En la Raya (DC Jake Tanner 2) Capítulo 34
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Capítulo 34

NECESIDAD

L a noche se acercaba. Pero Lester no podía esperar al amparo de la oscuridad.

Estaba demasiado impaciente. Necesitaba salir, ya mismo.

Necesitaba participar en la Comunión. Su puntuación estaba perdiendo fuerza rápidamente en las encuestas y tenía mucho que recuperar.

Aunque su próxima víctima no fuera estrictamente un miembro de La Comunidad, estaba seguro de que más tarde podría llegar a algún tipo de acuerdo con S.

El viejo era tan depravado como él, y confiaba en que S no tendría reparos en ver las pruebas.

Lo justo era que, a cambio, le diera puntos.

En las manos sostenía un trozo de papel con la dirección de Jessica. Deslizó los dedos por los bordes, disfrutando de la sensación punzante cada vez que el canto le cortaba la piel.

Lester consultó su reloj. Todavía faltaba una hora.

Se preguntó si a ella le importaría que llegara antes de tiempo. ¡A la mierda! ¿Qué más daba? Al final de la noche iba a estar desnuda de todos modos. ¿Qué diferencia había si la pillaba así un poco antes de lo previsto?

Había llegado el momento.

Lester cerró su ordenador portátil, cogió la cartera y las llaves y salió por la puerta.

Se dirigía a Clapton, a unos pocos kilómetros, cerca de Hackney Marshes.

Había planificado la ruta de antemano; de hecho, a los pocos minutos de hablar con el hombre de Europa del Este que le había dado la dirección de Jessica.

Tendría que coger el servicio de Overground desde la estación de Stratford hasta Hackney Central y luego hacer el resto del trayecto a pie.

Tardaría treinta minutos en total, y aun así llegaría con mucho tiempo de sobra.

Era arriesgado estar a la intemperie. Exponerse.

Iba en contra de todo lo que S le había enseñado.

El anonimato es la máscara del engaño y la corrupción, le había dicho S siempre.

Y ahora estaba rompiendo la regla de oro.

Pero no podía negar las Atrocidades que bramaban en su interior.

No podía negar a la bestia que ya le había cogido el gusto a sus tendencias lascivas.

El sentimiento era demasiado fuerte y no podía esperar a que se apoderara de él de nuevo.

Ya se había preparado con su rutina de ejercicios y masturbación.

Ahora su testosterona estaba por las nubes.

Lester llegó a la estación de Stratford pocos minutos después de salir de casa, compró el billete y subió al andén con paso alegre.

Estaba desierto, a excepción de un adolescente con capucha que llevaba una bolsa de deporte al hombro.

Tenía unos auriculares puestos y tecleaba en la pantalla de su teléfono.

Lester se desplazó al otro extremo del andén, lo más lejos posible del chico, manteniendo la cabeza baja, y esperó a que llegara el tren.

Nueve minutos después, entró en Hackney Central, donde comenzó el siguiente tramo de su viaje: una caminata de veinte minutos hasta la dirección de Jessica. La estación estaba en calma. El aire estaba en calma. Las calles estaban en calma.

Llegaría allí en un abrir y cerrar de ojos.

Al salir de la estación, tiró el billete de tren a la papelera.

Ya no le servía para nada.