En la Raya (DC Jake Tanner 2) Capítulo 33
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Capítulo 33

EL ASESINO DE STRATFORD

— Y a era puta hora de que llegaras. ¿Dónde te habías metido?

Jake estaba sin aliento. Acababa de correr desde el coche hasta la comisaría y luego había subido cinco tramos de escaleras hasta la sala de prensa.

—Tráfico —le dijo a Garrison mientras permanecían en el pasillo.

El sonido de una discusión sorda y distorsionada llegaba desde el otro lado de la puerta entreabierta que tenían al lado.

Jake echó un vistazo y vio a Liam y al subcomisario sentados a la cabecera de la sala.

Había un sitio vacío junto a Liam. Detrás de ellos se alzaba una gran pared azul oscuro con el emblema de la Policía Metropolitana blasonado.

Sus rostros se iluminaban intermitentemente mientras la prensa y los medios de comunicación les lanzaban ráfagas de fotos.

—Te están esperando —dijo Garrison, dándole un ligero empujoncito en el hombro.

—¿Qué?

—Se suponía que iba a hacerlo Drew, pero le han llamado para otra cosa. Ahora es tu momento de brillar.

Antes de que Jake pudiera asimilar lo que Garrison acababa de decir, su colega abrió la puerta y lo hizo pasar. Al instante, los flashes de las cámaras y los fotógrafos lo cegaron. Aturdido, avanzó a trompicones hacia la mesa y sacó una silla al lado de Liam.

Intercambiaron una mirada rápida mientras Jake se sentaba. Su jefe no hizo ningún esfuerzo por ocultar la frustración en su expresión.

Liam se inclinó tras Jake y le susurró al oído:

—Espero que tengas algo con lo que alimentarlos. Están muertos de hambre.

La mirada de Jake revoloteó de izquierda a derecha, recorriendo a las diversas personas de la sala que buscaban en él respuestas que no tenía.

El cuerpo se le quedó frío y se le puso la piel de gallina.

Por el rabillo del ojo, Jake vio que el subcomisario Richard Candy levantaba la mano.

El gesto captó la atención de todos los presentes y el silencio no tardó en hacerse, salvo por el sonido de los traseros acomodándose en los asientos y algún carraspeo suave.

—Gracias —dijo Candy, bajando la mano—. Gracias por su paciencia y por estar aquí.

Vamos a comenzar. —Resopló antes de continuar—.

El diecisiete de mayo, Steven y Jessica Arnholt fueron asesinados de manera brutal y sádica.

Sus familias ya han sido informadas y la galería de arte donde fueron asesinados sigue siendo una escena del crimen activa.

El asesino continúa prófugo, aunque tenemos varios sospechosos y testigos que están cooperando con el servicio y las autoridades locales para ayudar a dar con el atacante.

Candy hizo una breve pausa para tragar saliva.

—Anoche, día diecinueve, una mujer joven, Jessica Mann, fue asesinada en circunstancias similares.

Una vez más, sus familiares y amigos han sido informados y nuestro oficial de enlace familiar está trabajando estrechamente con ellos para ayudarlos a superar este momento trágico y difícil.

Estamos casi seguros de que se trata del mismo atacante.

Jake observó con atención cómo el subcomisario Candy giraba la cabeza lentamente, como un búho, lanzando su mirada ominosa por toda la sala.

—Ahora aceptaremos preguntas.

Casi en cuanto Candy terminó, la sala estalló cuando los hambrientos reporteros agitaron las manos suplicando ser los primeros en hablar.

Los flashes empezaron de nuevo, cegando a Jake de inmediato.

Había tantos que no sabía hacia dónde mirar.

Le costaba mantener los ojos abiertos. Era la primera rueda de prensa a la que asistía y esperaba que, si todas eran así, sus experiencias en ellas fueran muy escasas.

—Subcomisario, ¿cree que el asesino volverá a atacar?

—¿Qué vincula estos dos asesinatos? ¿Por qué está tan seguro de que están conectados?

—¿Quiénes son sus principales sospechosos? ¿Qué pistas tienen?

—¿Qué hará...?

—¿Quién cree...?

—¿Por qué es...?

