Capítulo 37
ENFERMEDAD
J ake aporreó la puerta del despacho de Liam repetidamente hasta que le dolieron los nudillos.
Estaba furioso, y sus emociones no hacían sino amplificarse por el cansancio; no había pegado ojo en toda la noche.
Una hora, como mucho. Las otras seis se las había pasado dando vueltas en la cama, mirando al techo y luego a Elizabeth.
Ella ya estaba dormida cuando Jake llegó a casa.
Al parecer, no se había quedado despierta mucho tiempo después de su llamada telefónica.
Los nudillos de Jake volvieron a golpear la puerta, esta vez con más fuerza. Las persianas de Liam estaban bajadas y seguía sin haber respuesta.
—¿Qué estás haciendo? —preguntó una voz a su espalda.
Era Drew.
—¿Dónde está Liam? —preguntó Jake, girándose hacia su colega.
—El inspector jefe Greene para ti —corrigió Drew—. No va a venir hoy. Ha surgido algo.
—¿Cómo lo sabes?
—Porque existe una cosita maravillosa llamada confianza. ¿Tal vez has oído hablar de ella?
Jake ignoró el aborrecible sarcasmo de Drew y se dirigió apresuradamente a su mesa. Lanzó la notificación sobre el escritorio y se llevó las manos a la cabeza.
—Sabes que, si de eso es de lo que quieres hablar, podemos comentarlo tú y yo —dijo Drew.
—Prefiero que no —respondió Jake, con la cabeza baja.
—Quieres saber de qué se trata. Sé que sí. Si no, ¿por qué estarías aporreando la puerta de Liam a las ocho de la mañana cuando sabes de sobra que nunca llega antes de las nueve?
—Prefiero esperar a que llegue él —espetó Jake.
—¿Es que no me has oído? Te acabo de decir que no va a venir hoy. No inspiras confianza y encima estás sordo... ¡ay!, ¿qué vamos a hacer contigo?
Jake golpeó la mesa con las manos. —¿Qué podría ser más importante que Steven y Jessica Arnholt... Jessica Mann? ¿Eh? ¿Qué podría ser más importante que esto? —Jake agitó el Reg 13 en el aire.
El rostro de Drew se contrajo. Se mordió el labio y negó con la cabeza. —No te enteras de nada, ¿verdad?
—¿Qué? —dijo Jake, manteniendo su aire de desafío.
—No todo gira en torno a ti. Ni siquiera entiendo por qué necesitas hablar con él sobre esto; te enterarás de todo durante la reunión.
—Voy a recurrir, que lo sepas.
—No lo harás. No puedes recurrir hasta que se haya tomado una decisión.
Deberías saberlo; te lees todos los reglamentos como si fueran tus amigos.
—Drew rodeó a Jake y se detuvo a su otro lado—.
Pero no te van a servir de ayuda cuando de verdad la necesites, ¿verdad?
No te van a ayudar cuando te estés muriendo por una enfermedad cruel y vengativa a la que le importa una mierda quién seas.
Jake hizo una breve pausa.
—¿Liam se está muriendo?
Drew no respondió, pero aquello fue respuesta suficiente para Jake.
—Yo... lo siento, yo... no lo sabía.
Drew volvió al lado derecho de Jake. —Hay muchas cosas que no sabes sobre ninguno de nosotros. Si sigues por ese camino, las cosas seguirán así.
Drew le dio la espalda y desapareció tras unas pesadas puertas dobles. Jake se reclinó en su silla y exhaló un profundo suspiro. Aquello era peor de lo que había pensado en un principio.
Pero antes de que pudiera darle demasiadas vueltas, su teléfono vibró. Respondió de inmediato.
—¿Está todo bien? —preguntó Jake sin dejar a Elizabeth ni un segundo para hablar—. ¿Qué pasa? ¿Va todo bien?
—Jake, Jake, Jake —empezó Elizabeth, hablando con respiraciones pesadas y exasperadas entre cada palabra. En cuanto Jake escuchó aquello, supo que no serían buenas noticias—. Tu madre me lleva ahora mismo al hospital.
—¿Qué? ¡Dios mío! ¿Por qué? ¿Vas a tener al bebé?
—No lo sé. Pero me duele mucho... —Gimió al otro lado del teléfono como para darle la razón.
—Vale. Muy bien. Voy para el hospital ahora mismo. Dile a mi madre que me llame cuando lleguéis.