En la Raya (DC Jake Tanner 2) Capítulo 28 #3
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Capítulo 28 #3

—Todavía tengo que lidiar con esto. No se ha acabado.

Prometí asegurarme de que nunca cumplieran condena en prisión.

Pero eso era bajo la condición de que ellos cumplieran su parte del trato y mantuvieran la boca cerrada.

Pero ni siquiera pudieron hacer eso. Cuando estaban dentro, empezaron a hablar con la gente...

sobre todo Danny. Le encantaba ser el centro de atención.

Empezó a hablar sobre la gente con la que hacían negocios, sobre las personas que nos pusieron en contacto.

Y yo sabía lo que les iba a pasar si hablaban demasiado.

—¿Cómo?

—Lo había visto antes.

—¿Con quién?

—Con Murphy.

Jake abrió mucho los ojos. Se rascó la cicatriz del lado de la cara. —¿Murphy está muerto?

—¿Por qué cree que hace tiempo que nadie le ve? —preguntó Bridger con expresión impasible.

—Danika me dijo que se marchó después de lo que pasó con Pemberton.

Bridger sacudió la cabeza.— Mark se volvió arrogante, empezó a hablar más de la cuenta con gente con la que no debería haber hablado en primer lugar, y luego simplemente desapareció.

Nadie le vio. Nadie supo de él. No podía dejar que les pasara lo mismo a los hermanos, y sabía que ocurriría si seguían mencionando nombres, así que eché a perder su juicio y, en su lugar, conseguí que entraran en el programa de protección de testigos.

Al menos de esa manera podrán dar algo de información sobre otras bandas y grupos de crimen organizado que solían considerar competencia.

Pero en cuanto pongan un pie en esas casas, habré terminado. Estaré fuera de todo esto.

—¿Y cree que están a salvo en el programa de protección?

—Mientras mantengan la boca cerrada, estarán bien. Pero esa historia ya no tiene nada que ver conmigo.

Jake vaciló, se humedeció los labios.

—¿Y a dónde va ahora? —preguntó finalmente.

—Lejos.

—¿Por qué?

—Necesito marcharme.

—¿Piensa volver?

Bridger se encogió de hombros.

—¿Por qué me cuenta todo esto, Elliot? ¿Por qué ahora, después de tantos meses guardándoselo para usted?

Bridger miró al suelo y suspiró.— Porque...

porque usted es un buen policía, Jake. Lo supe desde el momento en que le conocí.

Pero tómese esto como una advertencia. Nada de lo que haga ahora podrá detenerlo; es demasiado tarde.

Los hermanos van a salir, y usted tiene que pasar página y olvidar esa parte de su vida.

—No es tan fácil —dijo Jake, desafiante.

—Va a tener que hacerlo, porque, durante el resto de su carrera, aprenderá algo más.

Y es mejor que lo aprenda ahora, aquí. Esto es más grande que usted.

La Policía Metropolitana y cualquier otro cuerpo del país no son el sueño idílico que usted pensaba.

Cada día hay personas que pierden su medio de vida a causa de tratos turbios y reuniones oscuras.

Tiene que abrir los ojos a todo eso, Jake.

Será mejor para usted si lo hace. Y será todavía mejor si hace la vista gorda.

—¿Cómo puede decir eso? Alguien tiene que ponerles freno.

—¿Y ese va a ser usted, no?

Jake se encogió de hombros.

—¿Así que está dispuesto a que le maten en el proceso? No vale la pena. Créame, lo he intentado. Y si necesita que se lo recuerde más, mire lo que le pasó a Murphy.

Dicho esto, Bridger pasó junto a Jake dándole un pequeño empujón y se dirigió de vuelta a su coche.

—¿Y usted? ¿Cómo sabe que no le pasará lo mismo? —gritó Jake tras él.

Bridger agarró con fuerza la manilla de la puerta, se giró hacia Jake y dijo: —La única forma de que eso ocurra es que usted se lo cuente a alguien.

Jake se quedó petrificado en mitad de la carretera mientras veía a Bridger subir a su coche, arrancar el motor y pasar por su lado, manteniendo la vista en la carretera como si Jake no existiera. Observó cómo el coche de Bridger se convertía en un pequeño punto.

Después de que desapareciera al final de la vía, Jake permaneció allí un momento más, todavía aturdido, asimilando los acontecimientos de los últimos diez minutos.

Lo que Bridger le había contado. Las implicaciones que tenía.

Cómo Bridger había chantajeado a Jake con su propia vida para que mantuviera la boca cerrada.

Qué hijo de perra más listo , pensó Jake, demasiado incrédulo para pensar en otra cosa. Su mente intentaba procesar y comprender todo lo que Bridger acababa de decirle, pero no lo conseguía. En lugar de eso, la información permanecía en la superficie como el aceite sobre el agua.

Jake volvió a la realidad con un parpadeo y regresó a su coche. Echó mano de su teléfono y miró la pantalla de bloqueo.

Cuatro llamadas perdidas. Todas de Liam.

—¡Mierda! —Jake golpeó el volante con la palma de la mano.

Antes de que pudiera hacer nada más, Liam llamó de nuevo. Durante un momento, Jake se quedó mirando el dispositivo, paralizado. Ya había pasado de largo el punto de no retorno, pero sabía que la situación solo empeoraría para él si no contestaba.

Jake pulsó el botón verde.

—Tanner —sonaba cabreado—, ¿dónde estás?

—En Guildford —dijo Jake sin pensar.

—¿Qué estás haciendo por allí?

—Archie no estaba en su dirección. Hablé con un vecino y me dijeron que tiene familia en Guildford y que había ido de visita.

Liam suspiró al otro lado del teléfono—. Vuelve a la oficina. Los peces gordos llegarán en poco más de una hora, y tú también deberías estar aquí.