En la Raya (DC Jake Tanner 2) Capítulo 61
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Capítulo 61

ZONA VERDE

E l impulso de Jake era tan fuerte que tropezó y casi se cayó al suelo al atravesar las puertas giratorias del Croydon University Hospital.

La sección de urgencias a su izquierda estaba abarrotada de gente que esperaba pacientemente en la zona de asientos, mientras sus familiares se paseaban de un lado a otro, lanzando torrentes de improperios a las enfermeras y al personal auxiliar que intentaba ayudarlos.

Jake apenas les prestó atención y se apresuró hacia el mostrador de recepción, golpeando la superficie con las manos.

Estaba sin aliento y le goteaba la nariz.

—Mi mujer —empezó, jadeando entre respiraciones—.

Elizabeth Tanner. Se ha puesto de parto. Tengo que encontrarla.

La mujer tras el mostrador le lanzó una mirada inexpresiva. Supuso que era porque estaba acostumbrada a ver a tipos como él: locos y frenéticos. Y, de un modo extraño, aquello le ayudó a calmarse.

—Permítame que lo compruebe —dijo ella.

Empezó a teclear en el ordenador. Lentamente. Jake había visto a Maisie teclear más rápido que eso, y solo tenía dos años. En su cabeza, le imploraba en silencio que se diera prisa.

—Aquí está —dijo la mujer después de lo que le pareció una eternidad—. ¿Ha dicho Elizabeth Tanner?

—Sí.

—Muy bien, ha ingresado en el centro de maternidad Lucina. Zona verde. Planta baja. Hace más de una hora.

—Gracias —Jake levantó el pulgar en señal de gratitud antes de salir disparado por el pasillo.

Corrió de un extremo a otro del hospital, zigzagueando entre enfermeras, pacientes, médicos, limpiadores, personal sanitario y familiares.

Para cuando llegó a la entrada de la Zona Verde, le ardían las piernas y estaba extenuado, con el cuerpo consumido por una potente mezcla de miedo, adrenalina y pura emoción.

En ese instante, nada más ocupaba su mente, salvo la creciente presión de exasperación y sentimiento que notaba en el pecho.

Aminoró la marcha hasta detenerse, se dobló por la mitad y apoyó la mano contra la pared para no caerse.

Sin previo aviso, su visión se volvió blanca y su cuerpo se quedó entumecido, frío.

Visiones de la nieve y las montañas de cuando se quedó atrapado en el alud aparecieron en su mente.

No podía respirar y la habitación daba vueltas.

Las paredes empezaron a cerrarse a su alrededor, acercándose un poco más con cada aliento desesperado.

Entonces, su cabeza golpeó el suelo. Y cuando lo hizo, el muro blanco cedió para volverse negro.