En la Raya (DC Jake Tanner 2) Capítulo 65
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Capítulo 65

BINGO

L ester contaba impaciente las horas, los minutos y los segundos en la casa.

Había intentado pasar el tiempo removiendo el contenido de los recipientes de plástico que había comprado en la Dark Web, que contenían los cuerpos de Carl y Jessica, pero pronto se había aburrido.

Y entonces había tenido una idea brillante.

Podía hacer un reconocimiento de la casa de Jessica Tanner.

Quizá incluso verla de lejos, comprobar cómo era en carne y hueso.

Había sido una empresa arriesgada —salir de casa a plena luz del día— y un fracaso.

No solo no había visto a Jessica en absoluto, sino que empezaba a sentir que algo en la Comunión no encajaba.

Parecía un montaje. Demasiado bonito para ser verdad.

Y si algo había aprendido Lester en su vida era que, si algo parecía demasiado bonito para ser verdad, por lo general lo era.

Sí, la dirección había resultado ser correcta.

Y, sí, había visto a una figura moverse tras las ventanas.

Pero seguía habiendo un problema. Seguía habiendo una pequeña parte de él —el lado racional que no había sido devorado por completo por el monstruo que llevaba dentro— que sospechaba que había gato encerrado.

Jessica Tanner . Jessica Tanner . Jessica Tanner , repetía.

Sopesó sus sospechas mentalmente. Primera: Jessica le había enviado el primer mensaje.

Ella había sido quien había iniciado la conversación.

Segunda: era nueva —novata, de hecho— y no tenía puntos.

¿Por qué le enviaba un mensaje a él de inmediato?

¿Por qué había intentado atacar al pez más gordo del estanque cuando debería haber empezado por los pequeños?

Y luego estaba la sospecha número tres: el apellido. Tanner.

Le resultaba demasiado familiar para sentirse cómodo, aunque no lograba determinar exactamente por qué.

Sabía que le sonaba, que era reciente, un nombre que o bien había leído o bien había escuchado de pasada.

Y entonces cayó en la cuenta.

Lester abrió su ordenador portátil y entró en la página de inicio de BBC News.

El artículo principal era sobre él. Habían difundido su rostro al público general —una captura de pantalla tomada de las imágenes de CCTV de él frente a la cafetería donde se había tropezado con Jessica Mann— y el periodista que escribía el artículo le había apodado el Destripador de Stratford.

Lester no quería estar tan cerca ni ser comparado con Jack el Destripador, principalmente porque se consideraba mejor.

Era más inteligente en todo lo que hacía.

Más técnico. Más lógico al elegir a sus víctimas.

Más avanzado en sus métodos. No obstante, Lester se había resignado al hecho de que, cuando todo esto terminara, viviría en la infamia; que aparecería en los libros de historia como uno de los peores asesinos en serie que Londres hubiera conocido jamás.

Quedará bastante bien en el currículum , reflexionó.

Lester leyó el resto del artículo, pasó por alto las imágenes que el periodista había sacado de los perfiles de redes sociales de las víctimas y luego encontró un vídeo insertado al final.

La miniatura mostraba a tres hombres, vestidos formalmente con traje, sentados a una mesa.

El escudo del Servicio de Policía Metropolitana estaba impreso en el fondo, tras ellos.

Se había colocado un micrófono delante de cada uno, y el hombre de la izquierda tenía su propia placa identificativa.

Bingo.

Lester vio el vídeo. Era la rueda de prensa que se había televisado hacía unos días.

La recordaba con afecto; al hombre de la derecha, el detective Jake Tanner, le habían dejado solo para responder a todas las preguntas.

Y lo había hecho fatal. El hombre había puesto de manifiesto la ineptitud de la policía y cómo no estaban ni un paso más cerca de encontrarlo.

Fue en ese momento cuando Lester supo que era demasiada coincidencia que Jessica y Jake compartieran el mismo apellido.

Esto era una trampa.