucedido.
En la última media hora, apenas habían avanzado.
Excepto por la llamada que habían hecho a Stratford Cabs para preguntar por el trayecto de Lester.
Jake —y el resto del equipo— se enteraron de que Lester había usado el nombre de Jake para la reserva.
Al oír la noticia, se sintió aún más indispuesto de lo que ya estaba.
Ahora Lester se burlaba de él, y Jake no estaba dispuesto a tolerarlo.
Estaba de pie en medio del umbral de la cocina, incapaz de apartar la vista de los cadáveres.
Los nombres de las víctimas eran Nina Deckart y su hija Maxine.
La visión del bebé pequeño en el suelo horrorizó a Jake.
Le hizo pensar en Ellie. En cómo la habían arrancado de Elizabeth como forma de traerla a la existencia; en cómo, paradójicamente, a otro bebé lo habían arrancado de la existencia el mismo día.
—¿A dónde ha ido? —preguntó Jake, dando la espalda a la cocina y centrándose en sus compañeros en el pasillo. Liam, Drew y Garrison lo miraron con la mente en blanco.
—Vaya, no me digas —dijo Garrison—. No se me había ocurrido. ¿Por qué no hemos pensado en preguntarnos dónde está? Podríamos habernos ahorrado un montón de tiempo si se nos hubiera ocurrido preguntarlo antes. Tenemos aquí a un auténtico genio.
—Cállate —dijo Jake, aún consciente de que tenía un aviso de la Regulación 13 pendiendo sobre su cabeza. Todavía no había recuperado el favor de todo el mundo—. Quiero decir… ¿ dónde está? ¿ A dónde habría ido? ¿A dónde podría haber ido? ¿Eh?
Silencio.
Jake reflexionó en voz alta, dejando que su mente volara libremente, independientemente de lo que los demás pensaran o dijeran.
—Lester necesitaría buscar un lugar seguro.
Un lugar que conozca. Un lugar donde se sienta a salvo…
cómodo. Un lugar que nadie más conozca. —Jake hizo una pausa—.
Acaba de atacar de nuevo. Está eufórico.
Está excitado, rebosante de adrenalina. Su mente está demasiado nublada para pensar con racionalidad.
Como un animal asustado, corre de vuelta a algún lugar seguro.
Quizás incluso algo paternal. Maternal. Necesita un lugar donde pueda calmarse y pensar.
Necesita un lugar donde recuperarse. ¿Dónde?
Los tres hombres lo miraron, carentes de cualquier expresión.
—Lo último era una pregunta de verdad…
—Ah —balbuceó Garrison.
—Él… él… —masculló Drew.
—Un hogar —dijo Liam—. Necesita un hogar. Su casa. Una de ellas.
—¿Cuál? —preguntó Garrison.
—No puede ser ninguna de las que estamos vigilando; los agentes de uniforme no me han dicho nada que sugiera que ha vuelto a ninguna de sus propiedades registradas.
—Tiene que ser una que no conozcamos —añadió Jake—.
¿El lugar donde mató a las víctimas no identificadas el otro día?
Algún sitio cerca. Algún sitio que siga en la ciudad.
Si ha ido a pie, estará aún más cerca. Si ha ido en transporte público, eso amplía el radio, pero solo marginalmente.
Tiene que ser un lugar al que pueda llegar rápido.
—¿Y cómo piensas encontrarlo, genio? —preguntó Drew con desprecio. Jake intuyó que no estaba muy convencido con el plan—. Hemos revisado todos los registros, hemos cruzado las bases de datos… hemos encontrado todas las propiedades de las que es casero.
—Tal vez ha usado un alias. Tal vez es de un familiar y nunca cambió la titularidad. Tal vez ha usado el nombre de Sampson. Todos sabemos cuánto idolatraba a ese loco. Supongo que podría ser cualquier nombre.
—Eso reduce mucho las opciones —replicó Drew—. Cualquiera. Podría ser cualquier cosa. Es como lo de la rueda de prensa otra vez: estamos totalmente perdidos.
—Mira, o ayudas —dijo Jake—, o te puedes ir a casa y dejar que terminemos el trabajo sin ti. Es así de sencillo. Si no tienes nada mejor que hacer que insultarme y mofarte de mis sugerencias… Si te crees tan héroe, Sherlock, ¿por qué no propones algo tú?
Drew guardó silencio y se puso pálido. Bajó la mirada hacia la mesa al quedarse sin respuesta.
Ninguno de los tres hombres dijo nada. Jake se preguntó si era porque de repente se sentían intimidados por él o porque estaban sumidos en sus pensamientos.
Jake pensó que ninguna de las dos situaciones era probable.
—Ampliad la búsqueda —dijo Liam, pillándolos a todos por sorpresa—. Mirad si alguno de sus familiares o amigos tiene alguna propiedad por ahí desperdigada.
—Heredó el negocio de su padre; eso tiene que significar algo.
—Nos encargaremos —dijo Drew.
Jake salió del pasillo y entró en el salón.
Miró la hora: las 21:55. Habían matado a Nina y Maxine hacía poco menos de dos horas, y todos seguían de brazos cruzados.
Además, se estaba haciendo tarde. Elizabeth y el bebé estarían durmiendo, agotados tras los acontecimientos del día, pero él quería oír la voz de su mujer, o al menos saber que estaba bien.
Jake llamó a su madre.
—¿Jake? —empezó ella—. ¿Pasa algo?
—Nada. Estoy bien. Solo quería saber cómo estáis todos. ¿Dónde estás?
—Aún en el hospital. Estoy con Martha y Alan.
—¿Elizabeth? ¿Ellie? ¿Maisie?
—Están todas bien, Jake. Están durmiendo ahora mismo. Elizabeth lleva ya horas frita.
—Bien. —Se le dibujó una sonrisa—. Solo quería saber que estaban bien.
—¿Qué tal el trabajo? ¿Deberías estar llamando?
—Probablemente no. No puedo explicarlo…
—No pasa nada. Lo entiendo. Siempre que estés a salvo.
—Claro que lo estoy —dijo Jake—. ¿No va siendo hora de que te acuestes?
—Qué gracioso. Aunque creo que Martha está intentando hacer un concurso para ver quién aguanta más. Se equivoca si cree que puede ganarme…
En ese momento, el móvil de trabajo de Jake empezó a vibrar. Miró la pantalla. Era otra llamada de un número desconocido.
—Escucha, mamá… lo siento, tengo que… tengo que colgar. Hablamos luego. Te quiero. ¡Adiós!
Jake cortó la llamada con su madre y contestó al otro teléfono.
—¿Diga? —dijo.
—¿Inspector Tanner? Me dijeron que me pusiera en contacto con usted si recibíamos otra llamada…