En la Raya (DC Jake Tanner 2) Capítulo 29
39%

Capítulo 29

VIAJE

B ridger tenía la adrenalina por las nubes.

Nunca se había sentido tan asustado y tan eufórico al mismo tiempo.

Se alegraba de haberle contado todo a Jake; le había agobiado durante demasiado tiempo y sentía que por fin se había quitado un gran peso de encima.

Pero aquella verdad había tenido un precio.

Había comprometido su posición y toda su credibilidad.

¿Cómo podía la Cábala confiar ahora en él para seguir adelante?

¿Cómo iban a creer que seguía de su lado?

Lo único que podía hacer era confiar en que Jake mantuviera la boca cerrada. Su vida dependía ahora de ello.

Pero su avance se detuvo cuando su teléfono empezó a sonar. No era su smartphone. Era el teléfono de prepago que guardaba en el fondo del bolsillo. Y eso solo podía significar una cosa: únicamente lo utilizaba una persona.

Bridger respondió. Esperó. Contuvo el aliento.

—¿Qué acaba de pasar? —le preguntó la persona al otro lado de la línea.

—Nada. Yo...

—No me vengas con gilipolleces, Elliot.

—No lo hago, yo...

—¿Qué quería Tanner?

Bridger entornó los ojos para evitar la intensa luz del sol.

—No lo sé. Yo...

—¿Qué quería Tanner? —repitió la voz.

Bridger redujo la velocidad del coche por la A3 y se detuvo en el arcén para poder concentrarse en la llamada.

—Quería saberlo todo.

—¿ Todo ? —preguntó la persona al otro lado.

—Todo.

—¿Qué le has dicho? Debes sopesar muy bien tus próximas palabras. Podrían ser las últimas.

Bridger sabía que no era una amenaza en vano.

—No le he dicho nada.

—¿Estás seguro?

—Sí. Pero podrías haberme avisado de lo del artículo de la BBC. Lo vi en la oficina y todo el mundo empezó a hacerme preguntas. No he tenido ni un puto segundo para preparar nada —explicó Bridger. El vehículo se zarandeaba suavemente cada vez que un coche pasaba zumbando a su lado.

—Eso era una prueba.

—¿Para mí?

—Para Tanner.

—Y... ¿la ha pasado?

No hubo respuesta. Esa era la única contestación que Bridger necesitaba.

—Le prometo que no le he dicho nada —empezó Bridger, sintiendo la necesidad de seguir hablando para defenderse—. No tiene pruebas que respalden nada.

—Espero por tu bien que estés diciendo la verdad. Sería una pena verte sufrir un final similar al de Murphy. ¿Le recuerdas? Me caía bien. Tú me caes mejor, pero no pienses que por eso voy a ser más indulgente si nos traicionas.

—Sí... —dijo Bridger, sin palabras.

—¿Tienes ganas de este viaje? —preguntó la voz.

Bridger apretó el volante hasta que los nudillos se le pusieron blancos. Sabían lo que había hecho. Por supuesto que lo sabían. Era imposible ocultarlo. Lo sabían todo. Y ahora no había escapatoria.

Tenía que hacer algo al respecto. ¿Pero el qué? No podía correr. No podía esconderse. La única opción que le quedaba era dar la cara y luchar. Solo. Sin nadie a mano que pudiera apoyarle.

—No sé de dónde has sacado la impresión de que podías marcharte tan pronto. Los hermanos no salen hasta el viernes. Aún te queda mucho por hacer. —La voz vaciló al otro lado—. Pero ya sabes qué es lo que yo tengo que hacer también ahora, ¿verdad?

Bridger metió primera y volvió a salir rugiendo a la autovía.

—Lo sé —dijo—. Lo sé.