Era implacable. El vaivén. El hablar unos por encima de otros. El bombardeo constante de palabras, flashes y sonidos desde todos los ángulos. A Jake le costaba hasta oír sus propios pensamientos.

Una jefa de prensa civil apareció a la izquierda de Jake.

Iba vestida de forma elegante y llevaba el pelo recogido en un moño.

En los brazos, apretada contra el pecho, llevaba una tableta.

Señaló con el dedo a la multitud. Todo el mundo guardó silencio.

La reportera que había elegido para hablar primero esperó pacientemente hasta que el furor se calmó.

Al menos ahora había cierto sentido del decoro en medio de la animosidad que había presenciado solo unos instantes antes.

—Nina Partridge, de ITV News. ¿Qué líneas de investigación tienen abiertas en este momento? ¿Y qué tan cerca están de encontrar al asesino?

La sala se quedó callada mientras todos esperaban una respuesta. Al principio, no llegó. Y entonces Jake comprendió por qué: Candy y Liam lo miraban fijamente, igual que, a esas alturas, hacía toda la sala.

Jake miró al mar de gente, perdido. Entonces le invadió una mareante sensación de claustrofobia, como si las cuatro paredes se le echaran encima.

Hablar en público nunca había sido uno de sus fuertes; una vez, durante una presentación en el instituto, sudó profusamente y casi se desmayó, y nunca llegó a recuperarse socialmente de aquello.

Cada vez que estaba ante una multitud, su ansiedad aumentaba exponencialmente.

Para empeorar las cosas, sabía que sus respuestas se emitirían en la televisión nacional, lo que le permitiría martirizarse por el más mínimo error.

Tragó saliva, intentando ignorar las capas de sudor que se le formaban en las palmas de las manos y en la nuca.

Estaban esperando. Y no se irían a ninguna parte hasta que obtuvieran una respuesta.

—En este momento... —Se atragantó y aclaró la voz—.

En este momento... no podemos c-confirmar qué pistas tenemos, ya que son s-sensibles a la naturaleza del caso.

—Se frotó los dedos contra las palmas y, a medida que las palabras salían, logró relajarse un poco—.

Prevemos que el caso se resolverá y que el asesino será detenido p-pronto.

Cuando Jake terminó, se produjo otra oleada de actividad por parte de los periodistas. La mujer a la izquierda de Jake eligió a otra candidata para hablar y la sala volvió a quedar en silencio.

—Dayna Roberts, de Channel 5 News. ¿Qué opina de que el asesino haya sido apodado el Destripador de Stratford? ¿Cómo pueden estar seguros de que es el mismo asesino? ¿Y qué vincula los dos asesinatos?

Jake esperó, con la esperanza de que Liam o Richard respondieran. No lo hicieron.

Se frotó las palmas de las manos.

—N-no tenemos n-ningún comentario sobre el apodo del asesino de Stratford.

Hacerlo alimentaría el ego del asesino. El asesinato de Jessica M-Mann presenta ciertos matices que se correlacionan con las muertes de Jessica y S-Steven Arnholt.

Por discreción pública, no entraré en detalles, pero hay ciertas c-características que conectan ambos crímenes.

—¿Y qué harán si el asesino vuelve a atacar? —preguntó Dayna Roberts.

Esta vez Jake ni siquiera esperó a que los demás contestaran; sabía que no lo harían.

—Nada va a obstaculizar nuestra investigación. No hay forma de saber si el asesino volverá a atacar. Por supuesto, esperamos que no lo haga, pero si ocurre, estaremos armados con más pruebas y más pasión para atraparlo.

—Entonces, ¿está diciendo que en este momento falta pasión? —preguntó alguien entre la multitud. Se puso en pie y se presentó como Tanya Smile, de BBC News—. ¿Es por eso por lo que aún no han encontrado al asesino, porque no les "importa" lo suficiente?

—N-no. Eso n-n-no es lo que... No quería... No quería decir... —Jake se estaba asfixiando. Había metido la pata y no veía ninguna salida cerca—. Creo... Siento... Sé que hay mucha pasión...

—¿Demasiada? ¿Está nublando su juicio? —continuó Tanya.

Jake sentía sus palabras como un hierro candente que lo marcaba.

