Capítulo 30
AGRIO
L iam colgó y guardó el teléfono de prepago en el cajón de abajo; luego cogió la botella nueva de whisky que había comprado un rato antes en la tienda de alimentación —hoy le apetecía un licor distinto— y vertió tres medidas en su vaso reutilizable.
Tras enroscar de nuevo el tapón de la botella, sostuvo el vaso en la mano, agitó el contenido en círculos y bebió un sorbo.
La bebida le alivió y le calentó la garganta, dejando tras de sí una ligera sensación de ardor.
Liam apretó la lengua contra el paladar y tragó.
El cuerpo le tembló. Exhaló con fuerza. Se sentía bien.
Sabía bien. Hacía mucho tiempo que lo necesitaba.
Algo que le hacía falta desde hacía tiempo.
Algo para combatir el dolor de su cuerpo y el mar creciente de náuseas que lo ahogaba en cada momento que pasaba despierto.
Una parte de él solo quería beberse la botella de un trago y perder el conocimiento como había hecho la semana anterior antes de que Drew lo encontrara en su casa.
Drew había ido a recogerlo para su entrenamiento semanal de fútbol en la pista de fútbol cinco, pero en su lugar se había encontrado a Liam en estado comatoso.
Aunque Drew tampoco estaba mucho mejor. Cuando Liam despertó por fin, Drew estaba sorbiendo por la nariz, frotándosela y subiéndose por las paredes.
La única diferencia entre sus vicios era que Liam tenía un motivo genuino para el suyo, mientras que Drew no era más que un gilipollas que había esnifado demasiada coca una vez y se había dado cuenta de que le había cogido un gusto inmediato.
Liam cerró el cajón y suspiró profundamente. La llamada que acababa de recibir era una que nunca pensó que recibiría. Y ahora tenía una tarea que jamás creyó que tendría que poner en marcha.
Se acercó a la ventana de su oficina y dio unos golpecitos en el cristal. Las cabezas de Drew y Garrison se giraron.
Sabían lo que tenían que hacer.
Al regresar a su escritorio, Liam deslizó el dedo por la madera. Reactivó el ordenador y abrió la bandeja de entrada de Gmail.
Creó otro borrador y esperó hasta que se guardó en la pantalla.
Golpeó su pierna con furia debido a la anticipación. Necesitaba mentalizarse.
El cursor parpadeaba frente a él, mofándose, tentándole a escribir su mensaje.
Finalmente, lo hizo.
NUESTRO BUEN HUEVO SE HA ECHADO A PERDER. SÍRVELO.