—¿Es usted el hombre adecuado para el puesto? ¿Son ustedes el equipo adecuado? ¿Qué va a pasar con las dos Jessicas y con Steven? ¿Van a dejar que su asesino ande libre porque no les importa lo suficiente?

Jake parpadeó frenéticamente, intentando ignorar a todos los presentes.

Deseaba que se marcharan, pero no lo hacían; cada vez que abría los ojos, los reporteros, las cámaras y los flashes seguían allí, grabándose en sus retinas.

Sentía sus miradas vitriólicas perforándolo mientras sus mentes urdían los titulares de los periódicos de mañana.

«Sin esperanza: el caso y los policías que lo llevan».

«Si a ellos no les importa, ¿por qué debería importarnos a nosotros?».

«El Destripador de Stratford petrifica la pasión de la policía».

Jake sintió la mano de Liam en su hombro.

—Es suficiente, señoras y señores —dijo el subcomisario Candy de fondo, con la voz ahogada por la excitación generada por las torpezas de Jake—. Eso ha sido todo por hoy. Gracias por su tiempo.

Liam agarró a Jake del brazo y lo levantó de la silla para sacarlo de la sala.

—Bien hecho, colega —dijo Liam, volviendo a tocarle el hombro, aunque esta vez con menos violencia cuando salieron al pasillo—. Nos has hecho parecer bastante competentes. ¡Supongo que ahora lo único que pensarán es que aquí no hacemos más que rascarnos los huevos!

Candy salió por la puerta y la cerró de un portazo tras de sí. Solo estaban los tres. La respiración de Jake resonaba en las paredes.

El subcomisario levantó el dedo en el aire.

—Me he quedado sin palabras. Liam, me trajiste aquí bajo la impresión de que esta investigación estaba en buenas manos.

Pero nunca en mi carrera profesional he visto a alguien cometer un error tan grande y seguir cavando en la puta mierda cada vez más hondo.

Primer aviso, detective Tanner. Primer aviso.

Candy se alejó por el pasillo a toda prisa y giró a la izquierda hacia una de las salas contiguas. Jake esperó a que la puerta se cerrara antes de protestar.

—¡Podrías haber ayudado! —le dijo a Liam. Estaban a pocos centímetros uno del otro y Jake sentía la ira y el resentimiento de Liam emanando de sus poros.

—Tú eres el que tiene todas las pruebas.

El único motivo para que te sentaras ahí con nosotros era para que pudieras hablarles de Archie Arnold, y ni siquiera has sido capaz de eso.

—Liam caminó de un lado a otro, se detuvo y se puso las manos en las caderas—.

Por cierto, ¿qué has descubierto? ¿Alguna información?

Jake negó con la cabeza. Se había estado preparando para esto. En el camino de vuelta de su encuentro con Bridger, había ideado un plan sobre qué contarle a Liam.

—Nada —dijo Jake. Tragó saliva y esperó, esperando una reacción. No hubo ninguna, así que continuó—: Archie Arnold no estaba allí. Encontré a su primo y me dijo que ya se había marchado. Intenté buscarlo pero no pude encontrar nada.

—¿Entonces qué has estado haciendo todo el tiempo que estuviste allí?

—Buscándolo...

—Sin éxito.

—Sí.

—Dios bendito, Jake. Pensaba que ibas a ser bueno en esto.

Había oído cosas muy positivas sobre ti.

Cuando vi tu nombre en mi escritorio con esas solicitudes de traslado, pensé: «por fin alguien que puede aportar algo al equipo».

Pensé que tenías ganas, interés por demostrar tu valía y por triunfar...

—Lo tengo —dijo Jake.

—No me interrumpas. —Liam levantó una mano, descartando la réplica de Jake—. Pensé que te convertirías en un miembro del equipo totalmente funcional, capaz de llevar tu carga mientras los demás se ocupan de la suya. Pero me has decepcionado. Muchísimo.

Liam hizo una pausa, metió la mano en el bolsillo y miró un mensaje de texto.

—Bien —continuó—, quiero que te quedes hasta tarde esta noche. Quiero que seas el último en salir de la oficina. Tienes mucho que compensar.